Querides lectores de RGC, esperamos que el inicio de este 2021 les encuentre con las energías renovadas y un poco de aire para encarar el desafío de la continuidad de la pandemia. Para nosotres fue un año difícil, podemos decir, citando a la Cátedra Libre de Gestión Cultural de la Universidad Nacional de la Plata, que 2020 fue el año en el que (se notó que siempre) vivimos en peligro. Una de las consecuencias ha sido la falta de nuestra tradicional nota de fin de año con los sucesos de la gestión cultural de nuestro país. Nuestras disculpas por ello. 

El cese de actividades culturales decretado a comienzos de la cuarentena operó como catalizador de la profunda crisis que venía arrastrando el sector cultural, especialmente a partir de la crisis económica que afectó a la Argentina desde 2016. Esta situación generó un estado de emergencia tal que provocó un aceleramiento en los procesos de organización sectorial, junto con un decidido apoyo del gobierno argentino para garantizar que muchos trabajadores y trabajadoras de la cultura pudieran tener un plato de comida en sus mesas. Pero ante la dimensión de la crisis pareciera que las políticas son insuficientes, o al menos, que no alcanzan. La emergencia cultural existe y es aguda. Afortunadamente se desarrollaron algunas políticas públicas de sostenimiento para el sector, y sí su mera implementación es un hecho destacable, más lo es su envergadura: más de 3 mil millones de pesos, el mayor presupuesto destinado a la cultura en nuestra historia.

La crisis produjo también algunas iniciativas solidarias destacables, casi todas ellas intrasectoriales. Su existencia ha sido indispensable, y en muchos casos han sido la diferencia entre que una familia tenga alimentos o no. En el caso de los espacios culturales autogestivos la situación es crítica. Muchos espacios han cerrado y otros no abren, porque no tienen cómo hacerlo. Esta situación condiciona directamente las posibilidades de desarrollo cultural, más aún desde una perspectiva diversa e inclusiva. A lo largo del año hemos recibido muchas colaboraciones en nuestra Revista Gestión Cultural  que dan cuenta de los diversos escenarios que la emergencia cultural presenta. Sí aún no lo han hecho, les invitamos a dar un paseo por ellas para leerlas. 

En particular, para nuestro proyecto editorial, 2020 ha sido un año de importantes aprendizajes. El primero de ellos, y tal vez el más importante, tiene que ver con la paciencia. Teníamos un ambicioso plan editorial que buscaba al menos equiparar el ritmo de publicaciones de 2019, pero no pudimos sostenerlo. Varios proyectos se demoraron y otros no llegaron a consolidarse lo suficiente para avanzar. Pero así y todo pudimos publicar dos nuevos libros de la colección ¨Reflexiones¨ Política cultural y desacuerdo del profesor brasileño Alexandre Barbalho, y La comunidad futura. Ruinas, instituciones culturales y otras imaginerías de Gabriel D. Lerman. 

El segundo aprendizaje tuvo que ver con el mundo digital y sobre la necesidad de realizar una inmersión completa en él. Producto de ello es la salida de nuestros últimos títulos en formato electrónico, acción que se sostendrá con cada nueva salida, y a la que iremos sumando títulos anteriores para garantizar la digitalización entera de nuestro catálogo. La inmersión digital también nos permitió potenciar el espacio de publicaciones en la web y recuperar la Revista Gestión Cultural con la publicación de un dossier especial, en PDF, sobre Políticas Culturales y COVID-19 en América del Sur. Esta es una conquista que esperamos ampliar en el futuro inmediato.

El tercer aprendizaje tuvo que ver con la necesidad de consolidar los lazos, afectos y procesos organizativos. Al fin, la lección más importante que nos deja la pandemia es que a pesar de la erosión provocada por la narrativa del neoliberalismo, la valorización de la ¨cultura solidaria ̈ ha sabido persistir en la memoria de nuestro pueblo. Considerando ese aprendizaje, durante 2020 hemos iniciado un proceso de formalización institucional con el objetivo de poder participar más activamente en los procesos organizativos que integramos. Creemos en la democracia cultural como único camino válido para el desarrollo social y trabajamos para el impulso de la profesionalización de la gestión cultural desde una mirada ética y comprometida con este objetivo. 

Además, como hemos manifestado en más de una ocasión, RGC es un proyecto sin fines de lucro, cuyos ingresos se vuelcan íntegramente en la edición de nuevos títulos y contenidos. Por eso hemos iniciado, guiados por los valores de la defensa y la promoción de los derechos culturales y de la diversidad de las expresiones culturales, los trámites para que RGC tome la forma de una asociación civil. Este camino nos ha llevado también a impulsar junto a otres colegas y proyectos, la creación de la Red Argentina de Gestión Cultural, que ya realizó sus primeras acciones y promete ser un espacio de cooperación e integración para quienes nos dedicamos a la gestión cultural profesional en nuestro país. También hemos nos hemos integrado a otras redes con las que venimos realizando actividades, como la Red de Espacios Culturales del Sur y la Alianza Internacional de Editoriales Independientes    

Considerando todo lo vivido este año y los deseos que dejamos en diciembre de 2019, podemos inferir que algún acierto cometimos. Decíamos el año pasado que debíamos ser mejores, pues no teníamos más opción que serlo, y al final pareció -y parece- una sentencia de oráculo. Efectivamente, no tenemos más opción. Por eso en el 2021 nos encontramos recargados y con ganas de duplicar la apuesta. Ya para el comienzo del año tenemos en prensa tres libros más, que en realidad son cuatro, porque uno se desbordó y terminó siendo dos. 

El primer libro es Sociología(s) del Arte y las Políticas Culturales del investigador chileno Tomás Peters, que podemos editar gracias a la generosidad de su autor y de la editorial chilena Metales Pesados, quién nos cedió los derechos para una edición especial en Argentina. El segundo es Creación Heroica. Neoliberalismo, políticas culturales y estrategia comunitaria en el Perú del siglo XXI, del sociólogo y militante cultural peruano Guillermo Valdizán Guerrero, que también será parte de la colección Reflexiones. 

El libro desbordado, que saldrá en dos tomos, es De la Cultura al Feminismo, publicación coral editada por Marcela País Andrade y Belén Igarzábal que reúne 40 experiencias que trabajan sobre género desde diferentes ámbitos o dimensiones de nuestra cultura. Esta publicación inaugura una serie sobre cultura y género(s), coordinada por ambas editoras, que buscará reflexionar y contribuir a los debates del y desde el campo de la cultura actual, a partir de la deconstrucción (trans)feminista/diversa/disidente/no binarie de las visiones sexistas y machistas que reproducen nuestras prácticas culturales. 

Por el lado de la Revista Gestión Cultural también tenemos proyectos en marcha. Actualmente estamos preparando un nuevo dossier especial con las colaboraciones sobre artes escénicas, en un proceso coordinado por la gran Paula Brusca de Giorgio, y sobre música, con un proyecto editorial generosamente coordinado por Cecilia Salguero y Carlos Sidoni. Pero también seguimos publicando en nuestra web gracias al apoyo y compromiso militante de todas las personas que confían en nosotros para que ayudemos a la circulación de sus ideas. Para 2021 esperamos mejorar y ampliar la llegada de la Revista Gestión Cultural a una mayor cantidad de público y así poder promover debates profundos y de calidad, que contribuyan a la profesionalización de nuestro sector.

Mencionamos antes nuestros aprendizajes durante el primer año de pandemia. Para el campo de la gestión cultural profesional también ha sido un año de muchos aprendizajes, y también de organización. Nunca hemos visto un nivel tan profundo de reflexión y compromiso sobre la práctica profesional. Imposible medir la cantidad de horas de debate, la mayoría de ellas registradas en encuentros transmitidos por redes sociales, que han tenido como tema a la gestión cultural o a las políticas culturales. Y si bien sólo una parte de estas reflexiones han sido sistematizadas -casi no hemos tenido nuevas publicaciones en la temática-, la proliferación de los debates ha sido acompañada y alimentada por la generación y consolidación de procesos organizativos importantes como la Red Argentina de Gestión Cultural que antes referenciamos, o también la Unión de Escritores y Escritoras, la Unión de Teatristas de Argentina o la Red de Espacios Culturales del NOA, por citar algunas. Hasta hemos tenido un nutrido, y no saldado, debate sobre la necesidad del ¨Día Nacional de la Gestión Cultural¨ y cuál sería la mejor fecha para conmemorarlo. Tanto reconocimiento estamos logrando para nuestra profesión que algunas instituciones están comenzando a entregar reconocimientos a colegas, tal como sucedió con el merecido reconocimiento de la Municipalidad de Santa Fé a la labor como gestora cultural de Graciela ¨Negri¨ Pecorari. El premio Máscara, ligado a las artes escénicas, es entregado desde el año 1992, y sólo en 2020 incluyó la categoría de gestión cultural. También el Fondo Nacional de las Artes incluyó la categoría en sus premios a la trayectoria por primera vez el año pasado, en el que fue reconocido el coleccionista, mecenas y ex presidente de Arte BA, Jacobo “Fito” Fiterman. Si bien la editorial Perfil venía entregando un reconocimiento a la gestión cultural (Eduardo Constantini y el MALBA en 2014, Adriana Rosemberg y PROA en 2015, Alejandro Tantanian en 2017, Claudio Tolcachir en 2018, y el Museo Nacional de Bellas Artes en 2019) queremos resaltar la importancia que sean las instituciones públicas quienes comiencen a incluir la categoría como parte del trabajo realizado en el sector cultural que debe ser reconocido.  

Creemos que este profundo proceso de reflexión, si logra articularse con el gobierno en un ejercicio de fortalecimiento de las políticas públicas, puede brindar algunos insumos para la mejora de la gobernanza cultural de nuestro país. Decíamos antes que celebrabamos la decidida respuesta del gobierno para la gestión de medidas que ayuden al sostenimiento del sector cultural. Ahora el desafío está en ver cómo pueden construirse políticas culturales que ayuden a reactivar al sector cultural, no solamente a sostenerlo. Este año que comienza tiene que ayudarnos a constituir los espacios de diálogo necesarios para poder superar la falta de planificación estratégica de nuestras políticas culturales, que es histórica y estructural. En ese sentido, la gestión cultural profesional puede hacer grandes aportes para la planificación de nuestras políticas culturales y para la generación de herramientas que permitan una gestión con más impacto. Temas como la financiación de la cultura, la creación de un sistema nacional de cultura multinivel y descentralizado, la salvaguarda de nuestro patrimonio cultural o el fomento de las actividades artísticas y creativas deben dejar de ser coyunturales. Su discusión y articulación debe ser parte de un proceso participativo con representación plural, diversa y federal, y que trascienda el ámbito del poder ejecutivo y sus instituciones. Sin dudas el Congreso Nacional, junto con el Ministerio de Cultura y sus organismos descentralizados, y los y las trabajadoras de la cultura deben ser les protagonistas en la construcción de un Plan Nacional de Cultura que trascienda las meras coyunturas. 

Por supuesto que esto que decimos no es ninguna novedad, lo venimos sosteniendo hace años, tal como lo demuestra la declaración del 1er Congreso Argentino de Cultura de 2006, pero hasta ahora no lo hemos podido llevar a cabo. Tal vez este segundo año que viviremos en pandemia nos permita encontrar los mecanismos para hacerlo posible, la voluntad y el compromiso están activos y más firmes que nunca. Quien dice que en agosto de este año, cuando se cumplan 15 años del primer Congreso Argentino de Cultura, no podamos juntarnos a celebrar el día de la gestión cultural en un encuentro de trabajo que dé inicio a un proceso participativo de planificación estratégica para nuestras políticas culturales. 

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