Ilustración: Lucía Seisas

 

“¿Hacer la cama?” Si nos atamos a la literalidad del concepto, no está bien dicho.

No hacemos la cama. Salvo en el caso de los que se dan maña con la carpintería o con fabricar cosas.

Que no es mi caso, claro, y el tuyo tampoco. No nos vamos a mentir a esta altura del partido. Quizás podría ser “acomodar”, pero me da la impresión que, tal vez, esa palabra está vinculada con la intención de ordenar en un sentido más amplio.

La expresión que más me cierra es “tender la cama”. Recién busqué el significado en el diccionario:
Tender: extender o estirar una cosa horizontalmente.

Me parece que funciona bastante bien. Igualmente, en sí, el verbo que utilicemos es irrelevante para el objetivo de este mini ensayo. Perdón, me colgué.

Avancemos.

Hace algunas semanas que, dentro de mi rutina diaria, me propuse tender la cama ni bien me levanto como un mecanismo de ordenamiento personal. Un esfuerzo con final feliz.

Al principio me costó mucho, lo hacía bastante mal y después fuí mejorando. Quizás la felicidad de verla resplandeciente me hizo perfeccionarme.

Pero, pará Federico ¿qué tiene que ver esto con la gestión cultural?

Bueno, bueno, bueno. Estoy un poco dormido pero intuyo que hay algo que se vincula, un proceso práctico que me interesa, una metáfora. Debe haber una lógica simbólica que se repite en un acto cotidiano como tender la cama y en nuestro oficio de gestionar cultura.

En definitiva: ¿Hay algo más placentero que dormir cómodo?  ¿Hay algo más placentero que concretar un proyecto?

Tal vez sí, pero díganme que no así puedo seguir.

Ahora me toca intentar argumentar esta idea, siempre entendiendo que es un juego y que seguramente caiga en errores y atajos, pero obviamente voy a tratar que esta metáfora se la banque. Fuera de joda, me interesa más que nada que pensemos juntos, que podamos debatir y generarnos un ruidito.

El esquema que elegí para presentar este mini ensayo es el siguiente

  1. Exponer una breve explicación de los pasos para tender la cama.
  2. Ubicar esa acción en el contexto del gestor cultural.

Empezamos:

Paso 1

  1. a) La primera imagen de nuestra cama es una costumbre, una suerte de deja vú que sucede. Lo llamaremos El desorden inevitable: si dormimos nos movemos y, si nos movemos, algo se desarregla.
  2. b) El campo cultural, todo el territorio que se involucra en nuestro proyecto.

Paso 2

  1. a) Ahí viene la decisión, la claridad intelectual, del arreglo. Una actitud de: “esto no puede quedar así”. 
  2. b) La participación del gestor cultural. La necesidad de intervención.

Paso 3

  1. a) Lo recomendable es arrancar de cero. Es decir, sacar todas las sábanas, colchas, almohadas,etc. Queremos el colchón despejado.
  2. b) Tiempo del diagnóstico, detectar la heterogeneidad, lo que llamamos bosque cultural.

Paso 4

  1. a) Acá tenemos el primer punto de inflexión. Si sacamos una foto de este momento sería algo así: pirámides de sábanas, fundas de almohadas, colchas, cubrecolchas y el colchón ahí, desafiándote: “Dale, vení, hacete cargo”. Quilombo. Seguro lo que sigue es un sentimiento de arrepentimiento, de estar frente al caos: “Podría estar tomando sol en la terraza y me metí en esta”.
  2. b) Contradicción profesional típica del gestor cultural: me parece que mejor me meto a estudiar finanzas o economía o abogacía. Como me decía mi abuelo Tito en las reuniones familiares: “Dale nene, sentá cabeza”.

Paso 5

  1. a) Después de la angustia viene el entusiasmo inexplicable, un combustible esencial para construir. No me pregunten por qué pasamos de un estado tan abajo a uno tan arriba. Pero pasa. Puede ser un momento reflexivo, de convencimiento: “Vamos a darle masa a este proyecto”. Pero, atención amigues, el entusiasmo es hermoso pero no alcanza.
  2. b) Necesidad de planificación y planeamiento. Debemos esquematizar, trabajar con objetivos cuantificables, con problemas concretos. No darle lugar a la improvisación.

Paso 6

  1. a) Acomodar la cama exige procesos, un procedimiento práctico. No puedo poner la colcha antes que la sábana. Es más, hay sábanas con elástico para el colchón y sábanas comunes. Ni se te ocurra poner la colcha al revés, te lo pido por favor.
  2. b) Detectar el curso de acción más eficiente y cómodo. Si hay dudas, preguntamos, nos asesoramos. Armamos equipos. Debatimos, consensuamos, nos ponemos a prueba.

Paso 7

  1. a) Aquí tenemos otro punto de inflexión. En el transcurso del armado ya podemos ver el horizonte, un adelanto del producto terminado y eso nos genera inevitablemente un sentimiento de satisfacción:“Ufff, las siestas que se vieneennn”.
  2. b) Acá es donde nos convencemos de nuestro oficio. Momento excitante para los y las que trabajamos en el campo cultural. La alegría de saber que un proyecto que queremos va tomando forma. Que algo que imaginamos se va materializando, va cayendo a tierra, es verdaderamente hermoso. Seguro les habrá pasado y, repito, es hermoso.

Paso 8

  1. a) Tender la cama tiene un gran beneficio colateral: visualmente nos ordena la habitación entera. Parece más amplia, más democrática, se respetan los espacios, parece que fluye. Al final esa plantita que parecía que no tenía lugar, ahora encuentra un espacio al lado de la cama. Esos libritos van a quedar mejor allá ¿Cómo no me di cuenta antes?
  2. b) Es obvio que, como gestores culturales, debemos poner en discusión la importancia de hacer políticas culturales tanto para intervenir en las tramas sociales como también  para generar circulación económica en el territorio que sea. 

Debemos pensar en esto todo el tiempo. No descansar nunca en argumentar a favor de una cultura presente, activa y reverberante.

Bueno amigues, ya terminé. Trabajo finalizado. Cama tendida. ¿No quedó todo hermoso? Está impecable, radiante y suave. La disfrutaré un ratito y después, claro, la voy a desarmar de nuevo. Como tiene que ser, como debe ser.

1 comentario
  1. Marianne Dick Dice:

    Así es Fede. El placer y la alegría que produce acostarse en una cama estirada es comparable con el orgullo que nos produce un proyecto finalizado y en marcha.

    Responder

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