Foto: Julio Locatelli

En 2020 Matemurga de Villa Crespo inicia sus ensayos teatrales a comienzos del mes de febrero, algunas semanas antes de lo habitual. Es que desde hace un año su calendario registra el viaje de 60 vecines a Portugal para presentar Herido barrio, su tercera obra, algunas escenas de La caravana, su primer espectáculo, y otras actividades y talleres junto a vecines de las ciudades de Lisboa, Faro y Quarteira. Enorme desafío para el grupo, un sueño colectivo por el que todes trabajamos con la enorme ilusión que semejante empresa conlleva. El sábado 7 de marzo tuvo lugar, como desde hace casi 10 años, nuestra Fiesta en la calle Tres Arroyos, esta vez con una función de Herido barrio. Allí, permiso de corte y seguro de responsabilidad civil mediante, montamos la platea y gradas para el público, la escenografía, las luces y el sonido. No faltaron las guirnaldas, las lamparitas de colores y tampoco los choris, claro. Más de 200 personas compartieron nuestra alegría y emoción por el viaje que emprenderíamos juntes en el mes de abril. Siete días después, el sábado 14 de marzo (aún no sabíamos que dejaríamos de encontrarnos por mucho tiempo), la gira se había suspendido. La felicidad y euforia de la semana anterior se transformó en congoja y desánimo. La cuarentena llegó y, conforme pasaban los días se tornó cada vez más necesario  y urgente encontrar maneras de sostener nuestro proyecto.

Origen del teatro comunitario argentino

El teatro comunitario, con características que le son propias, surge en el barrio de La Boca, Ciudad de Buenos Aires, a finales de la última dictadura militar, con el Grupo de teatro Catalinas Sur, a instancias de su director, Adhemar Bianchi[i], traza un camino basado en la reivindicación de las utopías y, por ende, en la posibilidad de la existencia de un mundo mejor. En 1996 con el nacimiento del Circuito Cultural Barracas que Ricardo Talento[ii] funda junto a Los Calandracas (Grupo de teatreros ambulantes) inicia una etapa de crecimiento y multiplicación. Ambos grupos, con directores de gran trayectoria, empiezan a pensar en la posibilidad de multiplicar este teatro de vecines para vecines donde confluyen lo cultural, lo teatral y lo social para conformar esta práctica altamente transformadora. Comienzan, entonces, la tarea de “entusiasmar”, según ellos mismos lo expresan, para que se creen en el país nuevos grupos. Así pues, nace, en 1999 La Murga de la Estación, en la ciudad de Posadas (Misiones) grupo que impulsa a su vez, en el año 2000, el surgimiento de La Murga del Monte, de Oberá (Misiones). Continúa así la multiplicación de este movimiento cultural con la conformación de numerosos grupos de teatro comunitario, en especial después de la crisis y estallido social de 2001 como muestra de la gran necesidad ciudadana de juntarse y de construir colectivamente.

Matemurga de Villa Crespo se reúne por primera vez la tarde del domingo 18 de agosto de 2002. Es también en ese año, fruto de esta nueva forma de intervenir en la vida pública y en la búsqueda colectiva de ideales comunes, cuando se crea la Red Nacional de Teatro Comunitario como un lugar donde compartir dificultades y aciertos de los grupos, un espacio de intercambio y construcción colectiva. Actualmente, esta Red congrega a unos 50 grupos en todo el país, varios de ellos en formación.

En contraposición al individualismo y al “sálvese quien pueda” instalado por el capitalismo, el teatro comunitario argentino trabaja en la defensa del “nosotres” como construcción de ciudadanía y sentido de comunidad.

Matemurga de Villa Crespo, grupo que integro desde hace más de 16 años, construye ficción sobre la base del derecho que todo ser humano tiene a la cultura y al arte. El teatro, entonces, no es una herramienta sino que la práctica artística se concibe como parte esencial de la vida de una comunidad[iii] que, a partir de su práctica, se transforma. Todos los grupos de teatro comunitario son abiertos y numerosos, Matemurga cuenta a la fecha con más de 90 integrantes que participan en alguno o varios de los espacios que el proyecto ofrece: teatro, orquesta y títeres.

El teatro comunitario es heterogéneo e inclusivo en todas sus formas ya que está integrado por gentes de todas las edades, religiones, profesiones, oficios y procedencias. En Matemurga los hay niñes, adultes, médicos/as, docentes, electricistas, empleadas/os, desempleados/as, comerciantes, etc.

Una de las características que define la práctica del teatro comunitario es su sistema de producción que no compite por la conquista del mercado ni se somete a demandas externas. Allí reside su potencial transformador, el arte deja de ser un producto que sólo se encuentra en las zonas céntricas de las ciudades y pasa a formar parte de la vida de un barrio, la capacidad creativa de les vecines adquiere valor a través de su participación comunitaria.

El trabajo territorial implica no solo crear lazos entre les integrantes sino también con la comunidad toda y Matemurga, en sus casi 18 años, ha generado vínculos con instituciones locales como escuelas, clubes, asociaciones, etc.

Trabajo territorial en pandemia

Pero, a partir del DNU que decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, la normalidad dejó de ser como la conocíamos y nos preguntamos ¿es posible hacer teatro comunitario en cuarentena?

Si los grupos de teatro comunitario cuentan historias desde su barrio, aunque no solo sean locales, y lo hacen siempre desde el “nosotres”, cómo hacerlo cuando los cuerpos no pueden compartir el mismo tiempo y espacio. Más aún, cuando el grupo se asienta en la Ciudad de Buenos Aires, uno de los distritos con el porcentaje más alto de casos de Covid-19 lo que, a las claras, anticipa que será de las últimas jurisdicciones en reactivar sus actividades siendo la actividad cultural en general y la teatral en particular la que está al final de la lista.

Y es aquí donde el rol que ejerce el equipo de coordinación es fundamental. Si bien la producción teatral es comunitaria, lo artístico es decidido por el equipo de coordinación, integrado por personas con formación, con el/la director/a a la cabeza. Es esencial que los grupos estén dirigidos por profesionales para que los espectáculos y conciertos tengan calidad artística y les vecines se sientan felices por el logro. Así trabaja Matemurga pero ¿cómo hacerlo cada une desde su casa?

Edith Scher, directora del grupo, destaca la importancia de la mística. En sus palabras,

“La mística empieza por saber el origen. Creo que es importante, para sentirse parte, conocer la historia del grupo en el que se participa. Por eso es fundamental la transmisión de les integrantes que están desde hace mucho tiempo a les integrantes que se se suman cada año. Como directora aliento permanentemente esa transmisión. ¿Quiénes somos? ¿Cómo y cuándo nacimos? La mística es, también, en directa relación con ese boca en boca, la llama encendida del «nosotres». Mucho más que eso: es echar combustible, de manera permanente, al hecho trascendente que significa dejar una marca colectiva en el tiempo, una huella de lo que ese ‘nosotres’ pudo hacer. Porque lo colectivo, lo plural tiene poder y fortaleza. La mística es apelar todo el tiempo a esa primera persona plural, a decir todo el tiempo ‘vamos, vamos’, es comunicar que todes somos importantes para que lo grupal florezca. La mística es creer genuinamente en esas cosas. Cuando se cree de verdad, se transmite entusiasmo, deseo y confianza. Por último, la mística tiene que ver también, con alentar el relato y tornarlo épico. ¿Cómo fue la tarde en que nació Matemurga? Llovía, llovía a cántaros, pero allí estaban 20 personas dispuestas a juntarse a pesar de todo” (comunicación personal, 2020).

Sostener el proyecto

Matemurga ha dado muestras de la calidad artística de sus espectáculos y de su constante voluntad y esfuerzo por crecer y ampliar el proyecto. El trabajo autogestivo y la gestión son pilares del crecimiento sostenido y sustentable del grupo. Los eventuales subsidios para proyectos puntuales y la enorme vocación de quienes coordinan el grupo son sostenes fundamentales e imprescindibles. No obstante, cada vez se torna más necesario incidir en las políticas públicas para que el Estado dimensione esta práctica de modo que el apoyo económico se vuelva regular. A finales de 2014 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la Ley 5227, modificatoria de la ley de Proteatro, que incorpora como beneficiarios a los grupos de teatro comunitario. Este subsidio es el único específico para el sector y sólo alcanza a los 10 grupos de la CABA. Sin embargo, no es suficiente para una actividad que en 2019 alcanzó a casi 1200 vecines que realizaron 350 funciones a las que asistieron unos 47.000 espectadores con un gasto anual de más de $17.000.000 (alquileres, honorarios de coordinadores, talleristas, contadores, equipamiento e insumos varios, etc.).

Un dato interesante para el desarrollo de políticas para el sector surge de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales que en 2017 incorporó un segmento con preguntas vinculadas a la cultura comunitaria de donde surge que un cuarto de la población participa de algún tipo de actividad o espacio vinculado con la cultura comunitaria.

Comenzada la cuarentena el restituido Ministerio de Cultura de la Nación difundió programas y acciones específicas para el sector cultural. El teatro comunitario recibió con beneplácito la noticia de la apertura de convocatoria del Programa Puntos de Cultura a la que todos los grupos del país aplicaron, la última había sido en 2016. El Instituto Nacional del Teatro incluyó al sector en el plan PODESTA aunque a la fecha (7 de junio) no se tienen precisiones al respecto.

A casi 80 días de cuarentena, luego de 37 años de crecimiento sostenido, se hace más que necesario el apoyo continuo del Estado para que la acción transformadora de esta práctica continúe aunque siempre conservará su capacidad de autogestión y su mística.

Así pues, sería deseable que se propendiera a una gestión integrada entre el Estado y organizaciones de la sociedad civil. El trabajo en conjunto podría ayudar a que sean generadas las políticas culturales que manifiestamente tiendan a un mayor y sostenido desarrollo económico y social.

Crear en cuarentena

Lo sorpresivo de la situación de confinamiento afectó a todes de modo que, al comienzo fueron los llamados telefónicos, sobre todo a les integrantes pertenecientes a la población de riesgo. Luego fue necesario encontrar la manera de seguir creando colectivamente, seguir construyendo desde el “nosotres” así que cada área lanzó sus propuestas que en ningún caso obligan a nadie pero que, con el correr de los días, alcanzaron un nivel de participación muy alto. Yamila Bavio, directora de La Orquesta del Mate[iv] cuenta que la orquesta había tenido el primer ensayo del año con varios integrantes nuevos que sólo llegaron a conocer el espacio y a les otres compañeres. En sus palabras,

“La cuarentena nos pega a todes de manera muy distinta. En lo que sí coincidimos es que la soledad nos hace mucho daño. A los que elegimos el arte comunitario ese vacío se nos hace muy grande. Además de extrañar familia, amigues, encuentros casuales, extrañamos nuestro ‘pueblito’. Y nuestro espacio creativo conjunto. La tecnología da muchas posibilidades, pero hacer música juntes es imposible” (comunicación personal, 2020).

Con relación a las actividades de la orquesta, Yamila cuenta que se comenzó con algunos juegos en cadena generando un resultado con la participación de todes y con momentos pautados para tocar cada une en su casa la misma canción a la misma hora, compartiendo luego con el grupo fotos y filmaciones. Luego se armaron varios grupos (por instrumentos) para hacer encuentros virtuales por distintas plataformas según las posibilidades de cada integrante. Durante estos encuentros se trabajan cuestiones técnicas de cada instrumento y de la teoría musical, se investiga sobre nuestros instrumentos en otras culturas, expresiones musicales y durante la semana se comparten los pequeños tesoros musicales que surgen de las búsquedas. El objetivo es armar un ‘mini producto’ grupal para compartir con les compañeres de los otros grupos. Respectó del por qué de estas propuestas virtuales, explica que

“Desarrollar la capacidad de escuchar, entender lo que escuchamos, descubrir qué queremos que suene cuando tocamos, saber qué es lo que conmueve a les otres cuando escuchan, es una parte muy importante del crecimiento musical individual y colectivo. Cosas a las que no podíamos dedicarles tiempo en la vorágine de ensayar, llegar a los conciertos, aprender temas nuevos, ayudar a les integrantes nuevos a sumarse a todos los temas, etc. La idea es que algunos de estos mini proyectos musicales crezcan y se incorporen a nuestro repertorio cuando podamos volver a encontrarnos de manera no virtual” (comunicación personal, 2020).

Les Titiriteres del Mate estaban en pleno desarrollo de su primer trabajo, Las andanzas del Cid en Villa Crespo. En noviembre de 2019 habían presentado un avance del espectáculo que se estrenaría completo en 2020. En estas semanas, les integrantes comparten videos con trabajos que realizan en sus casa a partir de las consignas dadas por el coordinador del área, Sergio Ponce.

Por su parte, Edith, directora general y fundadora de Matemurga, inicialmente propuso al elenco de teatro compartir versos con métricas específicas que fueron insumo de nuevas canciones. Esas canciones son aprendidas y ensayadas semanalmente por voces vía zoom. Matemurga siempre canta a dos o tres voces y la virtualidad ayuda a mejorar la afinación de les vecines ya que las reuniones son en pequeños grupos y la directora puede detenerse con cada une.

Los sábados por la tarde es el día de ensayo teatral pero como el teatro comunitario no puede producir ficción en la virtualidad se hacen reuniones en el horario de ensayo, en grupos de 10 u 11 que van rotando de horario cada sábado para encontrarse con otres cumpas. En esas reuniones surgió lo que hoy es el proyecto de un nuevo libro[v]. Matemurga  construye, crece y deja registro. El libro que se comenzó a gestar en tiempos de pandemia será también una construcción colectiva y, en este caso, contendrá la mejor historia de cada une de les integrantes.

Esas historias se escriben y comparten en las reuniones de los sábados para sumar sensaciones y emociones a esa voz que, una vez compiladas, será la voz de Matemurga.

Para sumar a la calidad artística, a los talleres de instrumentos se decidió ofrecer otros talleres virtuales que, como fue dicho, tienen un alto nivel de participación. Algunos testimonios dan cuenta de ello. Tessy, vecina actriz y música, participa del taller de flauta, su instrumento en la orquesta. Afirma que “escribir un libro con nuestras historias, escuchando y aportando a lo que escriben otros compañeros es una propuesta muy interesante” y participa del canto comunitario por zoom “porque cantamos canciones que fueron escritas por nosotros con la idea de cantarlas juntos cuando podamos reunirnos” (comunicación personal 2020).

Susana, vecina música, disfruta del taller de cuerdas y la escritura de historias mientras Emilia, vecina actriz, iluminadora del grupo y co directora junto a Edith del tercer espectáculo, cuenta que al comienzo de la cuarentena se preguntaba qué estrategias se podrían llevar a cabo para continuar de alguna manera. Actualmente participa de los talleres de sonido, audioperceptiva y conceptos de actuación “porque está buenísimo formarnos”. Destaca las reuniones de producción del libro ya que “poder producir un material artístico que tanto tiene que ver con nosotros en esta época es maravilloso” (comunicación personal 2020).

Gabriel cuenta que participa de los talleres de canto, audioperceptiva, titeres, cuestiones de actuacion y reuniones de los sábados para escribir el nuevo libro porque lo “hace sentir bien ser parte de este grupo maravilloso”.

Todes participan de la PeñaZoom de los sábados a la noche que Emilia describe como un “espacio de encuentro distendido, de brindis, de risas con los compañeros; tan importante como el espacio de trabajo” (comunicación personal 2020).

En palabras de Edith Scher “el arte es un formidable ensanchador del horizonte humano, en tanto permite y habilita imaginar fuera de los límites impuestos. Cuando una comunidad desarrolla su creatividad, con toda la amplitud que este concepto implica, comienza a dejar de ser espectadora de su destino, para pasar a ser parte activa de la vida social (y) el arte es parte central de esta transformación” (2011).

La pandemia pasará, no sabemos cuándo aún pero pasará. Tampoco sabemos cómo será la vuelta a la actividad presencial. Lo que sí sabemos es que seguiremos sosteniendo el espacio de creación de les vecines, nuestro espacio. Seguiremos soñando y trabajando en pos de nuestros sueños porque revindicamos las utopías y porque sabemos que, si lo hacemos entre todes, un mundo mejor es posible.


Bibliografía:

Benhabib, Diego y Santillán Güemes, Ricardo (2019). Valorizar lo propio, potenciar lo común. Gestión cultural para las organizaciones sociales. Buenos Aires, RGC Libros.

Berman, Mónica; Durán, Ana y Jaroslavsky, Sonia (2014). Pasado y presente de un mundo posible. Del teatro independiente al comunitario. Buenos Aires, Editorial Leviatán.

Bidegain, Marcela (2007). Teatro comunitario. Resistencia y transformación social. Buenos Aires, Editorial  Atuel.

Diario Página 12. El teatro comunitario busca mantener la llama de la creación colectiva | Pese al aislamiento social obligatorio – https://www.pagina12.com.ar/269905-el-teatro-comunitario-busca-mantener-la-llama-de-la-creacion. Consultado el 3/6/2020

Hanna, Andrea (2017). Teatro comunitario entre nosotros. Funámbulos, año 20.

Maraña, Maider (coord) (2010). Derechos culturales. Documentos básicos de Naciones Unidas. Bilbao, UNESCO Etxea.

Mercado, Camila (2019). En reversa la mirada y en futuro el corazón: teatro comunitario y disputas en torno al arte para la transformación social. En Infantino, Julieta (editora). Disputar la cultura. Arte y transformación social. Buenos Aires, RGC Libros.

Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología. SINCA (2017). https://www.sinca.gob.ar/VerDocumento.aspx?IdCategoria=10 Consultado el 5/6/2020

Scher Edith (2011). Teatro de vecinos. De la comunidad para la comunidad. Buenos Aires, Editorial Inteatro.


[i] Uruguayo, se formó en la Escuela de Arte Dramático Margarita Xirgu y en el Teatro Circular de Montevideo. Llega a Buenos Aires en 1973 empujado por los avatares políticos. En 1983 crea y desde entonces dirige el Grupo de teatro Catalinas Sur del barrio de La Boca.

[ii] Argentino, director desde 1987 del grupo de teatro Los Calandracas. Creador junto a la Lic. Andrea Maurizi de la técnica Teatro para armar basada en el teatro foro de Augusto Boal. Con el grupo Los Calandracas, funda el Circuito Cultural Barracas en 1996.

[iii] Párrafo 1 del artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad”

[iv] La Orquesta del Mate tuvo una prueba piloto en 2014 cuando Bavio aún vivía en Holanda y planeaba su retorno. Se consolida en septiembre de 2015 con 16 integrantes y en 2020 les vecines musiques suman casi 40.

[v] Matemurga ya cuenta con dos libros, uno narra sus primeros 10 años de historia y el segundo, con fotografías, hace lo propio hasta sus 15. También cuenta con tres CD, el primero contiene su primer espectáculo, La caravana y los otros dos las canciones de su segundo y tercer espectáculo, Zumba la risa y Herido barrio, respectivamente.

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