El mundo paró. Por primera vez en nuestra historia moderna casi todo el mundo, en una acción coordinada, se detuvo. En América Latina la llegada más tardía del nuevo coronavirus COVID-19 ha permitido que los gobiernos logren un poco más de tiempo para dotar a los vapuleados sistemas públicos de salud de mayor capacidad para la atención de la población que será afectada por esta contagiosa enfermedad. Gran parte de esta preparación está mediada por la aplicación de las políticas de aislamiento social promovidas por la Organización Mundial de la Salud, que desde ya hace varios meses han paralizado cualquier tipo de actividad que implique las aglomeraciones de gente, y en algunos casos, la obligatoriedad del confinamiento para todas las personas que no desarrollen actividades esenciales. El hashtag #MeQuedoEnCasa pasó a ser el común denominador de nuestras redes sociales y, para quienes tenemos la suerte de estar incluidos en la polis, nuestra nueva forma de vida. Esta realidad ha demostrado al menos tres cosas fundamentales. Por un lado; la necesidad de un Estado presente que pueda garantizar un sistema de salud pública robusto, el control de una economía que suele hacer pagar los costos a los sectores más desfavorecidos; y la importancia de los contenidos culturales, con una fuerte hegemonía de lo digital, que ayuden a que las personas efectivamente puedan quedarse en sus casas. En este sentido se ha verificado un gran esfuerzo por parte de los gobiernos, como así también de colectivos, organizaciones y artistas diversxs, en vehiculizar, gestionar o en algunos casos producir, contenidos que puedan ser compartidos por internet y que permitan el encuentro en ese maravilloso ágora digital que las redes nos proponen. 

Pero la otra cara de la moneda es que para el sector cultural, cuya gran parte depende del trabajo “en vivo” para subsistir, y que se desarrolla en los márgenes de la economía formal, el parate ha sido demoledor y condiciona las posibilidades de mera subsistencia de las personas, dejando en relieve la importancia del Estado para poder generar políticas paliativas de esta contingencia. En algunos casos los gobiernos han comenzado a accionar, en otros las respuestas aún no han estado al nivel del desafío. Pero en todos ellos la demanda es urgente y, creo, trasciende la mera atención de la emergencia.

Para poder contar con un mapa del estado de situación a nivel continental desde RGC invitamos a un nutrido y variado colectivo de colaboradorxs de toda América Latina, referentes en cada uno de sus países, para que nos cuenten qué es lo que está pasando en sus territorios. La información relevada nutre además el sitio cuarentenacultural.org, enorme iniciativa que está desarrollando el equipo de traza.mx, para centralizar los datos duros de las políticas culturales desarrolladas durante la contingencia en la región y el mundo. El sitio busca convertirse en un gran repositorio colaborativo de las iniciativas, no solamente públicas, sino también del sector privado y social, por eso cualquiera puede contribuir con experiencias que conozca a través del siguiente formulario: http://bit.ly/cuarentenacultural. La totalidad de los artículos fueron publicados entre el mes de abril e inicios de mayo de 2020.

Es posible que debido a la dinámica de las acciones para enfrentar la pandemia, parte de las informaciones recogidas hoy resulten incompletas o parciales. Día a día son anunciadas nuevas medidas gubernamentales, como así también iniciativas sectoriales, comunitarias y de gestión público-privada que buscan aportar acciones para fortalecer al sector cultural en este momento tan crítico. La eliminación del Ministerio de Cultura en Bolivia, la sanción de la ley de emergencia cultural en Brasil o la fusión de institutos en Ecuador sucedidos en las últimas semanas son algunos ejemplos de estas situaciones.

Pero creemos que a pesar de esto el material publicado en nuestra revista web, hoy compilado en un nuevo formato que inaugura los “especiales” de la Revista Gestión Cultural, puede ayudarnos a pensar las formas de salir de la emergencia hacia un “nuevo normal” que permitan también una nueva configuración del mercado cultural, donde haya más diversidad y pluralidad, y formas de protección y fomento acordes a la importancia de nuestros derechos culturales. 

Revista Gestión Cultural - 01 - 2020

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