Un gran homenaje
Desde 2023 Uruguay celebra cada 4 de setiembre el Día Nacional de la Gestión Cultural, en homenaje a Gonzalo Carámbula. Pensó la cultura en clave de ecosistema, discutió la lógica de la simple descentralización y reclamó una reforma estructural de la institucionalidad cultural. Tres años después, la pregunta sigue abierta: ¿alcanza con recordarlo? Nueva nota de Danilo Urbanavicius.
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Día Nacional de la Gestión Cultural
Desde 2023, por ley, Uruguay celebra cada 4 de setiembre el Día Nacional de la Gestión Cultural. Esta fecha fue impulsada por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Canelones, iniciativa que contó con el respaldo de la Facultad de Cultura de la Universidad CLAEH y de la Universidad de la República (UdelaR). Fue elegida como homenaje a Gonzalo Carámbula, gestor cultural nacido un 4 de setiembre de 1952.
Gonzalo Carámbula fue, entre otras cosas, parlamentario, director de cultura de la Intendencia de Montevideo, fundador de la licenciatura en gestión cultural de la Facultad de la Cultura de la Universidad CLAEH, editor y cofundador de la revista La Plaza y de los diarios Cinco Días y La Hora. Pero sobre todo Gonzalo Carámbula fue y es el político de la cultura más importante en Uruguay, por lo menos desde la apertura democrática (1985) hasta la fecha.
El mismo año de la aprobación de la ley, Redes de Gestión Cultural publicó el libro Ecosistema Cultural. Escrito de Gonzalo Carámbula sobre cultura y política, que se propuso preservar el legado que Carámbula dejó en el ecosistema cultural, no solo a nivel nacional sino internacional. El fin fue reconstruir y preservar su pensamiento y dar a conocer a las nuevas generaciones su invaluable aporte a la sociedad. Esta publicación recuperó gran parte de su pensamiento y obra desde diferentes facetas que vinculan la política, la comunicación, la economía, el derecho y la cultura. El libro contó con varios apoyos interinstitucionales que permitieron que la publicación se presentara en distintos departamentos del país, llegara a ferias del libro nacionales e internacionales, a las aulas, a centros culturales, a bibliotecas populares y a espacios donde se toman decisiones sobre las políticas culturales.
Pensamiento y legado
Su aporte conceptual más reconocido fue pensar la cultura y la política cultural en clave de ecosistema: una noción de apariencia coloquial, aunque también controvertida según otras visiones, pero de gran exigencia, porque obligaba a pensar acciones y prestar atención sistemática y simultánea a distintos factores en juego, en lugar de intervenir de forma aislada o sectorial. Para Carámbula la cultura no podía gestionarse por compartimentos estancos y no era deseable “rigidizar algunos componentes como suele suceder en esa visión de patio de adoquines de la gestión cultural”, sino visualizar la cultura como una red de relaciones interdependientes entre creadores, instituciones, públicos y territorio.
También insistió en que la política cultural no es un calendario de actividades ni la promoción de una sola cultura y que tiene que admitir múltiples formas de gestión, variados programas culturales, y que garantizar el acceso y el derecho a la cultura no se resuelve llevando shows o funciones a distintas zonas del país, a través de una lógica de simple descentralización, sino generando una apropiación más profunda de valores culturales por parte de la ciudadanía.
A su vez, Carámbula hizo foco e insistió cada vez que pudo en aspectos infraestructurales de la gestión cultural, más específicamente en la institucionalidad cultural. Sostuvo, en cada oportunidad que tuvo, entre otras cosas, que “en términos de Estado (incluidos los municipios), la mejora de gestión no puede ser un lifting y que se impone abordar una franca reforma estructural y de contenidos en el sector cultural de nuestro país”.
Dicho claramente, la institucionalidad cultural fue una de sus preocupaciones hasta sus últimos momentos. Tal es así que encomendó a sus amigos más cercanos la tarea de “ayudar a Marcos en todo eso”. Ayudar a Marcos Carámbula, su hermano, en todo eso, significaba, entre otras cosas, trabajar e intervenir cuidadosamente en el ecosistema cultural. Trabajar e intervenir cuidadosamente en nuestra institucionalidad cultural.
Existe un antecedente relativamente cercano que promovía una nueva institucionalidad cultural a través del proyecto de Ley de Cultura y Derechos Culturales en el cual se establecía la promoción y el acceso a la cultura y que proponía clara y enfáticamente la creación del Ministerio de Cultura, separado del de Educación.
El objeto de esta ley era precisar el marco jurídico e institucional de promoción, ejercicio y protección de los derechos humanos culturales reconocidos por la Constitución Nacional y por Convenios Internacionales adoptados por Uruguay y establecer los mecanismos de garantía, asignando potestades y obligaciones al Estado; así como la participación de la sociedad frente a los procesos creativos y el reconocimiento del aporte de la cultura al desarrollo del país.
Distintos avatares de la política nacional hicieron que este proyecto no prosperara durante el último gobierno de Tabaré Vázquez, y que naufragara en las profundidades de los mares de la desidia durante la administración de Luis Lacalle Pou.
Ministerio de Cultura
En muchos países, incluyendo el nuestro, las competencias culturales están repartidas entre varios ministerios (educación, deporte, turismo, industria, etc). Un ministerio de cultura funciona como ente rector que fija objetivos, articula estrategias y evita la superposición o fragmentación de políticas.
Un ministerio propio le da a la cultura asiento en la mesa chica de la política y capacidad de incidir en decisiones de gobierno al mismo nivel que otras áreas (economía, educación, salud, etc). Cuando la cultura es una dirección o subsecretaría dentro de otro ministerio, compite por atención y presupuesto con la agenda principal de ese ministerio, generalmente educación, y ¿adivinen qué? suele perder.
Uruguay debe dar señales claras en materia de institucionalidad cultural y efectuar un acto político de jerarquización: si el acceso, la participación y la creación cultural son derechos, necesitan un garante estatal específico, con la misma jerarquía que otros derechos sociales, y no un apéndice de otra cartera.
Un gran homenaje a Gonzalo Carámbula no es solo un libro, un acto protocolar ni una fecha en el calendario: es terminar lo que él dejó pendiente. Cada 4 de setiembre que pasa sin un Ministerio de Cultura es una nueva oportunidad perdida de saldar esa deuda. Recordarlo de distintas formas está bien pero darle a la cultura el lugar institucional que él reclamó en vida es, todavía, una tarea de la que Uruguay no se ha hecho cargo.


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