La ilustración es Cortesía de: COiNVITE.

Sabemos hoy que el universo además de componerse por cuerpos visibles en el espectro electromagnético, como las estrellas y galaxias, también contiene una materia no visible, denominada “materia oscura”, que sólo sabemos de su existencia por su influencia gravitacional en otros objetos (visibles). En nuestro espacio humano psíquico y social, la cultura, que sería el universo al cual nos vamos a referir, está compuesto por todo lo que percibimos a través de nuestros sentidos anatómicos y sociales, y además por todo lo que no logramos ver, o al menos comprender de manera inmediata.

¿Cuáles son esas cosas que nos vemos pero que influyen y transforman nuestro quehacer cultural? ¿Qué asuntos priorizar en el camino hacia un nuevo paradigma social? Se abre la posibilidad de explorar una Terra Incognita, y nuestra llegada, como nos enseña de manera trágica la colonización, marcará el sentido de cambio que le demos a este momento desde la acción cultural.

Aprendizajes para disputar narrativas

Esta crisis como punto de inflexión global nos plantea la pregunta por la cultura que tenemos y queremos proyectar al futuro. Múltiples reflexiones se dan por estos días sobre la crisis en nuestra sociedad contemporánea, para dos muestras ver la Sopa de Wuhan y La Fiebre, uno más de corte europeo y el otro desde el sur. Ambos compendios de pensamiento advierten la inminente crisis del capitalismo y la grieta estrecha pero posible que se abre para un cambio global en los modos de vida.

En una relación intrínseca a esa oportunidad de cambio, están los espacios artísticos y culturales que son entornos de cuidado mutuo, porque ofrecen momentos para el ser-persona y ser-comunidad, a través de los encuentros y las expresiones artísticas. Son seguros porque quienes los habitan son del vecindario, los amigos, la gente que vemos y descubrimos todos los días. Son creativos porque propician el intercambio diverso de experiencias y conocimiento. Son para el cambio porque en cada encuentro y proyecto común se tejen nuevas historias y aprendizajes.

Sin embargo, hoy se relega “lo cultural” a un segundo plano en las acciones de emergencia gubernamentales, porque la visión de cultura al supeditarse a la industria (como todo lo demás), no se cuenta como un bien de valor interseccional para las ciudades. Y eso tiene que ver con las maneras de reconocer la gestión cultural, que por tradición económica tiende a medirse desde el entretenimiento y el espectáculo, y no tanto por su cualidad y responsabilidad en el tejido social.

Más allá de las divisiones de la gestión administrativa de la cultura a través de ministerios, despachos  y secretarías, la experiencia cultural se vive y experimenta en los barrios a través de las agendas comunitarias. Antes de que las ayudas gubernamentales se empezarán a gestionar ya estaban las comunidades activando lazos de solidaridad y acciones de cuidado entre sí. Porque antes de la cuarentena la crisis ya estaba ahí. No obstante, con la pandemia por COVID-19, la brecha de la crisis se amplía de tajo, y manifiesta los vacíos que tenemos como sociedades en la construcción efectiva de políticas culturales transversales y acordes a las condiciones de los territorios.

En un proyecto cultural, una mujer de cincuenta años que trabaja en su casa cuidando y levantando a la familia con más trabajo, vendiendo arepas en la calle, se encuentra con un joven que vive su vida en torno a la música, y que camina la ciudad de extremo a extremo para estudiar o trabajar, y llevar algo para la casa. Son compañeros de creación, y juntos componen una canción para el festival que se acerca, se cuentan las cosas que viven, e imaginan así otras vías-vidas posibles.

Es en la experiencia de la creación colectiva, comunitaria, concertada y compartida donde los aprendizajes se manifiestan en nuevas narrativas y perspectivas para la vida en las ciudades y en el campo. Y por lo tanto es urgente que las políticas públicas de emergencia reconozcan de manera integral a esas organizaciones de base, que trabajan con y sin recursos en procesos de gestión comunitaria, comunicativa, artística y experimental. Porque los proyectos culturales son laboratorios, acostumbrados a ver posibilidades en las situaciones más complejas. Porque a través de convites construyen ideas y bienes comunes. Porque de manera orgánica extienden alianzas translocales de cooperativismo.

Los espacios culturales asentados en entornos populares son los que a paso lento construyen una narrativa del cambio. Y es aquí cuando el lugar de lo público retoma su importancia, porque esos bienes comunes inmateriales y vivos que se construyen o resignifican en los proyectos culturales, son producto del conocimiento comunitario y ciudadano, y por lo tanto deben reconocerse y velar por ellos en los momentos de crisis como ejercicio vital del Estado de protección.

Narrativas de la acción cultural comunitaria

La cultura que nace de las intenciones colectivas y de base, muestra nuevas dinámicas y formas de expresión y participación, en sintonía con la cultura del común; dinámicas que no son exclusivas a la emergencia por el COVID-19, pero que se manifiestan y fortalecen en situaciones de crisis. Los grupos artísticos y sociales, las organizaciones comunitarias y colectivos conformados, las redes de movilización ciudadana que no necesariamente tienen apoyo del gobierno o de entes de financiación, le dan cabida a nuevas prácticas y formas de vivir lo cultural.

En Colombia por estos días surgen una serie de alternativas como propuesta para la conexión, el contacto, la conversación y la comprensión de las realidades, a partir de los medios de acceso posible, análogos o digitales. Los problemas y las soluciones cambian de manera constante, el poder de la inteligencia colectiva es corresponsable de la mirada cíclica de los territorios.

Una familia campesina de Chipaqué Cundinamarca, decide abrir un canal en YouTube, Nubia e hijos,  con el fin de sobrellevar su sustento por la baja en el precio de sus productos en el mercado y la cantidad de intermediarios. Ofrecen en los videos sus productos en un “kit”, al mismo tiempo que enseñan sobre el cultivo de alimentos en casa.

Organizaciones sociales, muchas con más de treinta años de existencia de la Zona Nororiental de Medellín, presentan un plan para dar respuesta humanitaria frente al COVID-19. Proponen dos fases para mitigar el riesgo de contagio y aportar a las condiciones socioeconómicas de la zona, donde viven alrededor de 570.000 habitantes. Esta propuesta realizada por organizaciones de base comunitaria con aliados de la academia, formula: una primera fase para la prevención de contagio y atención de la pandemia, y la segunda para el Plan de Respuesta humanitaria al Covid-19 de la Zona Nororiental.

La lectura de cuentos a través de un dispositivo de amplificación para los niños de Bahía Solano en Chocó, por parte del espacio cultural Nuestro Motete, la naciente convocatoria al Festival virtual de circo Maratón rutinas de semáforo (Convención de malabaristas 2020 virtual) para los artistas callejeros del país, o iniciativas de emisoras virtuales como la de Morada Noticias o La Cuarta Estación de Medellín, continúan su misión de conexión con sus comunidades, pero además son activos en las estrategias locales de participación y atención a las comunidades más vulnerables. Estás acciones resultan poderosas y sirven de ejemplo porque develan una mirada auténtica sobre la idea de comunidad.

El conocimiento es un medio necesario en la gestión de la crisis, los datos, repositorios y mapeos otorgan a la ciudadanía herramientas de uso útil para la toma de decisiones. Colombia, también hace parte de Frena la Curva, y como en los demás países participantes, es una iniciativa de apoyo y movilización ciudadana durante la cuarentena. Toma un papel importante porque contribuye a resolver preguntas sobre cómo ayudar a través de información localizada. Además aporta información desde el conocimiento abierto para una biblioteca médica en línea sobre el COVID-19, y también dispone material multimedia de apoyo emocional.

Adicional a la mirada cultural como estrategia de comunicación y conexión social, está la propuesta artística como esencia de la manifestación misma de los pueblos y comunidades; por esta razón y desde un manifiesto ambicioso con mirada de presente y de futuro, aparece la Red de Espacios Culturales del Sur, que nace con el fin de fortalecer el trabajo conjunto como nodos irradiadores de narrativas y rumbos. Un espacio cultural comunitario conectado con el mundo como el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia de Medellín, hace parte de esta Red, como movilizador de la identidad cultural de un territorio diverso, movilizado por la comunidad activa, rico en propuestas artísticas y memorias barriales.

Con la consigna solidaridad inmediata, acciones efectivas nació 5 Propuestas para activar la potencia cultural de Colombia, una iniciativa de universidades, colectivos artísticos de la música, las artes escénicas, gestores culturales y demás actores que trabajan y viven de la cultura, que a partir de un pliego sencillo y claro plantea propuestas para el accionar político, de la sociedad civil y de los mismos miembros del sector para afrontar la coyuntura por la crisis, con el fin de propiciar ideas innovadoras y urgentes a partir del pensamiento colectivo y las agendas comunes.

Las organizaciones culturales junto a los colectivos, grupos, redes y laboratorios de las ciudades ponen en valor el saber co-creado en los territorios; proponen, expresan y transmutan las realidades, en crisis o no. Y en los momentos en que la incertidumbre acecha más, la reinvención y la creatividad lanzan su carta. Por eso relegar su rol a una dimensión secundaria es un error ecosistémico, porque los procesos culturales actúan como nodos que ayudan a sostener desde el conocimiento compartido a las comunidades.

La minga y el convite son acciones autóctonas que nacieron de la solidaridad entre vecinos, y  son formas que levantaron los barrios de las ciudades latinoamericanas. ¿Es posible pensar en acciones colectivas sin propiciar el contacto?, ¿qué aprendizajes han quedado que están siendo aplicados en la actual crisis? Es este también un escenario propicio para mirar el alcance que puede significar ciertas medidas para la gestión cultural, pero también para recuperar y potenciar las formas co-diseñadas por las comunidades como guías culturales para el futuro.

Discursos y decisiones en tensión

La disputa tiene que ver con la forma en que se actúa en relación al discurso. La distancia entre la acción y la narrativa de los gobiernos sigue siendo crítica. Las palabras como actos locutivos, referencian pensamientos o razonamientos que puestos a la luz pública cobran un sentido de mayor responsabilidad. Las tensiones que se generan con las estrategias de ayuda al sector cultural demuestran que aún falta sincronizar la noción de gestión cultural en el país.

En Colombia, la cultura aporta el 1.8% del PIB Nacional y además aporta a la generación de empleo en el país. De acuerdo a las acciones direccionadas a la ECONOMÍA NARANJA por parte del gobierno actual de Iván Duque el aporte del PIB es de 3.4%, más que lo aportado por la minería y la agricultura.

En un año y medio del actual gobierno es posible preguntarse: ¿por qué si la cultura es tan importante para la economía, el sector no está preparado para enfrentar con mayor capacidad la crisis por el COVID-19? Los artistas sienten que “los decretos que ha sacado han convencido a muchos de las falencias de su concepción de lo naranja” [1].

A continuación algunas de las medidas que el Gobierno Nacional se encuentra implementando:

Decreto 475 del 25 de marzo de 2020

Por el cual se dictan medidas especiales relacionadas con el sector Cultura, dentro del Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica

a. Beneficios Económicos Periódicos (BEPS)

A través del cual se busca la protección a 500 artistas y gestores culturales adultos mayores, con una inversión de $80.000 millones.

Este beneficio no es una novedad. El recurso viene del 20% de la estampilla Procultura[2] que viene de una renta específica, y estaban atrapados en los gobiernos locales y regionales. En síntesis no es una medida pensada dentro de la emergencia. Es más una forma de agilizar la entrega del recurso ya priorizado antes de la pandemia.

b. Beneficios para espectáculos públicos de las artes escénicas

Destinación transitoria de los recursos de la contribución parafiscal de espectáculos públicos de artes escénicas. La intención con este beneficio es que “los recursos que se giren hasta el 31 de diciembre de 2020 por parte del Ministerio de Cultura a los municipios y distritos, podrán destinarse hasta el 30 de septiembre de 2021 para apoyar al sector cultural de las artes escénicas en las actividades de creación, formación virtual, producción y circulación, en cualquier modalidad (presencial o virtual)”.

Este beneficio tiene el riesgo de no ser equitativo, ya que el mayor porcentaje en el recurso se lo llevan las ciudades más grandes, que generalmente son las que tienen mayor ingreso por boletería[3]. Por otra parte la entrega oportuna de los recursos dependen de los términos de las convocatorias y éstos son construidos por los responsables en cada municipio y distrito, pero al denominarse como convocatorias ágiles se espera que los beneficiarios de estímulos para creación y producción puedan recibirlo, y por tanto ejecutarlo en estos momentos de crisis.

c. Ampliación de plazos en pagos parafiscales

Para Artes Escénicas

Los productores responsables de realizar la declaración y pago de la contribución parafiscal de los espectáculos públicos de las artes escénicas de que trata la ley 1493 de 2011, como permanentes u ocasionales podrán declarar y pagar entre el mes de septiembre y octubre, según corresponda.

Para el Desarrollo Cinematográfico

Los responsables de por la ley 814 de 2003, que corresponde a las actividades realizadas entre los meses de mayo a junio de 2020, podrán cumplir con su obligación tributaria hasta el 30 de

septiembre de 2020.

La ampliación de plazos para el cumplimiento en los pagos parafiscales es necesario, sin embargo las fechas estipuladas corresponden a periodos donde aún el país estará en cuarentena o con restricciones para el sector, especialmente los eventos con aglomeración de personas. Es paradójico teniendo en cuenta que se habla de artes escénicas y desarrollo cinematográfico.

d. Ampliación de fechas para la realización de eventos apoyados por los programas nacionales de Concertación y Estímulos

Con el fin de garantizar el desarrollo de los proyectos apoyados a través de los programas nacionales de Estímulos (convocatoria 2019) y Concertación Cultural (convocatoria 2020), en más de 500 municipios, el Ministerio de Cultura dará la posibilidad de ampliar la fecha para la realización de estos eventos.

Es necesario, porque de no ser así tocaría cambiar los términos de referencia de becas y estímulos ya otorgados, y eso no es viable.

Decreto 561 de 2020 – EVA

Por el cual se adoptan medidas transitorias en materia de cultura en el marco del Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica.

Que el dinero correspondiente al Impuesto Nacional al Consumo con destino a Cultura, que será girado por el Ministerio de Cultura a departamentos, municipios y distritos, debe ser destinado transitoriamente para contribuir, con transferencias monetarias no condicionadas o incentivos económicos, a la subsistencia de los artistas, creadores y gestores culturales, que demuestren su estado de vulnerabilidad. Recursos del cual, un mínimo del 3% de su total se destinará a los artistas, creadores y gestores culturales con discapacidad.

Con esta medida para mostrar el estado de vulnerabilidad los artistas, creadores y gestores deberán estar en el censo, que cada uno de los municipios debe implementar, y para recibir el incentivo que será de 480.000 pesos en total, el beneficiario no puede recibir ayuda de otro programa oficial.

Las organizaciones, personas y colectivos se mueven con propuestas como conversatorios, seminarios online, obras de teatro, intercambios artísticos, lecturas en voz alta, exposiciones virtuales, conciertos, mercados artesanales, festivales de música y de literatura, se convocan y experimentan como “mingas virtuales”[4]. Pero con la desventaja real sobre la brecha en el acceso, pues estos contenidos no llegan a todos, y la conectividad e interactividad para una participación en red en línea, sigue siendo un lujo de unos cuantos.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones de las Naciones Unidas, el 86% de la población de los países desarrollados tiene acceso a internet, frente a un mero 47% en los países en desarrollo. ITU, 2019: “Measuring Digital Development”, p. 2.

En realidad es que es difícil que la gestión cultural tenga prioridad en un país y un continente donde la sombra neoliberal siempre quiere aplastar lo demás. La sensación que queda con los decretos implementados es que en su mayoría son reencauches de recursos y medidas planteadas en años previos, y lo que buscan es agilizar su ejecución. Las medidas resultan insuficientes frente a las necesidades latentes y aún más cuando el discurso pre-pandemia contaba otra historia. El ideal de industria cultural, planteado como la ruta de gestión para latinoamérica y el mundo, se queda vacío. No obstante, la cultura en su dimensión simbólica y de construcción colectiva sigue siendo materia en contrapeso desde las acciones solidarias y los aprendizajes de base.

Narrativas para disputar aprendizajes

Y entonces, ¿dónde está la esperanza?. Boaventura de Sousa manifiesta que la esperanza está en las comunidades y en el cambio de las alianzas, mingas que nos ayuden a poner en valor la perspectiva desde abajo, desde la interculturalidad. Los conocimientos ancestrales, si bien no resuelven crisis agudas como las que estamos viviendo, sí son fundamentales para comprender y atender necesidades de los territorios de manera integral. Asimismo destaca la lucha pacífica como la idea clave para seguir adelante en términos de oportunidad para la esperanza.

Globalizar las luchas y localizar la acción. Como la soberanía alimentaria, la defensa de los derechos de la naturaleza y los feminismos. En este punto de crisis civilizatoria, es tarea para el cambio cuestionar las relaciones de poder, y abrir debates sobre la distribución de los recursos, las desigualdades y la concepción de lo público.

La cultura está en contra corriente, cuando suceden acontecimientos duros en los países, en los barrios, cuando se atenta contra los derechos, se abusa del poder y se perjudica el mínimo vital, ahí está la sociedad civil levantando la mano, manifestándose a través del arte, el juego, la lectura y la conversación profunda. Los trabajadores de la cultura están en contracorriente porque quieren unas ciudades distintas, con oportunidades reales y sin desigualdad, porque creen en el buen vivir. Porque su trabajo es la comunidad, de la cual son y hacen parte todos los días.

La ciudadanía exige, comprensiblemente, unas instituciones más abiertas, transparentes y accesibles. Diversos ejes, círculos y grupos de cultura están desbordando el foco acotado de lo sectorial y exigen la apertura de nuevos espacios y nuevos modos de interlocución con las administraciones. La cultura que nace desde la autonomía, los ámbitos independientes y las prácticas críticas nos señala nuevas formas de entender lo que podría ser una cultura del común. (Rowan, 2016, p.11)

Todos los procesos tienen una forma de desarrollarse diferente, pero son precisamente esos modos de hacerlo, vivirlo, contarlo y compartirlo lo que le da valor y continuidad a la práctica cultural en clave de resiliencia. El ideal está en la sinergia entre comunidades y gobiernos para el fortalecimiento de las acciones de ayuda y evolución comunitaria.

Tal como lo plantea Bruner (2003) en La Fábrica de historias:

“Narramos para darle sentido a nuestras vidas, para comprender lo extraño de nuestra condición humana. Los relatos nos ayudan a dominar los errores y las sorpresas. Vuelven menos extraordinarios los sucesos imprevistos al derivarlos del mundo habitual. La narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo previsto y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación. Y nunca es inocente”.

Es la forma de hacer y contar lo que le da sentido al cambio. Y son los proyectos y espacios de gestión cultural, los dinamizadores por naturaleza de la incidencia narrativa en los procesos de resiliencia.

Aquí estamos, decidiéndonos por el futuro. La sacudida de una pandemia agitó nuestra realidad embelesada en una cotidianidad anormal que ha puesto en riesgo la vida digna de todos. Salimos de la normalidad-anormal. Nos encontramos en un estado de rareza que aguza la mirada y nos lleva a pensarnos y existirnos de otro modo. Se manifiesta un punto jumbar de la civilización como la conocemos, en la segunda década del siglo XXI, y lo que pase con la mirada cultural es determinante para que el camino que transitemos tenga como horizonte la distopía o la utopía.

María Juliana Yepes Burgos y Ana María Restrepo Aguilar

[1] Duque.T.(27 abril 2020). El Covid obliga a los artistas a reinventarse por fuera de la naranja de Duque. La Silla Vacía.Recuperado de:

https://lasillavacia.com/covid-obliga-los-artistas-reinventarse-fuera-naranja-duque-76414

[2]  Gravamen establecido en el artículo 38 de la Ley General de Cultura –Ley 397 de 1997- para contribuir a la financiación del quehacer cultural en las diferentes regiones del país. Este gravamen está reglamentado por la Ley 666 de 2001, la cual, en su artículo primero, autoriza a las Asambleas Departamentales, a los Concejos Distritales y a los Concejos Municipales para crear un impuesto territorial denominado Estampilla Procultura, cuyo recaudo lo administra el ente territorial de acuerdo con la normativa vigente.

[3] Para el año 2020 el valor por Unidad de Valor Tributarios quedó fijado en $35.607, y para boletería aplica por 3 o más UVTs.

[4] Boaventura De Sousa

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