La batalla por la orilla: por qué El Eternauta es la clave para pensar nuestra Soberanía
Narrativa


Por Juan Manuel Pereira Benítez


Tiempo de lectura: 8 minutos


La masividad global de la reciente serie de Netflix reaviva una pregunta incómoda para el pensamiento nacional: ¿puede una cultura periférica disputar el sentido universal sin quedar atrapada en la copia colonial o el folklorismo fronteras adentro? Un cruce inédito entre el universalismo orillero de Jorge Luis Borges y la resistencia de Arturo Jauretche propone una tercera vía para romper el laberinto de la grieta y reclamar el derecho a la épica propia.

La imagen es potente y ya forma parte de la retina colectiva global: una nevada mortal cae sobre Buenos Aires, borrando de un plumazo las jerarquías de la modernidad periférica. En el quincho de un chalet de Vicente López, una partida de truco se interrumpe para siempre. La reciente adaptación live-action de El Eternauta dirigida por Bruno Stagnaro no solo se convirtió en un fenómeno global de audiencias, liderando ránkings en decenas de países; fundamentalmente, volvió a poner sobre la mesa el drama central de nuestra identidad cultural.

¿Cómo nos narramos ante el mundo? ¿Estamos condenados a repetir las fórmulas de los centros globales de poder o podemos usar sus propios géneros para fundar una verdad situada? Históricamente, la cultura argentina ha quedado atrapada en un laberinto binarista —lo que el sentido común hoy etiqueta como “la grieta”— que congela la discusión en falsas opciones: o la asimilación acrítica del modelo ilustrado europeo y norteamericano, o el refugio nostálgico en un localismo defensivo. Sin embargo, si rasgamos la superficie de ese maniqueísmo, emerge una propensión histórica recurrente de la argentinidad: la tendencia a insertarse en la historia universal, pero con un acento propio.

Para desentrañar este fenómeno, es necesario hacer cruzar a dos pensadores que la política del siglo XX dejó en veredas irreconciliables, pero que la teoría cultural hoy exige integrar: Jorge Luis Borges y Arturo Jauretche. En ese cruce ciego nace un concepto urgente para la gestión cultural contemporánea: la Soberanía Narrativa.

Romper la zoncera de la periferia

En su célebre Manual de Zonceras Argentinas, Jauretche identificaba la «zoncera madre» de nuestra cultura: Civilización o Barbarie. El postulado decimonónico de las élites liberales era claro: para ser civilizados, había que dejar de ser nosotros mismos; el territorio, el gaucho, el indio y el caudillo eran el atraso. Bajo esa lógica, la cultura no era un instrumento de creación, sino de repetición colonial.

Es allí donde el pensamiento de un Borges pretendidamente «anti-populista» opera un giro decolonial revolucionario. En El escritor argentino y la tradición, Borges desarma la trampa de la pureza cultural. Sostiene que los argentinos no tenemos por qué limitarnos a los «temas locales» (los camellos y gauchos del folklore), sino que nuestra situación periférica —la orilla del mundo— nos da un privilegio único: podemos tomar toda la cultura occidental, tratar todos los temas universales, sin supersticiones y con irreverencia creativa. Somos los herederos legítimos de Occidente precisamente porque estamos en su margen. «Lo nacional es lo universal visto por nosotros mismos», sintetizaba Jauretche. Cuando ambas miradas convergen, el panorama cambia: lo universal deja de ser una plantilla abstracta que se nos impone desde el exterior para transformarse en una disputa política por el sentido, esta capacidad de disputa se nomina como Soberanía Narrativa.

La antítesis de esta autonomía es la Atrofia Narrativa: la incapacidad de una nación de aportar la novedad singular de su propio suelo, limitándose a divulgar o imitar lo universalmente establecido por los centros de poder. Frente a la atrofia, El Eternauta emerge como el manual definitivo de la resistencia cultural.

El individuo metafísico y el nacimiento del héroe colectivo

Uno de los aportes más ciegos del pensamiento nacional ha sido regalarle la categoría de «individuo» al liberalismo económico anglosajón, ese sujeto atomizado, utilitarista y hedonista que compite con el otro por el principio de escasez. La obra de Oesterheld y la relectura de Stagnaro destruyen ese arquetipo a través de una operación profundamente borgeana.

En el cuento Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, Borges narra el instante metafísico en el que el Sargento Cruz, al ver la valentía del Martín Fierro acorralado, comprende que «un destino de lobo no es el de un perro gregario; comprendió que el otro era él». En ese instante preciso de iluminación, Cruz rompe con la ley del orden prestado y se pasa a la resistencia. A Juan Salvo le ocurre exactamente lo mismo. La nevada funciona como su Aleph particular: una ventana que rompe su zona de confort de clase media y lo arroja a la totalidad del drama humano. Salvo deforma el «Yo liberal». Su supervivencia ya no es un hecho privado o un contrato social de mutua conveniencia; es un hecho colectivo, emergiendo así un nuevo tipo de individuo, de características nacionales, pero que cristaliza un drama universal. Frente al héroe mesiánico de Hollywood, la orilla responde con el héroe colectivo: una trama social comunitaria donde nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.

Esta dimensión recupera lo que Rodolfo Kusch llamaba el Estar Siendo: una presencia situada en el mundo que precede al ser abstracto de la modernidad. En la serie de Stagnaro, cuando los personajes se enfrentan al colapso tecnológico y el coprotagonista Favalli sentencia que «lo viejo funciona», no hay un rechazo ludita al progreso, sino una apropiación espiritual de la técnica. Cables viejos, radios en desuso y trajes de buzo caseros se «argentinizan» mediante la maña y el ingenio comunitario para hackear la sofisticación del invasor.

 

La burocracia global y las máscaras del poder

El análisis político de El Eternauta cobra una vigencia escalofriante si leemos la arquitectura de la invasión a la luz de los mecanismos globales actuales. El enemigo real, «Los Ellos», es una entidad deshumanizada, invisible y administrativa. Instauran una auténtica «Burocracia del Mal» que convierte a la ciudad en un laberinto incomprensible de mandatos inatrapables, cuyo fin último es desorientar y agotar al invadido para producir su parálisis o su Atrofia Narrativa. El «Hombre-Robot» es la metáfora perfecta de la alienación contemporánea: un cuerpo que produce y consume, pero cuya voluntad y soberanía narrativa han sido expropiadas por un teledirector tecnológico.

Sin embargo, la dominación total del centro necesita traductores en el territorio. Es el rol de «Los Manos», aquellos seres sensibles y cultos que ejecutan el exterminio colonial bajo el condicionamiento biológico de la glándula del terror.

Los Manos son la traducción estética de lo que Jauretche definió como las Oligarquías Intermediarias o las intelligentsias colonizadas: sectores locales dotados de altas capacidades técnicas o intelectuales, pero cuya voluntad está intervenida por el miedo. Prefieren el orden prestado y la seguridad mortal del invasor antes que el riesgo de la libertad soberana. Tienen el potencial de narrar, pero eligen administrar la dependencia. Frente a este laberinto, la victoria de la orilla no ocurre por seguir las reglas del laboratorio del opresor, sino por una ruptura ética. Buenos Aires deja de ser el objeto pasivo de una intervención hollywoodense —donde el sur global es solo el escenario del caos que el norte debe ordenar— para convertirse en el sujeto y centro ético de una epopeya universal.

De la Espada a la Cruz: una conducta histórica

La tesis de que la Argentina tiende a insertarse en la historia universal desde su propia matriz no es un hecho aislado de la ficción literaria; constituye una conducta histórica recurrente que puede trazarse en una tríada fundamental de nuestra cultura:

La Espada: El Cruce de los Andes de San Martín no fue una operación de defensa fronteriza burocrática, sino un acto de voluntad continental que exportó una épica libertadora universal al sur del mundo.

La Filosofía Política: La formulación de la Tercera Posición del Justicialismo y su tesis de la Comunidad Organizada —heredera de la tradición humanista de la Escuela de Salamanca— ofreció una respuesta universal a la crisis de la modernidad y la deshumanización técnica, hablándole a la humanidad toda desde una ontología propia.

La Cruz: El pontificado de Francisco I, configurando una mirada global situada explícitamente en la «orilla» de la historia, redefinió la agenda ética y ambiental del planeta a través de categorías situadas como la ecología integral.

Esta misma pulsión se verifica en nuestros premios Nobel o en las narrativas de resiliencia de nuestros éxitos deportivos masivos. La periferia material no anula la potencia de centro de sentido.

El valor político de contarse

La gestión cultural del presente no puede reducirse a la mera administración de recursos o a la importación pasiva de formatos para plataformas de entretenimiento globales. La experiencia masiva de El Eternauta en el streaming contemporáneo demuestra que plataformas como Netflix son apenas vehículos de distribución; la verdadera batalla soberana radica en la matriz de la mirada.

Universalizar la singularidad es un ejercicio primario de la voluntad política. Como bien sentenció Arturo Jauretche, «el mundo es un conjunto de naciones y solo se llega a lo universal a través de lo nacional, porque lo universal es una suma y no una resta». Mientras seamos capaces de sostener nuestra Soberanía Narrativa, cualquier rincón de nuestro suelo —ya sea un chalet en Vicente López, un sótano en Constitución, o una barriada en Adrogué o Trelew— seguirá teniendo el derecho inalienable de ser el centro de un universo que recién estamos empezando a escribir.

Nota del editor: Este artículo se desprende de la tesina de investigación desarrollada originalmente para el CUDES y la Universidad Austral. El trabajo original indaga en la vigencia y elasticidad de las categorías de nuestra tradición intelectual para dar cuenta de los debates actuales en torno a la globalización, el ecosistema de las plataformas de streaming y la gestión de las industrias culturales desde el Sur global. El análisis exhaustivo de este marco teórico, los cruces filosóficos entre las obras citadas y el desarrollo completo de la Teoría Nacional del Individuo se encuentran desarrollados en la tesina académica de pregrado del autor, disponible para su lectura y descarga libre en el siguiente enlace:  https://www.academia.edu/168035434/Soberania_Narrativa_El_Eternauta_desde_Borges_y_Jauretche