Este texto, a título personal, tiene el ánimo de colaborar con la reflexión. Es una invitación respetuosa a repensar algunas circunstancias recientes.

No hay que cargar nuestros pensamientos con el peso de nuestros zapatos. André Breton

Hace unos días se hizo público lo que se temía: el ministerio de cultura desaparecerá. Será una secretaría del ministerio de educación. Ciertamente, hablar del ministerio de cultura ha sido, sobretodo, un debate por un plan cultural nacional. 

La reducción o compactación de la autoridad nacional de máximo nivel cultural es una mala noticia. 

Muchos comprendemos la difícil coyuntura del país y, lejos de una crítica estéril, estas palabras son una invitación a la re-evaluación. Una oportunidad para darle otra vuelta al caso antes de que sea demasiado tarde. Cultura, como también Ciencia, o medioambiente deben ser prioritarios. 

A manera de ejemplo, y no sin dificultades, en Córdoba Ciudad impulsamos un área cultural -en rigor lo hizo el Intendente Mestre- con el máximo nivel estamental para liderar los debates, las estrategias, las políticas -así como la fiscalización- de lo público, en el ámbito patrimonial y creativo. Justamente allí donde nace el concepto de consenso, donde florence lo más complejo de la diversidad defendimos el rango de la Cultura frente izquierdos y derechos. Con ese antecedente queda patente la obligación de dar a conocer opìniones que suponen personas: tal vez muchas.

Se debe recordar, también, que algunos argentinos, cientos y tal vez miles, -ojalá que sean más- tienen el ánimo de vivir el derecho de acceso y ejercicio de la Cultura, que está consagrado en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y que, vaya casualidad, este diciembre cumplirá 70 años de su instauración. 

Si queremos un mundo más justo, un planeta donde el conocimiento, la diversidad y la belleza (que por suerte es un sustantivo de base femenina) sean los pilares de la paz y el diálogo, debemos sostenerlos en la agenda estratégica gubernamental, la de todas las argentinas y los argentinos. 

Pero además de derechos, la Cultura -con una Mayúscula muy merecida- habla de nuestro pasado, de nuestro ser y de nuestro patrimonio. Nos ayuda a definir la idea de “todos” e inclusive la de “todes” pues no hay sociedad que pretenda un futuro sin un pasado de reconciliación donde la memoria sea un sustrato imprescindible para fertilizar aquel futuro mejor, ávido de libertad y encuentros, que cada una de nosotras y nosotros merecemos.

Nos recuerda Juan Forn en La Tierra Elegida (también es cita) “el pequeño problema de la vida es que hay que vivirla para adelante aunque sólo se la entienda mirando para atrás”, por lo que lejos de lamentar derechos ciudadanos que se reducen, queremos celebrar que muchas organizaciones internacionales proponen a la Cultura pilar del desarrollo sostenible. 

Además de los desafíos de índole netamente económicos, la sociedad -o sea todas y todos nosotros- sabe que los proyectos de base creativa (entiéndase en su sentido más amplio: gastronomía, artes escénicas, músicas, fotografía, escultura, artesanías, diseño y un etcétera tan amplio como las posibilidades de las argentinas y argentinos) tiene un excelente coeficiente de distribución salarial con un componente social envidiado por otras industrias y actividades productivas, así como un impacto medioambiental mínimo. Ni que decir de los aportes comunitarios que supone su producción siempre íntimamente ligada con la historia, el futuro, la diversidad y la convivencia.

En conclusión, si queremos una sociedad más justa, mejor comprometida con lo colectivo, el desarrollo, y que recoja los derechos adquiridos para incrementar las posibilidades vitales de las generaciones por venir -la de nuestros hijos-, hay que contemplar que “Ciudades y Gobiernos Locales Unidos” sugiere a los países añadir la perspectiva cultural a los planes nacionales de desarrollo, y establecer objetivos y acciones concretas relacionadas con la cultura en áreas como educación, economía, ciencia, comunicación, medio ambiente, cohesión social y cooperación internacional”. 

Estos y otros documentos internacionales, en relación a ingresar al mundo, también hablan de “promover la idea de la cultura como cuarto pilar ante la comunidad internacional, particularmente en el diseño de las políticas”. 

Creo que somos más de uno los que estamos dispuestos a quedarnos afónicos defendiendo la alegría de lo creativo, exigiendo la responsabilidad de lo público. Creo, también, que se impone más y más cooperación con quienes continúan en el ámbito nacional para sostener proyectos en marcha y por venir. 

Muy lejos de ánimos coyunturalistas estas palabras cercanas, de oportunidad, proponer apostar por lo que somos, lo que tenemos, que seremos.

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