Madrid, 29 de mayo, en el Estado de Alarma decretado por el COVID-19

Evidentemente escribir estas reflexiones en el día 73 de un confinamiento,  producido por el llamado Estado de Alarma  por causa de la pandemia extendida por todo el mundo por un coronavirus, no es quizás el mejor momento para hacer futurología, así que con toda cautela y prevención lo más que podemos hacer es ejercer el noble arte del análisis y la reflexión, para encarar algunas cuestiones en un posible futuro sin caer en retóricas de agoreros o recetas de apocalípticos.

Siempre, en mi tarea de gestor, he tenido una actitud positiva ante las numerosas “crisis” que he tenido que afrontar a lo largo de mi vida profesional. No cabe duda que nunca habrán sido, quizás, de este calado, pero en pequeña escala pienso que desde los años 70 del pasado siglo siempre estoy oyendo hablar de la crisis, cuando no desaparición de las artes en vivo, por lo que metafóricamente podríamos afirmar que “virus” de diferentes modelos han estado atacando a nuestro sector desde diferentes campos de batalla.

Quiero recordar aquí, que ni la peste negra del Medievo, ni las catástrofes naturales de diferente tipo, ni la aparición del cine, luego la televisión y luego los videojuegos, ni la “gripe española” de comienzos del XX, ni las políticas administrativas de diferentes gobiernos neoliberales o populistas, ni algún que otro crítico de nuestra propia tribu han podido acabar hasta el año 2020 con el teatro, la danza, la ópera, el circo, la performance o cualquier ceremonia de la representación en vivo. ¿Podrá hacerlo el COVID-19? Pues me encuentro entre los que piensan que NO.

Ahora bien, estos meses, que aún duraran bastante de confinamiento, no cabe duda, que han enfrentado a un estado de shock a nuestra profesión. Y, de ahí, podemos salir con ganas de aprender nuevas técnicas productivas y creativas de realizar espectáculos, o arrojar la toalla. Lo que no creo es en aquellas recetas que pasan por plantear que la única salida “a lo nuestro” pasa por lo virtual. Puede que yo ya pertenezca a una última generación de diplodocus del teatro, pero me niego a dejar de luchar por que volvamos a sentir la magia que implica la ceremonia de una creación en vivo, sea en el espacio que sea, y con un auditorio de espectadores reales. Que experimentos con las nuevas tecnologías me parece perfecto, es algo que llevo reivindicando como director de escena y dramaturgo desde hace mucho tiempo, pero caer en la melancolía o depresión de que “Ya nada será igual”, es algo que entra en la obviedad del paso de la Historia como motor de transformaciones.

Puede que la pandemia haya acelerado procesos, pero desde el punto de vista de la gestión los retos siguen siendo los mismos que antes de ella: ¿Cómo podemos interesar con nuestra creación escénica a una sociedad actual?. Y es aquí, donde en el territorio de la gestión, deberemos encontrar nuevas estrategias para hacer sostenibles los nuevos proyectos creativos.

Como esta revista tiene vocación iberoamericana y mi compromiso con sus gestores y creadores ha sido constante, intentaré “salir de mi visión española”, pues sobre ella estoy escribiendo en el presente, intentando mostrar que desde hace años nuestro sistema escénico está aquejado de “fallos estructurales” que con la llegada del virus han mostrado todas sus carencias. Lo mismo ha pasado con la sanidad pública, cuando ahora la derecha se escandaliza de los muertos que se van sucediendo, cuando ha sido en sus años en el poder, lo mismo que en sus feudos de provincias, los que han desmantelado el sistema con sus recortes y privatizaciones. Lo mismo que en educación y cultura.

Cierto que en el ámbito iberoamericano, casi nunca, nuestros gobernantes han entendido la cultura como bien público, ni como una industria y un artesanado que fortalece el PIB, la generación de empleo y la calidad de vida. Es más, en muchos países y en diferentes épocas se ha entendido la cultura como un privilegio de unos pocos intelectuales y por ello una práctica peligrosa para el poder.

Una cuestión importante para pensar la gestión del futuro es cómo vamos a salir del pico de la pandemia, y en qué país concreto. La post gestión del virus tendrá que ver también con su duración, porque en nuestra práctica escénica, insisto que en vivo, hay factores fundamentales que tendremos que tener en cuenta:

  1. El miedo a volver a asistir a espectáculos en vivo por parte de una parte de la población. Si no tengo duda que cuando se permitan los grandes conciertos de las estrellas de la canción la gente volverá a llenarlos, dudo mucho que los proyectos de teatro o danza fuera del mercado dominante puedan tener esa repercusión.
  2. Los aforos se reduciran , por lo tanto la rentabilidad de los teatros privados o de las salas independientes se verán muy mermados en sus ingresos. ¿Cómo hacer sostenible un espectáculo? ¿Se volverán a llenar los escenarios de monólogos o de obras de no más de tres actores o bailarines?
  3. Aparecerá la discusión sobre el tema del repertorio ¿Qué propuesta hacer? Unos dirán que no es tiempo de teatro de arte o pensamiento porque lo que hace falta es que la gente salga de la pesadilla con risas y musicales. Ya pasó al acabar la guerra mundial o después del crack del 29.
  4. Muchos venderán la gran panacea del teatro en video o en línea o como tecnológicamente se le llame. Pero ¿han pensando cómo y cuanto se recaudará con esas experiencias?. Me imagino que una retrasmisión de una ópera desde un gran teatro, como por cierto ya se está haciendo en cines desde hace tiempo, podrá resultar rentable. Pero ¿para una sala de Madrid, Buenos Aires. Montevideo o México le servirá para poder, ni siquiera cubrir gastos? Un dato concreto, hoy día 27 de mayo, me acaban de comunicar que con este sistema de teatro en casa la grabación que existía de mi puesta en escena de “La paz perpetua” de Juan Mayorga, en la sala porteña de ANDAMIO 90, ha obtenido este fin de semana la recaudación de 200 pesos argentinos, es decir, no llega a tres euros. Por mucha resiliencia que se tenga los profesionales de la escena no podrán sobrevivir bajo estos parámetros. Y, que conste, estoy totalmente a favor de explorar esos territorios, pero sin excluir la práctica tradicional (que no convencional).
  5. La dependencia de las subvenciones de las Administraciones Públicas. Siempre he sido y seré patidario de la intervención económica, nunca de otro modo, de lo público en el mantenimiento de una cultura como bien de la sociedad y preservadora de la memoria colectiva de los pueblos. Pero me temo, por lo que estoy leyendo en diferentes acciones de los países iberoamericanos, que casi todo piensa emplearse en subvenciones puntuales y no en propuestas a medio y largo plazo que, precisamente, resuelvan parte de los problemas estructurales que atenazan a nuestra profesión desde hace año. Es preciso articular planes a corto, medio y largo plazo, si no me temo que puede ser el pan de hoy y el hambre de mañana aunque, por supuesto que para llegar a ese mañana hay que comer hoy. Bienvenidos sean los planes de emergencia, pero pensemos que no podrán ser sustentables a largo plazo.
  6. Los cambios de hábitos en la ciudadanía para asistir a los edificios escénicos van a ser bastante palpables. Habrá que hacer una inversión fuerte en rehabilitación de los espacios, en las medidas de higiene y seguridad, con un aumento del gasto para los propietarios de salas en esas obras y en todo lo que conllevará el mantenimiento de la higiene: mascarillas, geles, limpieza continua. ¿Hay muchas salas alternativas que pueden plantearse estos costos?. De ahí lo que planteaba al principio de cuanta va a ser la duración hasta lo que llaman, eufemísticamente, nueva normalidad. Y, lo más grave que deduzco, esta se quedará ya instalada esa nueva realidad como forma de control por parte del Estado, sea del signo que sea, para mucho tiempo. Puede que lo que se entendió en otro tiempo como distopía sea lo que nos toque vivir como en uno de esos relatos clásicos de ciencia ficción. Y, puede, que ahí el teatro vuelva a tener mucho que ver con acciones de transgresión que de mercado del ocio.
  7. Cada vez será más claro en esta post etapa de la pandemia el razonamiento de García Canclini cuando reflexionaba si la cultura se realizaba para consumidores o ciudadanos. Habrá que elegir los caminos que cada artista, productor, gestor o técnico quiera accionar. Y, ahí, me parece interesante pensar que mucha impostura caerá por su propio peso.
  8. No hay duda que donde más habrá que avanzar tecnológicamente es la gestión de los proyectos, por eso las Administraciones Públicas y los gestores culturales de todo tipo tendrán que invertir en Inversión y Desarrollo. Si no estamos conectados con el mundo por medio de las redes sociales difícilmente podremos colocar nuestra propuesta en el mercado, sea este del tipo que queremos elegir como nuestro marco adecuado.
  9. La importancia del reciclaje profesional en las tareas de gestión. Mayor preparación, justo en los temas de tecnología aplicada y ampliar los campos de la imaginación en temas como formas de producir, exhibir y promocionar.
  10. Replanteamientos estéticos en las propuestas de montajes, fundamentalmente a corto plazo, ya que como parece va a ser muy difícil que aprueben temas tan básicos como los contactos físicos, los besos o los abrazos, o las diferentes formas de comunicación artística en géneros, tan claros, como la danza. Quizás ha llegado la hora de revisar el concepto de “distanciación”, aunque creo que la traducción más exacta sería “extrañamiento”.
  11. La necesidad imperiosa de crear nuevas relaciones, en todos los sentidos, y sobre todo, como el administrativo o lo productivo, entre lo público y lo privado. Es imprescindible explorar fórmulas entre los proyectos artísticos y la sociedad civil. Y es urgente y necesario que las estrictas normativas de las Administraciones Públicas en su relación con la Cultura se hagan más agiles y útiles. Seguimos en tiempos que parecen más de otro siglo que aplicaciones acordes con las nuevas tecnologías.
  12. Reinventar o, al menos, rediseñar alternativas de creación de tejido por parte de los profesionales de la gestión y la creación de Redes, Circuitos, Modelos de Residencia, Festivales, Muestras y toda propuesta que sirva para fortalecer el intercambio y la integración de las Artes Escénicas.

Para terminar, y como proposición optimista de gestión y, basada en el compromiso y en el trabajo de futuro para una recuperación pronta de los efectos de la crisis, me parece que sería interesante pensar en algunas claves de autogestión, que aunque tengan en cuenta la importancia de las ayudas públicas puedan caminar en acciones alternativas :

1.- Vincularse fuertemente a la Comunidad a la que se pertenece para desarrollar conjuntamente proyectos de sinergia con proyectos que incidan en la diversidad cultural.
2.- Replantear los organigramas internos de los grupos y compañía teatrales para adaptarlos a las necesidades del momento.

3.- Explorar en temáticas y repertorios que puedan conectar con públicos diversos, saliendo del estrecho concepto que, a veces, se ha entendido como “público”.

4.- Es evidente que nuevas propuestas artísticas deben buscar nuevas formas de recepción.

5.- Establecer un fuerte compromiso con el proyecto cultural que se quiere emprender, sin retóricas ni lloriqueos.

6.-Buscar, con imaginación, formas de creación y producción que huyan de lo convencional y establezcan pautas diferenciadas de lo que se querrá imponer como “nueva realidad”.

7.- Empeñarse en fidelizar audiencias, más allá de lo que podríamos entender como “público volátil”, que siendo necesario no será suficiente para sostener proyectos de largo recorrido.

8.- Ser ágiles a la hora de encontrar modalidades de comunicación, tanto entre pares, como con la comunidad en general. Importancia de incidir en estrategias de comunicación que no se basen, solo, en cuestiones obvias de la calidad de la propuesta, sino en otras bondades relacionadas con el entorno en el que pretendemos se inscriba nuestro proyecto. Salir del concepto de calidad como envoltorio de lo productivo para anlizar el rigor en lo creativo.

9.- Explorar en nuevas fuentes de financiación para los proyectos. Encontrar los suficientes pliegues entre lo público y lo privado y entender que la complicidad de un ciudadano con el discurso ético y estético de nuestro proyecto es fundamental.

10.- Apostar por la continuidad de los proyectos , si bien puede desarrollarse una dialéctica, aportando propuestas efímeras o más concretas en el tiempo, como forma de compatibilizar presupuestos estables en el tiempo.

11.- Salir  a la búsqueda de aquellos públicos que no suelen acudir a las representaciones en vivo, aportando discursos en los que se pueda apreciar los diferentes atractivos del proyecto, más allá de las consabidas fórmulas y slogans al uso.

12.- Crear tejido con otros proyectos que puedan sintonizar con nuestras propuestas. Incidir en la importancia en las redes de intercambio.

En fin, puede que estos pensamientos sean puros delirios producidos por el largo tiempo en cuarentena. Pero lo que tengo claro es que, nada más me dejen salir de este encierro, voy a volver a ponerme a trabajar con todo ahínco para que el necesario equilibrio entre creación y producción me permita seguir ejerciendo estos dos oficios a los que siempre me he entregado con igual pasión.

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