Toda gestión cultural municipal ha de intentar que sus habitantes conozcan la historia pasada y la situación presente de su ciudad, así como fomentar su participación en la elaboración y selección de propuestas con las que dar forma a la evolución de su identidad y modelo de convivencia. Especialmente en urbes como Madrid, residencia de millones de personas y conformada en base a la emigración, nacional antes y también internacional ahora. Además de por la unicidad de las instituciones que tienen sede en ella y que forman parte de un imaginario colectivo mucho más amplio (regional, nacional e, incluso, internacional).

Madrid, ¿ciudad cultural?

Tradicionalmente Madrid ha considerado la cultura como uno de los pilares de su capitalidad y de su oferta turística, fundamentada principalmente en activos de otros niveles de la administración (principalmente estatal, con museos como el Prado, el Reina Sofía o el Thyssen). Gestionada de manera centralizada (con nula participación desde los distritos) y basada en grandes eventos (Orgullo Gay, Jornada Mundial de la Juventud en 2011, promoción de la candidatura olímpica) y sedes siempre en el corazón de la ciudad. Con una concepción de la cultura más focalizada en su consumo y observación que en la participación y el fomento de la creatividad (con excepciones de alcance limitado como MediaLab Prado, inaugurado en 2013).

Alineamiento con los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Frente a esto, y tras las elecciones de 2015, el equipo de Manuela Carmena1 propuso hacer de la cultura una manera de crear valor social a través de la descentralización y la participación ciudadana (con especial foco en las mujeres). En 2016 se puso en marcha el Foro Madrid Solidario, previo del trabajo que daría pie en 2018 al documento “Madrid 2030: una ciudad para todas las personas y todas las generaciones”, que proponía hacer de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 lanzados por Naciones Unidas en 2015 los principios transversales de la gestión municipal.

Uno de los complementos de estos es la “Agenda 21 de la cultura” (Organización Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos) que en el periodo 2015-2019, el Ayuntamiento puso en marcha, en cada uno de sus capítulos, con acciones como: Derechos culturales: presupuestos participativos. Patrimonio, diversidad y creatividad: concursos públicos para la designación de gestores-directores de los centros culturales municipales. Cultura y educación: gratuidad de las escuelas infantiles municipales. Cultura y medioambiente: campañas de concienciación sobre cómo reducir la contaminación paralelas a la implantación de Madrid Central. Cultura y economía: mayor dotación de las ayudas a la creación contemporánea y a la movilidad nacional e internacional. Cultura, equidad e inclusión social: programación de actividades con mensaje feminista, LGTBI o promoviendo la participación de las personas mayores. Cultura, planificación urbana y espacio público: visibilización de otras culturas (año nuevo chino, Ramadán). Cultura, información y conocimientos: creación de M21, emisora de radio local pública. Gobernanza de la cultura: puesta en marcha del Consejo de Cultura.

Más allá de los errores (cese de gestores como el del Teatro Español), los desaciertos (ubicación del Centro Internacional de las Artes Vivas), los incumplimientos (sede de la Fundación Sandretto Re Rebaudengo en la nave 9 del Matadero) y las polémicas (cambios de concejal titular de cultura en dos ocasiones), lo cierto es que la gestión cultural municipal quedó alineada con las metas de los ODS 2030.

26 de mayo de 2019, elecciones municipales

Los programas de PP y Ciudadanos, partidos que ahora gobiernan en coalición, no mencionaban los ODS y solo aludían a dos variables de la sostenibilidad, la medioambiental (ligándola a la reducción de la contaminación y a la preservación de los entornos naturales) y la económica (como sinónimo de reducción de costes o contención de presupuestos). La social no aparecía en su articulado y, en consecuencia, tampoco lo cultural.

A fecha de hoy, la actual corporación no ha presentado programa estratégico cultural (más allá de anunciar un aumento del 13,48% en sus presupuestos, hasta los 138,6 millones de euros, pendientes de saber en qué se concretarán). Su gestión se ha basado fundamentalmente en anular los proyectos del anterior ejecutivo: desaparición de los presupuestos participativos y no ejecución de algunos de los proyectos ya aprobados; cese de gestores -CentroCentro, Conde Duque, Teatro Español-; censura de la campaña “Nuestro mayor orgullo coincidente” con la celebración del Orgullo LGTBI; la vacua autodenominación como “Green Capital”, durante la Cumbre del Clima; cierre del centro cultural “La Gasolinera”; retirada del memorial a las víctimas del franquismo en la Almudena; suspensión de los foros locales…

Las decisiones propias han sido más de gestión (hacer que las naves 10, 11 y 12 del Matadero vuelvan a formar parte del Teatro Español) que de contenido. Y las habidas en este sentido están ligadas a hitos como la celebración del Año Galdós.

La cultura en pasivo como reclamo turístico

Así, el Ayuntamiento de Madrid vuelve a hacer de la cultura un reclamo para su promoción turística más que un medio con el que fomentar el diálogo y la convivencia entre diferentes concepciones y maneras de vivir la vida, alejándose así de los ODS 2030. Hace de ella un entretenimiento pasivo (las celebraciones populares, los eventos en exteriores) más que un motor activo de la expresión y el desarrollo personal, perpetuando así un modelo elitista (la formación y/o el nivel económico como barreras de entrada) adscrita a las grandes instituciones.

Se sirve de ser sede de organismos de otras administraciones, delega en el sector privado y en su manera de actuar bajo la ley de la oferta y la demanda con fines monetarios, y enmarca sus actuaciones vecinales en coordenadas periféricas de reducido alcance.

Aunque en sus mensajes institucionales Almeida y Villacís hablen de participación, pluralidad y sostenibilidad, los hechos nos demuestran que esa no es la realidad de lo visto y escuchado hasta ahora de su propuesta cultural. Una senda que corregir teniendo en cuenta los recursos con los que cuentan para ello y por la importancia y simbolismo nacional, europeo e iberoamericano que tiene Madrid.

* Artículo publicado orignalmente en elasombrario.com.

Manuela Carmena Castrillo es una abogada laboralista, juez emérita y política española que fue alcaldesa de Madrid desde junio de 2015 hasta junio de 2019.

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