La situación actual de Venezuela en cualquiera que sea el sector que se pretenda describir o analizar pasa por no obviar, de inicio, particularidades relacionadas a un contexto marcado por condiciones de inestabilidad económica y política, además del fenómeno de la emigración en los últimos años.

En el ámbito de la cultura, esta situación tiene expresiones concretas en la disminución de la inversión nacional en las políticas culturales y las industrias modestamente más avanzadas en el sector (como la de la música y el teatro), en tanto que prioridades como las políticas de alimentación y de disminución de la pobreza han marcado parte de la atención gubernamental y de la sociedad; todo lo cual configura una escasa sostenibilidad y sustentabilidad de la cultura como motor de desarrollo. No separado de esto se produce recientemente una acelerada dinámica migratoria que ha desarraigado a más de tres millones de personas de sus actividades de vida y trabajo en el país, colocando a un contingente de talentos venezolanos, entre ellos artistas, cultores y productores, en diferentes países (especialmente de Latinoamérica), que allí se reinventan con acierto o no en sus identidades y trayectorias.             

Así mismo, Venezuela no ha dejado de ser objeto de bloqueos permanentes por parte de factores internacionales (económicos y políticos), que limitan cada vez más las posibilidades de resolución de sus conflictos internos y el avance de sus planes de desarrollo, situación a la que se le suman ahora nuevos desafíos ante la emergencia decretada frente a la propagación mundial del virus Covid-19 que derivó en la implementación de medidas de confinamiento social desde el día 15 de marzo de 2020, en todo el territorio nacional.

Como en muchos países del mundo, en Venezuela la aparición y la alarma mundial por la pandemia produjo la disminución o cese de las actividades productivas y recreativas que implicaran la exposición y el contacto físico entre personas. Ciertamente, en la ciudad capital se estableció el cierre, cancelamiento o reprogramación de las agendas de festivales, parques y espacios culturales, pero con ello emergieron alternativas públicas y populares de creación, producción y distribución artística que sin dejar de respetar las medidas de seguridad, acercaran el arte y el bienestar al público caraqueño. 

En particular, el ente encargado de ejecutar las políticas culturales de la Alcaldía de Caracas, la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), reformuló el concepto de las presentaciones del ya tradicional Festival Internacional de Teatro de Caracas (Fitccs), esta vez transmitido como prefacio por redes sociales en abril de este año, con un público de más de seis mil personas conectadas durante las transmisiones en vivo. También ha venido operando el programa «Circo en las comunidades», que en el marco de la alianza entre Fundarte y el colectivo social llamado El Nuevo Nuevo Circo de Caracas, presenta performaces circenses en urbanismos  de los barrios humildes de la ciudad capital.

Además de esto -y sin intentar agotar las iniciativas realizadas-, se vienen realizando recitales de talentos artísticos en vivo, también transmitidos a través de las redes sociales de #Conciertoencasa, un proyecto de «Bar en Red» con apoyo de la entidad municipal Fundarte.

Por nuestra parte, en Tiuna el fuerte, una organización constituida desde 2005 en Caracas y dedicada a potenciar grupos y redes ligadas al arte, la creatividad, la comunicación y la cultura para el beneficio de comunidades y territorios, a propósito de crear organicidad y participación social, ha impulsado las siguientes iniciativas con motivo de la pandemia:

Recorridos urbanos con «Radio Verdura»: la radio es un sistema sonoro móvil escénico, un camión acondicionado con equipamiento de amplificación de sonido e intervenido con una estética irreverente que aprovecha las anfiteátricas urbanas, transformando en palcos los balcones y ventanas de edificios de las zonas de mayor densidad de la ciudad de Caracas.

La radio realiza recorridos diarios por semana transmitiendo buena música y mensajes de prevención, y mediando interacciones recibidas por mensajería de texto que pueden llegar a superar los 150 contenidos por sector visitado, muchos de ellos de las y los pobladores que se saludan, se dedican temas musicales, se pasan información, resultando a lo largo y ancho de los 20 km que la radio transita por tour, una profunda inyección de ánimo de la gente para si misma.

Otra alternativa de actividad cultural en tiempos pandémicos se trata de la radio «Tiuna el Fuerte»: desde el mes de abril, el parque cultural Tiuna el fuerte ha reusado los techos de sus estructuras como escenario anfiteátrico y estación de radio participativa. Un maestro de ceremonia, un dj y un community manager activan desde allí el espacio público residencial inmediato al parque, llamando y recibiendo solicitudes de canciones y saludos por whatsapp, mensajería de texto e instagram, conectando familiares distantes y a la comunidad de los alrededores que se encuentra en cuarentena, promoviendo los talentos musicales del barrio y talleres de formación artística a distancia. 

No podemos dejar de compartir en este mismo sentido el audiovisual colaborativo de la agrupación musical Bituaya, realizado con la participación de decenas de amigues de la parroquia, el país y el mundo, unidos por las redes sociales, que desde sus hogares dijeron presentes en el video challenge de Tiuna El Fuerte que buscaba dar valor a las expresiones de solidaridad en estos tiempos.

Al final, una pregunta que surge frente a un escenario global y local inédito es cuál será el devenir de los actores, dinámicas y espacios de la cultura, en Venezuela y la región. Ante la incertidumbre, se torna urgente el despliegue de la creatividad y la colaboración entre grupos y redes capaces de producir respuestas y co-responsabilidades junto a otros poderes, para radicalizar en clave de presente las oportunidades de semejante interrupción histórica de la normalidad del sistema mundo.

Por eso, hacemos énfasis en la necesidad de fortalecer y tejer alianzas para realizar proyectos colaborativos entre organizaciones culturales de Latinoamérica y del mundo, especialmente para ganar sustentabilidad, que en el caso del sector cultural en Venezuela contribuya no solo a franquear un bloqueo de tipo económico, sino (y más que eso) continuar impulsando propuestas que aporten a la construcción de un mundo equilibrado, justo y en paz.

 

Miqueas «Piki» Figueroa e Indira Granda A. 

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