Este tiempo de inactividad presencial ha dado espacio a un sinnúmero de reflexiones sobre nuestra actividad en particular – el teatro independiente – y sobre el sector cultural en general. Se escuchan y se leen distintas consideraciones, desde que ya nada será igual, hasta que no hay forma de modificar estructuralmente nada. En el medio, tal vez haya una amplia gama de posibilidades para seguir pensando.

Una de las cuestiones que cobró mayor notoriedad y consensos es la gran precarización del sector cultural, con la paradoja de que se trata de rubros que tienen una valoración simbólica alta y sin embargo un lugar absolutamente poco jerarquizado. En particular en el teatro independiente su historia se construyó y se sigue construyendo sobre la base de fuertes activismos con voluntades y voluntarismos muchas veces atravesadas por batallas colectivas o individuales más o menos intrépidas. Muches de nosotres tuvimos que devenir gestores culturales para poder seguir teniendo una actividad en el mundo artístico, cuya mayor característica temporal es, en realidad, la eventualidad. En el camino fuimos compartiendo, en porciones similares, lo laboral, lo profesional, lo académico con el activismo y la militancia por el teatro independiente. Toda esta amalgama incorporada a la gestión cultural independiente fue siempre una usina de tensiones dinamizadoras en donde siempre se trató que lo laboral y lo académico no fuese visto como limitante para lo artístico, así como el activismo, la vocación y la profesionalidad no sean conceptos enfrentados.

De la misma forma se ve en estos momentos potenciado el debate sobre la viabilidad de nuestra autogestión, que abarca nuestro propio empleo como trabajadores de la cultura, nuestro activismo y nuestra militancia. Lo primero que tenemos que decir es todo lo que aporta nuestro sector autogestivo no solamente a la cultura sino a la circulación económica de cada barrio y de cada lugar en donde un teatro genera actividad. Además de brindar un lugar de experimentación y crecimiento a distintas generaciones de artistas, echamos a rodar una rueda de movimiento alrededor de todo espacio, que va cobrando vida con el tiempo. Pero además, y tal vez no menos importante, se genera un valor simbólico que muchas veces se termina transformando, para el mismo, barrio en valor económico.

Ahora bien, no está demás aclarar que las salas de teatro independiente no son ni realizan un negocio. En general les trabajadores que gestionamos muchos teatros independientes no le ponemos un valor monetario a nuestras horas de trabajo y solemos desistir de un ingreso en pos de gastos de funcionamiento o mantenimiento. Lo hacemos por convicción y militancia cultural pero también porque sabemos que estamos defendiendo cada proyecto personal y colectivo que fue construido con esfuerzo en el tiempo y que cuenta con una riqueza simbólica a la que nos aferramos. Sin embargo sostenemos un andamiaje complejo con la intervención de distintos rubros y servicios y con distintos niveles de compromisos e involucramientos en el propio proyecto.

Lo cierto es que el principal interrogante que se generó en el medio de esta pandemia mundial es si todo esto puede seguir así. Las respuestas serán muchas y muy variadas. De lo que estamos seguros es que si el teatro y la cultura independiente en general tienen un valor para la riqueza simbólica y económica de nuestra ciudad, de nuestro país y del mundo, entonces los Estados deberán prestar mucha más atención en contribuir a la sostenibilidad del sector. Hemos asistido con asombro y cierto temor a algunas reflexiones que quieren ligar nuestra sustentabilidad a la cantidad de espectadores. Si bien siempre propiciamos políticas públicas que aborden el tema de la formación de públicos, nuestra importancia radica en la capacidad de generar experimentación, nuevos lenguajes y la capacitación de artistas que generación tras generación nutren toda la oferta teatral, ya sea independiente, comercial u oficial. Los Estados deben atender la especificidad de nuestro sector que, como decíamos, tiene entre sus principales características la eventualidad y la discontinuidad. Allí radica el desafío en relación a la creatividad que deben tener las políticas públicas para considerar coberturas que atiendan esa problemática y que lleven seguridad a quienes trabajamos en la gestión, en la administración y en los distintos rubros artísticos y técnicos. No se trata solamente de pensar la emergencia, en la que será imprescindible el acompañamiento de los Estados para resguardar el sostenimiento del sector, con ayudas y aportes extraordinarios, sino también pensar el mediano y largo plazo, cuando podamos lentamente abrir nuestros teatros al público y sigamos necesitando ese acompañamiento.

Sabemos que se trata ni más ni menos que de recursos. Si miramos los presupuestos de Cultura, se le asignan porcentajes y sumas mínimas en el contexto de los presupuestos generales. Que la ciudad más rica del país le asigne menos del 1% del presupuesto de su Ministerio de Cultura al teatro independiente revela su falta de interés. ARTEI viene sosteniendo hace un tiempo que al menos el 5% de dicho presupuesto debe estar destinado a financiar los Programas de la Cultura Independiente como Proteatro, Prodanza, Bamusica, Fondo Metropolitano, etc. En el mismo sentido venimos sosteniendo la necesidad, en el plano nacional, del refuerzo presupuestario al Instituto Nacional del Teatro. El INT tiene una asignación de recursos asegurada mediante su ley de creación (Ley 24.800) que en uno de sus artículos estipula que sus recursos se integran con el 10% “de las sumas efectivamente percibidas por el Comité Federal de Radiodifusión o el organismo que haga sus veces, en concepto de gravamen”. Sin embargo dicha Ley también establece que al INT se le debería asignar una suma anual para su funcionamiento en el Presupuesto Nacional de la Administración General. En el transcurso de todos estos años el INT se fue ajustando a funcionar con la recaudación específica del 10% mencionado. Las circunstancias actuales demostraron que tanto en esta emergencia como hacia el futuro, ese presupuesto se torna absolutamente limitado y no permite al INT responder correctamente a la creciente demanda. Artei acaba de realizar gestiones ante la Cámara de Diputados de la Nación, en momentos de discutirse la Ley de Ampliación del Presupuesto, expresando esta situación y solicitando el incremento presupuestario.

Tanto a nivel de la ciudad como a nivel nacional estamos hablando de incrementos presupuestarios que, de concretarse, seguirían siendo porcentajes mínimos en relación al Presupuesto General, pero que comenzarían a torcer un camino de desinversión apostando al financiamiento de un sector que necesita impulso y continuidad. Podrían, en la emergencia, atender la necesidad de ingresos básicos para trabajadores de la cultura independiente, que junto a una política de reducción de tarifas de los servicios públicos y apoyos a los espacios que alquilan, colaborarían en sostener el entramado cultural independiente con el menor cierre de espacios posible. Pero al mismo tiempo, en el mediano y largo plazo, podrían atender estrategias de sostenibilidad que atiendan la particularidad de la eventualidad y, fundamentalmente, que pongan de relieve la importancia del teatro independiente al entramado cultural argentino.

 

Las salas que integran ARTEI: ½ Mundo, Club de Arte – Abasto Social club – Abre Teatro – Actors Studio – Aérea Teatro – Andamio 90 – Anfitrión – Apacheta – Beckett Teatro – Belisario – Boedo XXI – Brilla Cordelia – Buenas Artes Social Club – Cara a Cara – Casa Teatro Estudio – Centro Cultural El Deseo – Centro Cultural Raíces – Chacarerean teatro – Circuito Cultural Barracas – Club de Trapecistas – Código Montesco – Columbia – Crisol Teatro – De la Fabula – Del Pasillo – DelBorde – Dumont 4040 – El Alambique – El Arenal Teatro – El Artilugio – El Astrolabio – El Bululú – El Calibán – El Camarín de las Musas – El Celcit – El Colonial –  El Damero – El Excéntrico de la 18 – El Fino – El Galpón de Catalinas – EL Galpón de Guevara – El Grito – El Jufre – El Ópalo – El Popular – El Portón de Sánchez – El Tinglado – El Vitral – Entretelones – Espacio Abierto – Espacio Aguirre – Espacio Callejón – Espacio Gadí – Espacio Sísmico – Espacio Tole Tole – Fandango Teatro – Fraymocho – IFT – La Carpintería – La Casa – La Galera – La Gloria, Espacio Teatral – La Mascara – La Mueca – La Pausa – La Ranchería – La Scala De San Telmo – La Sede Teatro – La Sodería – La Tertulia – La Vieja Guarida – Losada – MIL80Teatro – Moscú Teatro – NoAvestruz – NUN Teatro Bar – Pan y Arte – Pasillo Al Fondo -Paternal Teatro – Patio de Actores – Payró – Río Colorado – Roseti – Sportivo Teatral – Stand Up – Tadrón – Taller del Ángel – Teatro Ciego – Teatro Del Artefacto – Teatro Del Pueblo – Teatro El Extranjero – Teatro El Piccolino – Teatro Empire – Teatro escuela El Espión – Teatro Eureka – Teatro La Maza – Teatro Luisa Vehil – Teatro Orfeo – Templum – Tercer Acto – Timbre 4 – UPBE,Universidad Popular de Belgrano – Vera Vera Teatro

Contacto ARTEI:

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