Diciembre, además de ser el mes más corto del año, suele ser un momento de balances y retrospectivas. Un momento para revisar el camino recorrido y pensar seriamente los pasos que deberíamos encarar comenzando el 2019, eso por supuesto luego de atravesar por todos los brindis posibles (e imposibles también), de planificar las vacaciones, aunque sea a manguerazos en una terraza prestada y de postergar, ahora sí definitivamente, o al menos para el año que viene, esos pendientes dieciochescos que no salieron.

 

Tal es así que, imbuidos en este espíritu revisionista y mientras planificamos el brindis con que comenzaremos a celebrar los 10 años de RGC, conversábamos con Nicolás y Leandro sí podíamos tener una revisión sobre los hechos más significativos en torno a la gestión cultural en 2018. Nos pareció que sí, y que sería importante hacerlo; como sucede en el deporte, con las películas o los discos, la gestión cultural y las políticas culturales merecen tener su lista de hitos de 2018.

 

Es por eso que aquí les presentamos nuestro resumen, subrayo lo de nuestro porque seguramente omite y/o sintetiza muchos temas que se nos han escapado o nos han pasado por el costado. Para enmendar este problema les invitamos a que nos ayuden, desde sus perspectivas y miradas, a completar esta lista con los sucesos más importantes de 2018 en la gestión cultural en Argentina.

 

1. Jibarización de las políticas culturales nacionales.

Claramente el primer punto de la lista es insoslayable. Tras el “verano” – obviamente sin contar los masivos despidos realizados – del primer año de gestión en el Ministerio de Cultura, y dicho sea de paso, ya purgadas las anomalías que lo permitieron, la política cultural nacional de Cambiemos aceleró su perfil vaciador y rápidamente mostró su verdadero rostro de ajuste, manipulación y censura con una idea modernizante del Estado que, como ya lo hemos vivido, no es más que una excusa para el libre mercado en los procesos culturales. Sin dudas, el hito de este proceso es la degradación de Ministerio a Secretaría de Estado del área de cultura, que institucionalmente fue más atrás que en el estadio anterior donde al menos, desde la gestión de Pacho O´Donell, dependía directamente de la presidencia; ahora, depende del Ministerio de Educación (y de Ciencia y Tecnología).

 

Hay quienes dicen que este cambio solamente sinceró el proceso iniciado en 2016 con el ajuste de programas y políticas, y escandalosas subejecuciones presupuestarias, por lo que el panorama de este año no ha cambiado mucho. ¿Qué le cambia al pueblo mantener un ministerio decorativo que no desarrolla programas ni políticas para garantizar sus derechos culturales? La perdida del Ministerio significa un duro golpe para quienes trabajamos en el campo de la organización cultural, especialmente desde una semiótica organizacional, que dice que las políticas culturales no necesitan un órgano específico para su ejecución. Consecuencia directa de esto es el violento recorte sufrido por los programas y acciones para el presupuesto 2019, y que salvo algunas heroicas movilizaciones, no tuvo verdaderos reclamos desde el sector cultural y, mucho menos, desde la sociedad. Daniel Filmus explica detalladamente el problema del ajuste presupuestario acá.

 

El año nos ha dejado más huellas de ajuste en nuestras políticas culturales. La tecnocracia modernizante ha decidido intervenir los principales organismos desconcentrados del ahora ex Ministerio. Tanto el Instituto Nacional del Teatro (INT), como el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) vienen sufriendo la manipulación de sus reglamentos y la subejecución de sus presupuestos, que además tienen garantizados por asignación directa. En ambos casos, los representantes puestos por el Ejecutivo nacional, desconocen los reclamos de la comunidad artística y continúan con la política de vaciamiento y ajuste, haciendo peligrar la ya golpeada actividad cultural argentina.

 

La primer semana de diciembre, un colectivo de cámaras y actores del sector audiovisual dieron una conferencia de prensa denunciando la grave crisis del sector pidiendo la renuncia de Pablo Avelluto a la Secretaría de Cultura y de Ralph Hayek a la dirección del INCAA. Puede leerse esta nota de Paulo Pécora al respecto. El caso del INT lo introduce Paula Sabatés en esta nota.

 

Entre las críticas al desempeño de estos funcionarios se destaca el papelón protagonizado por el Secretario de Cultura en el recientemente devaluado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde se prohibió el uso de la palabra a les ganadorxs y jurados, acto de censura nunca visto en este evento, bien descripto por La Tinta en este informe.

 

Merece mención aparte el caso del Fondo Nacional de las Artes, que cumplió 60 años este año, y que desde 2016 recuperó algo de musculatura y escala volviendo a ser un importante instrumento para el fomento del arte y la cultura argentina, aumentando sus prestaciones y diversificando su cartera para incorporar más sectores, por ejemplo con la nueva línea de arte y transformación social.  Pero, como siempre sucede, el diablo mete la cola, y la buena gestión Carolina Biquard – ex Directora Nacional de Industrias Culturales de los tiempos de José Nun en la Secretaría de Cultura – llegó abruptamente a su fin. Parece que su presencia era un freno para la intervención sobre la autarquía del organismo y eso precipitó su salida, tal como lo cuenta Luciano Sáliche en esta nota.

 

Y en este 2018 infernal ni las sacras artes se salvaron del avance modernizador, ¡Hasta el centenario Salón Nacional de Artes Visuales fue atacado! En este caso modificando su reglamento sin participación de las asociaciones que representan a les artistas. Este accionar fue denunciado por las asociaciones de artistas a través de un comunicado titulado «No avalamos el nuevo Reglamento Salón Nacional de Artes Visuales» que reunió el apoyo de más de 1000 artistas de todo el país.

 

2. Las nuevas narrativas pre-modernas y la estética cambiemista.

Nuestro segundo punto de la lista está en plena articulación con el primero y también incluye un conjunto de hechos hilvanados por una temática común. Sí la jibarización de las políticas culturales es un hecho, una de sus consecuencias directas es la consolidación de una cultura política microcefálica, en la que el arte y la cultura sólo tienen un valor accesorio, alejado de la posibilidad de construir pensamientos críticos que ayuden a nuestro crecimiento como sociedad, evidencia de esto son las narrativas pre-modernas, punitivistas y conservadoras, en donde la estética mercantilista juega un rol central.

 

El 2018 nos despertó con la noticia de que el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, había decidido cerrar los premiados canales Encuentro y Pakapaka, y si bien esto aún no sucedió en su totalidad – aunque la eliminación de la señal del paquete básico de Cablevisión el pasado mes de octubre es una clara señal que se va en ese camino -, sí se ha producido un importante vaciamiento de sus contenidos. Lo explica muy bien Tamara Smerling aquí. El material propio pasó de 86 a 22 horas, junto a un violento ajuste presupuestario, y la modificación de contenidos. El caso de Pakapaka ha sido más sutil, basta comparar las primeras y segundas temporadas de la princesa Medialuna o Amigos para verificar la clara intención comercial que el canal ha adquirido. Hasta el logo se modificó en una estética corporativa afín a los tiempos que corren.

 

Y si hablamos de estéticas cambiemitas, el fin de  año nos brindó un espectáculo sin igual. El trinomio a cargo de los contenidos públicos, compuesto por Lombardi, Gabriela Ricardes, y el Director del Centro Cultural Néstor Kirchner – ahora CCK – Gustavo Mozzi, encontró  en la gala de la reunión del G-20 un escenario especial para el despliegue de Argentum, una interesante metáfora sobre la idea de Argentina que el gobierno quiso presentar a les principales líderes del mundo, provocando la sentida (sic) emoción de nuestro presidente en el Teatro Colón. Lectura obligada la crítica realizada por Horacio González sobre la puesta dirigida por el coreógrafo Ricky Pashkus, por lo que me abstendré de abordar la misma. Sí Interesa hacer mención al tema que atañe al sistema de precarización del trabajo cultural sobre el que se montó la puesta, y que fue denunciado por trabajadorxs de los cuerpos estables del Teatro Colón, y por les trabajodrxs que integraron la producción, un hecho que merece especial atención y que debería servir para la agenda del sector cultural en torno a los protocolos y exigencias para el desarrollo profesional en condiciones de seguridad y con salarios dignos.

 

3. Cultura y Ciudades. Lo local en el centro del debate.

El protagonismo de lo local en las políticas culturales es otro suceso que no puede dejarse de lado en este 2018 que se va. Sea desde la gestión de áreas de cultura de los gobiernos locales o desde la organización popular, las ciudades vienen siendo un laboratorio privilegiado para el ensayo de nuevas formas de gestión cultural.

 

Desde los gobiernos no puede dejar de mencionarse dos hechos importantes en este sentido. Por un lado, la propuesta desarrollada por Enrique Avogadro, para organizar en 2019 la Cumbre de Cultura del organismo de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), que reúne a más de 300 gobiernos locales de todo el mundo. El encuentro se realizará en el mes de abril en Buenos Aires y tendrá como tema central el desarrollo de la Agenda 21 para la cultura que apunta contribuir con las metas para el desarrollo sostenible 2030 impulsadas por la ONU a partir de reconocer a la cultura como cuarto pilar para el desarrollo sostenible.

 

En esta línea también, la propuesta para organizar una red de autoridades locales de cultura desarrollada por Pancho Marchiaro, Secretario de Cultura de la Municipalidad de Córdoba. Dentro del V Encuentro de Gestión Cultural de la ciudad de Córdoba realizado en octubre se firmó una carta de intención de autoridades locales de cultura llamando  la atención sobre la importancia de la cultura como cuarto pilar del desarrollo sostenible y la necesidad de estructurar dispositivos para el fomento de las políticas culturales locales. La carta incluye seis puntos que van desde la institucionalidad cultural federal a planes de financiamiento específico para políticas culturales locales, pasando por un llamado a crear un Sistema que permita desarrollar mecanismos de gobernanza multinivel incluyendo a los gobiernos locales. El documento contó con el apoyo de más de 80 autoridades de municipios argentinos y de organismos internacionales como UNESCO, OEI, CGLU y la UIM entre otros. Otro dato destacable es que fue acompañado por autoridades de las más diversas representaciones políticas.

 

También hay que señalar que los gobiernos de ambas ciudades están con serios problemas a la hora de articular sus políticas culturales con las narrativas pre-modernas cambiemistas, ejemplo de esto es el código contravencional aprobado por la legislatura porteña o los allanamientos y detenciones a miembros de espacios culturales y militantes producidos en Córdoba en los últimos meses. Resta ver, como desafío para 2019, si este primer ensayo de articulación de autoridades locales puede confluir en una red que ayude a desarrollar nuestra institucionalidad cultural. Tal vez esto ayude a animar al pobre Consejo Federal de Cultura, que solamente publicó un tibio comunicado ante la desaparición del Ministerio de Cultura, a articular un plan de acciones entre las provincias y municipios para fortalecer las políticas culturales en la Argentina. A mano tenemos un espejo interesante en Brasil con la campaña “Fica MinC” que fue desarrollada por el Forum de Secretarios Estaduales de Cultura junto con el Forum Nacional de Gestores y Secretarios de Capitales y Municipios asociados de Brasil, donde piden al presidente electo Jair Bolsonaro que no elimine su Ministerio de Cultura.

 

4. Organización de la Cultura Independiente, autogestiva y comunitaria.

Si bien ya no es novedad, el año ha tenido a las organizaciones culturales independientes, autogestivas y comunitarias con una agenda en plena expansión e importantes hitos a destacar.

 

El reconocimiento a los espacios culturales independientes y autogestivos empieza a ser una realidad en la que se pone cada vez más en evidencia la necesidad de contar con normas para su protección y fomento. Muestra de esto son las diversas organizaciones de espacios y productores que comienzan a tomar forma en todo el país, como la reciente Red de Espacios Culturales de Gestión Autónoma de Tucumán, o la vigencia de espacios como MECA y Escena en CABA, y los primeros 10 años del Club Cultural Matienzo, ese proyecto emblema del nuevo paradigma de producción cultural donde el modelo de gestión es a la vez estructura y producto, son otro ejemplo de esto.

 

En lo legislativo el año también trajo importantes novedades, como por ejemplo la sanción de la nueva ley de espacios culturales independientes de CABA, que si bien lejos está de ser la norma ideal, ayuda para limitar el disciplinamiento de las clausuras. Luciano Sáliche cuenta algunos rasgos de la norma en esta nota.

 

En el ámbito nacional también se está avanzando en este plano, el proyecto de ley de protección de espacios culturales autogestivos impulsado por la diputada nacional Fernanda Raverta (FPV-PJ) obtuvo dictamen favorable de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputades.

 

También es para destacar a les Abogadxs Culturales, una organización cuyo crecimiento no para de sorprender y que ha sido fundamental, principalmente en la ciudad de Buenos Aires, para conseguir estos importantes avances. Y que además sumó su grupo en Córdoba y se encuentran en pleno proceso de conformación en La Plata, una expansión federal que nos permitirá seguir sumando articulaciones fundamentales para pensar, entre otras cosas, las herramientas legislativas que necesitamos.

 

Del mismo modo el ciclo de charlas “Los desafíos de los próximos 10 años en la Defensa de los Derechos Culturales” organizado por el Observatorio de Políticas Culturales y Culturas Politicas del Centro Cultural de la Cooperación y por el que pasaron discutiendo, entre otros, Juca Ferreira, Vanesa Siley, Eduardo Rinsesi, Julia Mengolini, Daniel Filmus y María Pía López, permite una necesaria prospectiva para superar la inmediatez de la crisis y la emergencia.

 

La cultura comunitaria también ha tenido avances, sin dudas el mayor de ellos es el proceso de preparación colectiva del IV Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria que se realizará el año próximo en Argentina. Con formato de caravana, el encuentro recorrerá 1800 kilómetros entre Mendoza y Buenos Aires, y su preparación viene sucediendo en distintas partes del país, en un proceso colectivo inédito, incluyendo una reunión realizada en Buenos Aires con representantes de redes y organizaciones de una docena de países de Latinoamérica.

 

Y hay otra “desmesura” de las organizaciones culturales comunitarias que me gustaría destacar especialmente, el estreno de “Mnémora. Pueblo, Poder y Tiempo”, segunda película de la Productora Escuela Cultural y Comunitaria “El Culebrón Timbal Uno de los puntos fuertes fue el estreno en simultáneo en diferentes ciudades de Latinoamérica organizado por diferentes organizaciones culturales comunitarias. Marcelo Zumbo les cuenta más de la película en esta entrevista que le hizo a Alexis “Galaxia” Fusario, su director.

 

Y siguiendo la línea de cine y comunidad, quisiera destacar el merecido reconocimiento internacional para los amigos de la Asociación Civil Cine Fértil, organizadora del Festival Latinarab, que ganaron el Premio UNESCO Sharjah de la Cultura Árabe, por la promoción de la cooperación sur-sur para la producción cultural.

 

Finalmente, no podemos dejar de mencionar como hecho significativo de este bloque la salida de los libros “Cultura Independiente. Cartografía de un sector movilizado en Buenos Aires” compilado por Romina Sánchez Salinas y Julieta Hantouch, y “Estado, Sociedad Civil y Políticas Culturales. Continuidades y rupturas entre 2003 y 2007 en Argentina” compilado por Anna Valeria Prato y María Soledad Segura, que esperamos contribuyan con el fortalecimiento del sector.

 

5. Consumos culturales

Otro tema que no podemos dejar de abordar son los consumos culturales. Tema crucial para quienes trabajamos en el campo de la organización de la cultura, y por eso celebramos con entusiasmo la sobrevida del Sistema de Información Cultural de Argentina (SInCA) y la realización de su Encuesta Nacional de Consumos Culturales durante 2017. A grandes rasgos la encuesta muestra como los consumos culturales han crecido exponencialmente en internet y comenzando a ser mixtos y simultáneos con los tradicionales, fundamentalmente a partir de la proliferación de los smartphones. A la vez que se observa como han disminuído drásticamente consumos como la lectura de libros, la asistencia a cines, recitales y teatros, y la concurrencia a museos. La caída de los consumos es alarmante para las industrias culturales en jaque por la Macrisis. Podemos poner como ejemplo la industria editorial, tal como lo cuentan Silvina Freira en esta nota o Nicolás Sticotti en este informe. Sucede lo mismo con las salas teatrales y demás espacios culturales, golpeados por el exorbitante aumento de tarifas de los servicios públicos.

 

Un momento para destacar fue la presentación de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales, donde el actor y director Martín Piroyansky, que desarrolla series web en UN3TV, canal de la UNTREF, cuestionó los datos que presentaban sobre el consumo de plataformas como Netflix en una Argentina donde la gente no tiene para pagar el gas. De este acto, donde también participó Roberto Pomar, fundador de Leader Entertainment y el canal de YouTube El Reino Infantil y salió esta interesante nota de Daniel Gigena donde reseña los resultados económicos de los proyectos que participaron de la presentación. En la misma afirma que hay proyectos que arrojan ganancias, como el del Reino Infantil, y otros no tanto, como el desarrollado por Piroyansky para el canal de televisión de una universidad pública. Y esto me parece central, porque demuestra la importancia de la intervención del Estado para el fomento de producciones culturales de calidad y como el mercado priorizará la ganancia por sobre la calidad en cualquier tipo de producto. Les invito a que comparen cualquiera de las producciones de uno y otro canal a ver qué les parecen. Quienes tenemos hijes venimos padeciendo las animaciones fantasmagóricas con que Pomar viene mancillando la obra de Maria Elena Walsh y tantas otras canciones de rondas, y  otros éxitos populares, que acaban con inexpresivas figuras 3D moviéndose con una cadencia infernal y repetitiva. Sorprende que Lombardi y Ricardes no le hayan ofrecido aún la dirección de Pakapaka a este buen hombre.

 

Pero algunas buenas noticias tenemos que destacar también. Una tiene que ver con una política desarrollada por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Formosa, que lanzó un relevamiento de trabajadrxs culturales junto con una tarjeta de descuentos para estxs. Otro hecho importante para estimular el consumo y la formación de públicos en jóvenes es el lanzamiento del Pase Cultural, del ministerio de cultura porteño, una tarjeta para estudiantes de 16 a 19 años – y docentes – con un crédito mensual de 250 pesos para utilizar en la compra de un libro, o una entrada de cine o un recital. Además permite acceder a descuentos y a entradas gratuitas en los espacios culturales del sector independiente que adhieran al programa. Esta política, basada en el proyecto Vale Cultura impulsado por Lula Da Silva en Brasil y en otros proyectos europeos, tiene una potencia que esperamos puede desplegarse en su totalidad y siendo replicada también en otras ciudades de nuestro país, o porque no, a escala nacional.  

 

6. Formación e investigación.

No podemos dejar de mencionar la vitalidad y fortaleza de las propuestas de formación y la investigación en nuestro campo. Este año se celebraron los 20 años de la Licenciatura en Gestión del Arte y la Cultura de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), los 15 años de la carrera de especialización, y ahora también maestría, en Administración de la Cultura de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y los primeros 10 años de la Maestría en Industrias Culturales de la Universidad Cultural de Quilmes (UNQUI). Se han realizado diversas jornadas en todo el país, como por ejemplo las I Jornadas en Gestión y Políticas Culturales, organizadas en conjunto por la UNTREF y la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), las II Jornadas en Gestión Cultural organizadas por la Tecnicatura en Gestión Cultural de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en las que tuvimos el honor de participar para presentar a RGC y las I Jornada Universitaria en Gestión Cultural organizadas por la Diplomatura en Gestión Cultural de la Universidad San Pablo de Tucumán (USP-T). También estuvieron los lanzamientos de dos espacios muy interesantes, ambos en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso): el Posgrado Internacional en Políticas Culturales de Base Comunitaria dictado en articulación con el programa IberCultura Viva, coordinado por Belén Igarzabal y Franco Rizzi, y el curso Cultura potente ¿Cómo pensar proyectos culturales independientes hoy? coordinado por Juan Aranovich (Club Cultural Matienzo) y Pablo Montiel (Licenciatura en Gestión Cultural, UMET).

 

Estas jornadas y cursos han permitido una circulación e intercambios de experiencias muy importantes para nuestro sector, inclusive por la presencia de referentes de la talla de Juca Ferreira y George Yúdice, consolidando una red de espacios de formación e investigación en gestión y políticas culturales como nunca antes habíamos tenido. Producto de este proceso el año próximo editaremos un libro sobre la Gestión Cultural en Argentina que esperamos se pueda  presentar en el III Congreso Latinoamericano en Gestión Cultural que se realizará el año próximo en Quito, Ecuador.

 

7. La ola verde.

Finalmente, el hecho que nos parece más significativo en torno a las políticas culturales es la “Ola Verde”, que campaña por la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) mediante significó un parteaguas en torno a nuestras formas de vivir y relacionarnos, en un proceso de constante deconstrucción con un tremendo impacto para nuestra cultura política.

 

Sí la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue un espacio de apertura para la participación social en el Congreso, a través de la formidable articulación que realizó la Coalición para un Radiodifusión Democrática y las y los diferentes actores del sector movilizados; el debate por el IVE fue una verdadera apertura para la participación ciudadana en general. La profundidad, calidad y transversalidad de las participaciones en las sesiones informativas en la Cámara de Diputados, nunca mejor llamada “la Casa del Pueblo”, fue arrolladora. No profundizaremos sobre el debate del IVE en esta nota, solamente expresamos nuestro más ferviente deseo para que sea Ley cuanto antes, pero sí nos detendremos en una serie de derivaciones que las acciones de la militancia feminista han tenido y que están impactando directamente en los modos y formas que tenemos para el desarrollo de la gestión cultural.

 

El primero de ellos es el gran impulso que ha dado para consolidar procesos asociativos de cuidado, como puede observarse en prácticamente todos los sectores culturales. La Colectiva de Actrices Argentinas (CAA) tal vez sea el último y más visible de estos procesos, a partir de la acción coordinada para el apoyo a la denuncia de Thelma Fardin sobre la violación sufrida por Juan Darthés a sus 16 años. Sobre este tema María Pía López realiza una interesante reflexión a través de su página de Facebook: “El colectivo de Actrices argentinas acompaña a una colega a denunciar una violación. Arman estrategias de cuidado y de resguardo. Logran cadena nacional. Gritan: se acabó el tiempo de la impunidad. Exigen la revisión de las prácticas de la industria cultural, el sistema de chantajes, la presión por los contratos, la precariedad laboral. Todo lo que hace que una muchacha haya callado o deba callar.

 

Esta posibilidad de acción colectiva reparatoria es la herramienta más potente para la transformación, en este caso de una industria cultural despiadada que vulnera derechos y es la principal modeladora de conductas que configuran nuestras culturas políticas. Es alarmante la encuesta de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI), referida por la CAA, en la que el 66% de las personas encuestadas manifestó haber sufrido abusos o acosos en el ámbito laboral. No en vano muches han recordado que la violación a Thelma se dio en un momento donde en el prime time de la televisión argentina Marcelo Tinelli, a la sazón productor responsable de la tira donde Dhartes y Fardin trabajaban, ganaba rating cortandole polleras a las mujeres.

 

Pero también otras colectivas se han formado y vienen organizándose para revertir la desigualdad de género en el sector cultural. En este sentido es importante destacar las campañas por la paridad teatral en el ámbito del Complejo Teatral de Buenos Aires impulsada por la legisladora Andrea Conde (FPV), que aquí cuenta Mariana Carabajal o el proyecto de ley para la garantizar un cupo de al menos el 30% de músicas mujeres en los festivales, que como aquí cuenta Lucía Cholakian Herrera, fue presentado por la Senadora Anabela Fernández Sagasti (Unidad Ciudadana) a partir de la campaña de la ex Vicepresidenta del Instituto Nacional de la Música (INAMU) Celsa Mel Gowland y la colectiva Músicas Unidas. Más específicamente aún, en el campo de la organización de la cultura, se están dando algunos procesos de organización bien significativos, como por ejemplo la constitución de Gestoras en Red impulsadas por la Red de Gestoras y Productoras Culturales Chile, que cuenta con la adhesión de diversas colectivas latinoamericanas y está organizando su segundo encuentro internacional de Mujeres Trabajadoras de las Artes y las Culturas en la ciudad de Montevideo, Uruguay.

 

También durante el invierno de este año fue lanzada la colectiva FIERAS, integrada por mujeres, lesbianas, travestis y trans trabajadorxs de espacios culturales de la Ciudad de Buenos Aires, que vienen desarrollando un intenso debate sobre las condiciones de trabajo en el sector y algunas potentes intervenciones en el campo, como el hacking producido junto con otras mujeres al Encuentro Cultura Paraná, un espacio autoconvocado de gestorxs y productorxs culturales de todo el país que fue tomado por una asamblea feminista obligando a repensar nuestras formas de construcción política y la construcción de la agenda sectorial. En lo personal, como machirulo con las barbas en remojo, el hacking del encuentro de Paraná me llevó a pensar también sobre los dispositivos que gestionamos y sobre las herramientas y protocolos que necesitamos construir para una gestión cultural deconstruida e inclusiva, que en principio no ayude a reproducir esta cultura política patriarcal del abuso – y eso ya seria un gran avance al actual estado de situación -, y sobre cómo generar estrategias para que la potencia de “la Ola verde” ayude también en la disputa por la agenda tradicional de las políticas culturales, pero esta vez en clave femenina.

 

Al respecto es muy interesante la propuesta de Rafael Morales Astola en su artículo “La Gestión Cultural de la Abeja y la Orquídea” publicado recientemente en el libro Entre-Lugares compilado por el profesor Carlos Yañez Canal para la Universidad Nacional de Colombia. En el artículo, Morales Astola realiza una caracterización de la gestión cultural de frontera, como aquella que asume los nuevos desafíos y paradigmas de su época a partir de un análisis de la identidad del Gestor Cultural, de la que dirá muy acertadamente:

 

La persona de la maleta aparece ahora algo más definida. Es femenina y desafía el androcentrismo echando mano del ginecocentrismo como primera fase para alcanzar el antropocentrismo (ser humano en sus diversidades). Es hermeneuta y analiza e interpreta aquello que es la relación entre territorio de llegada y territorio entrañado en sí. Es responsable y da respuestas a necesidades, demandas y expectativas. Es agitadora y levanta polémicas, promoviendo disensos como metas para una comunidad creativa y crítica. Es organizadora y contribuye a modelar y canalizar preocupaciones, dinamizando, adaptando, y dando estructuras. Es anticipadora y predice retos y ayuda a visualizar fortalezas y carencias. Es administradora y dispone recursos presupuestarios, administrativos, documentales, técnicos, materiales, infraestructurales, comunicativos, simbólicos. Es ilustrada y científicamente investiga, documenta, relaciona campos de conocimiento. Es intermediaria y conversa entre instituciones públicas, sector privado, tercer y cuarto sector. Es la persona que recibe —utilizando un término reivindicado por Fernando Vicario (2016)— el “encargo” político de combinar excelencia y proximidad, de elaborar políticas de transidentidad y transculturalidad, y de practicar el desarme cultural con un visible propósito transformador, desde una nueva modernidad y una nueva ilustración que incorpore como elementos fundantes la diversidad cultural, la mujer, la cultura 2.0 y las nuevas industrias culturales y creativas, constituyendo estas uno de los ámbitos fronterizos más estimulantes.

 

Leyendo esta idea de un mundo ginecocentrista, como paso previo a un antropocentrismo inclusivo, no puedo dejar de pensar en uno de los libros que más le gustó a mi hija Juana este año, “Historia de Bonobos con Gafas” de la escritora Adela Turin y de la ilustradora Nelly Bosnia, publicado en Italia originalmente en la década de 1970.  La historia habla de la sociedad de los bonobos y las bonobas que era sustentada especialmente por el trabajo de las bonobas, quedando para los bonobos solamente el disfrute, en tanto ellas garantizaban su subsistencia y el de sus crías. Esto hasta el momento en que las bonobas deciden irse y comenzar a desarrollar su vida, y su cultura, en otro lugar. Dice Turin “un día, las bonobas se cansaron de recoger frutas y bayas, nueces y semillas, raíces y brotes, y tambièn de oír las cuatro palabras que ya sabían de memoria y que comenzaban a aburrirles. Y decidieron cambiarse de bosque para poder hacer solo lo que deseaban hacer. (…) Aquel bosque se transformó en un lugar hermoso y confortable, tranquilo y perfumado por las flores y las hierbas, alegre gracias a la música y a los juegos. (…) Se dice que un día los bonobos, curiosos, se acercaron a visitar el bosque donde vivían las bonobas. Y también se dice que algunos de ellos les pidieron quedarse allí y poder compartir con ellas su nueva vida.”

 

Pensando en estas cosas es que desde RGC deseamos para 2019, que ese lugar que nuestres compañeres están construyendo tan resuelta y valientemente, nos ayude a repensar y transformar nuestras prácticas y acciones para alcanzar finalmente una sociedad más inclusiva y respetuosa de nuestra diversidad cultural.

 

4 comentarios
  1. ruben Dice:

    En el punto 4. Podríamos citar los 10(20amos en total) del centro cultural csrena) en Córdoba capital https://www.google.com/amp/s/mvos.lavoz.com.ar/amp/10-años-del-centro-Cultural-Graciela-Carena.. Los 28años del encuentro nacional cultural de San Antonio de Arredondo madre de otra importante red de encuentro en Córdoba y otras provincias.. Como el pantano. No durmai. Tantanskuy 25años de la cripta etc etc etc y el importe gesto de tomas de plazas como plaza herbera. cabalango va las Rosas etc. Mirando fuera de bs as pasan también muchas cosas.. Felicitaciónes por el excelente análisis. Es solo un aporte de lo importante que esta pasando en una capa inferior.

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 × 2 =