Estamos viviendo una crisis global como nunca antes la habíamos sentido, afecta a todos los sectores, por supuesto, con las prerrogativas de vulnerabilidad de cada uno de ellos.

Como saben, en Bolivia estamos viviendo desde noviembre de 2019, un gobierno de facto, en transición hacia elecciones generales que se debían realizar el 3 de mayo, ahora suspendidas hasta quién sabe cuando. Esta particularidad complejiza la vivencia de la pandemia viral, por ejemplo en las medidas de sensibilización sobre los cuidados y medios para evitar el contagio del virus, se emplea ejército y policía, en su “sutil” versión de coerción y represión, lo que genera miedo a la vez que rechazo. En todo caso, los innumerables medios de información y comunicación han repercutido favorablemente en la mayoría de la población boliviana que adopta cuidados y precauciones vitales para preservar su salud y vida.

En Bolivia teníamos hasta el año pasado una de las tasas de desempleo más bajas de la región (4.4%), lo que no implica necesariamente un empleo de calidad. Es más, alrededor de un tercio del total de población económicamente activa cuenta con un empleo seguro y con derechos garantizados, el resto de la población pertenece al llamado sector informal. Sin contrato fijo, con trabajo esporádico, sin seguro médico y sin beneficios. A ésta gran parte de la población se suscribe, casi, la totalidad de las y los trabajadores del arte y la cultura, artistas, productores, gestores culturales.

El evento de pandemia que estamos viviendo estas semanas, que en Bolivia se traduce en una cuarentena total obligatoria, con sólo posibilidad de buscar provisiones básicas, o sea salir de tu casa, un día por persona a la semana, de acuerdo al número de terminación de tu documento de identidad, por supuesto, impide realizar cualquier actividad económicamente rentable.

Cerramos todos los espacios culturales independientes, se han suspendido conciertos, eventuales contratos, festividades barriales y tradicionales, exposiciones, clases de arte, etc. Ello implica un desajuste radical, que directamente afecta al sustento diario de todas las personas del sector.  Llevamos ya tres semanas de cuarentena, situación que creemos se extenderá por lo menos unas dos o tres semanas más.

Podemos afirmar que, en su mayoría, en nuestros rubros del arte y la cultura, no tenemos casi nunca la seguridad de lograr los ingresos mínimos que nos permitan los costos del sustento. Sin embargo, hemos afirmado que como sector autofinanciamos con nuestro trabajo las acciones culturales del país, con innumerables estrategias, incluso con actividades fuera de los ámbitos correspondientes que nos permite la actividad artística.

Frente a estas circunstancias que vivimos en este tercer mes del 2020, sólo un municipio de los 336 del país, La Paz, ha reaccionado con tímidas medidas que pueden paliar la falta total de ingresos, llegando a un porcentaje reducido del sector, pago por difusión de algunas producciones. Beneficiará a 140 personas con un apoyo único por producción de u$s 150. Por otra parte el gobierno de facto, ha definido otorgar un bono de u$s 50 a las personas más desfavorecidas de todo el país, con esta medida están pidiendo ser contemplados algunos núcleos de artistas agremiados, situación que aún no fue explícitamente solicitada y por lo tanto tampoco resuelta.

Como iniciativas particulares, algunas personas, sobre todo en danza, han optado por hacer clases online a sus grupos de usuarios. Aún son pocas iniciativas y aunque si, amplían sus posibilidades de ingresos, son aisladas. Esta es la situación del sector en Bolivia, económicamente compleja y sin muchas alternativas.

En todo caso si se puede evidenciar que esta situación de cuarentena obligatoria ha repercutido favorablemente en la difusión en línea de producciones artísticas casi en todo los rubros. Claro está que en su totalidad de manera gratuita. Conciertos en casa de innumerables músicos, difusión de audiovisuales y películas, exposición de trabajos de artes plásticas, difusión de obras de danza y teatro (apoyadas por canales de difusión independientes de periodistas culturales), difusión de obras literarias. Esta nueva realidad que seguramente cambiará las formas y los medios de consumo cultural marca nuevas dimensiones para el  registro de bienes culturales y derechos de autor. Justamente estuvimos las últimas semanas antes del brote de la pandemia en la discusión de la legislación y las normativas nacionales. Con certeza lo que vivimos, determinarán nuevos cursos a esta discusión.

Evento extraño que marca un hito para la humanidad, situación particular para quienes consideramos que las artes y las culturas son pilar fundamental para nuestras comunidades, identidades, paradigmas, lenguajes y lecturas múltiples, subjetividades. Nuestro trabajo surge, se asienta y se nutre del encuentro de los cuerpos, de las acciones y reacciones colectivas. Saldremos pronto al disfrute de estrechar múltiples manos, a gozar de los abrazos, a enfrentar directamente miradas y escuchas infinitas. Pero con certeza, seremos otras y otros en el afán de nuestros haceres.

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