Las relaciones entre artes escénicas y pandemia datan de por lo menos 1500 años y sus metáforas fueron llevadas al paroxismo por Antonin Artaud en uno de los textos fundamentales del teatro contemporáneo. El teatro es infecto. Esta en su misma naturaleza no ser profiláctico. El teatro contagia, se apodera de los cuerpos, obra sobre ellos, los transforma. Se propaga por contacto, como un virus invisible y hace tambalear las leyes y las instituciones. En un siglo que se esfuerza por potenciar las redes sociales de gestión privada, las artes escénicas son anti-cíclicas, dependen del encuentro, se hacen en presente.

Al mismo tiempo la historia nos demuestra cómo a menudo el teatro ha puesto todos sus esfuerzos en domesticar ese contacto, la elevación del escenario, la separación del público en clases sociales (paraíso tras la viga para el que pagaba menos), el ingreso limitado a quienes no contaran con la ropa adecuada. Las memorias de Pablo Podestá incluyen un momento paradigmático de ese movimiento, el actor ambulante, devenido empresario teatral, impide la entrada al teatro de un hombre en camisa. Y esa desigualdad, atestiguada en uno de los textos base de nuestra historia teatral, se verifica hasta hoy en día. La diferencia de ingresos entre quienes acceden a tasas altas de celebridad (una abrumadora minoría) y quienes no lo hacen, es altísima. Como alguna vez me dijo un integrante del consejo directivo de la Asociación Argentina de Actores, el gremio contempla mínimos, pero no máximos. Hay que decir que además estos mínimos solo se cumplen en cine, televisión, teatro comercial u oficial, pero rara vez en el grandísimo sector profesional autogestivo. Y aún para lxs primerxs resulta extremadamente difícil vivir del trabajo propiamente escénico. Actores, además, solo representa, estrictamente hablando, a uno de los tantos rubros que integran el sector.

Esta falta se suple con el ejercicio de la docencia, pero aún así son pocos lxs que logran ingresar, por ejemplo, al sistema escolar o universitario, que les permite acceder al sistema de empleo registrado y por consiguiente a la seguridad social. Para una parte del resto existe el Monotributo que solo desde unos años a esta parte contempla la opción de servicios artísticos, para otra parte ni siquiera eso. Situaciones como la actual, donde los teatros y centros culturales se ven obligados a cerrar por un tiempo todavía indeterminado visibilizan la desprotección en que se encuentra sumida la actividad cultural autogestiva, en particular la de lxs trabajadorxs de las artes escénicas. Esta realidad no es exclusiva de nuestro país, como demuestran los reclamos que se vienen llevando adelante también desde Chile, Perú o Uruguay. En Argentina, apenas anunciadas las medidas de urgencia ante la crisis, las asociaciones se movilizaron elevando respectivos llamados de atención.

En mi caso formé parte del equipo de redacción de una de aquellas notas, integrado por distintxs trabajadorxs escénicxs de diferentes rubros que en tres días logró recolectar 6074 firmas de todo el país y la adhesión de ARTEI (Asociación Argentina del Teatro Independiente). En la nota comenzamos por declarar toda nuestra solidaridad ante la crisis para ponderar luego el rol que las artes escénicas tienen para la sociedad a la hora de fomentar el pensamiento crítico y el crecimiento emocional y creativo de sus integrantes; pero también en su relación con cadenas de valor que se potencian a partir de nuestra actividad, como es el caso de la gastronomía en la proximidad de las salas teatrales. Es hora de comenzar a pensar en serio a los grupos, salas, docentes y trabajadorxs escénicxs en general como lo que realmente somos, PyMES Culturales que motorizan la economía desde abajo, cuyos productos poseen el beneficio extra de complementar la educación formal ciudadana cuestionando el sentido de lo que somos, base fundamental de cualquier comunidad auténticamente democrática.

En la nota proponemos una serie de medidas a ser adoptadas por las instituciones cuyo rol específico es defender y fomentar la actividad: Instituto Nacional del Teatro, Fondo Nacional de las Artes, consejos provinciales, municipios. Las medidas propuestas consisten en acelerar el pago de los subsidios y apoyos en gestión, flexibilizar la rendición de aquellos subsidios cuyas fechas resulten afectadas por la pandemia, instituir una serie de subsidios y apoyos de emergencia. Otras ideas fueron surgiendo a posteriori: eximir del pago de monotributo de aquellxs cuya facturación no supere una media establecida, exigir a los municipios y entes de contratación que sigan adelante con la tramitación de pagos, para funciones y clases futuras, etc. Estas medidas de emergencia cuya instrumentación resultará necesaria en lo inmediato si queremos evitar la catástrofe económica, no pueden hacer perder un objetivo que la celeridad del día a día nos ha hecho desestimar ¿O es descabellado acaso pensar una forma de tributación especial para lxs prestadorxs de servicios artísticos que nos permita acceder más fácilmente a la seguridad social y el empleo registrado? ¿Por qué no pensar acaso para lxs artistas un sistema como el de la Carrera del Investigador Científico del CONICET, cuyos integrantes se dediquen en forma exclusiva a la creación y la investigación en arte? En lo que se refiere exclusivamente a las artes escénicas, Argentina posee un número extremedamente bajo de elencos oficiales y la creación de otros nuevos no suelen contar con el beneplácito de lxs miembros del sector. Pero ¿no es hora de pensar ya que más y mejores elencos oficiales de teatro, danza, teatro para niñxs y otras artes escénicas con un sistema transparente y periódico de evaluación entre pares (como el de las carreras científicas y universitarias) implica más trabajo para todxs?

El Estado de Sitio es el título que Albert Camus eligió para su obra alegórica sobre el fascismo, cuyo personaje central lleva el nombre de la novela que había publicado un año antes. En ella se describe como una sociedad fundamentalmente desigual, con un gobierno despótico, sucumbe ante la catástrofe de la peste. Desde siempre las artes escénicas han desnudado la naturaleza conflictiva de lo real, para hacer de eso algo bello, algo con lo que podamos lidiar y resistir, enfrentar el fantasma sin ser ingenuos, sobreponerse a la idea de que no hay sentidos predeterminados, más que el que vamos construyendo por el camino. La crisis pasará y las artes escénicas seguirán sobreviviendo. Pues a lo largo de la historia se ha decretado más de una vez su muerte y siempre han regresado de forma renovada. Depende de nosotrxs aprender del infortunio, utilizando las mismas herramientas creativas que desplegamos sobre las tablas para construir nuevos escenarios políticos en los que finalmente podamos vivir de manera digna de nuestro trabajo.

 

En este link se puede leer la nota con todas las firmas.

 

Y aquellxs que deseen firmar pueden ingresar aquí.

1 comentario
  1. Karina Mauro Dice:

    La nota me parece excelente y da para pensar muchas cosas. ¿Qué medidas de emergencia pueden plantearse para los artistas que en condiciones normales cobran cero pesos por su labor, como es el caso de los miembros de las sociedades accidentales de trabajo? ¿Por qué este reclamo aparece frente a la pandemia y no apareció antes? La Carrera del Investigador Científico del CONICET se basa en estándares internacionales que determinan, por ejemplo, cuántos investigadores debe haber en relación a la cantidad de habitantes. ¿Cuántos actores, actrices, directores, diseñadores de iluminación, artistas visuales, músicos, bailarines, etc. debe haber en una sociedad? ¿Cómo se los va a evaluar? Está buenísimo empezar a hacernos estas preguntas respecto de las artes, que son inéditas en la historia de la humanidad!! Sigamos por este lado!

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