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“María Tina Modotti” de Zaida Rico. Foto: Gabriel Morales (México, 2015)

 

BREVE INTRODUCCIÓN

Escribir desde esta “nueva normalidad”, desde España, no calma el peso de la pérdida. Hasta hace poco, aquí rozábamos las miles de muertes diarias. En estos momentos ya no suceden con la misma intensidad a la puerta de nuestras casas (aunque conforme voy construyendo este artículo, los rebrotes en toda la Península se han ido multiplicando) pero están sucediendo con terrible voracidad del otro lado del océano (Latinoamérica: ese continente que también es mi hogar).

EL CUERPO ESCÉNICO

El confinamiento. La tecnología. Las recetas de cocina. La privacidad. El virus. La precariedad. Los datos. El contagio. Los indicadores. Los lives. La conciliación. El silencio. Los miedos. La juventud. El futuro. Las muertes en soledad. Los vendedores ambulantes. Las madres. Les sanitaries. Las brechas.

Hay un nuevo diccionario que nos acompaña desde el mes de marzo. Son antiguas palabras con nuevos sentidos y seguramente serán también los nuevos personajes de nuestras obras y su pulsión, los movimientos de la nueva partitura que tendremos que inventar para contarnos.

A diario, por mi trabajo, observo cómo los y las profesionales de las artes escénicas están luchando por reinventarse a sí mismes. En este caso responden a una serie de indicaciones aprobadas por el Programa Iberoamericano para/con el que trabajo. Dicho protocolo es una invitación a revisitar sus proyectos originales e intentar reorganizar sus cronogramas, sus actividades y sus corporalidades en esta realidad actual, con el fin último de que no haya ni una sola cancelación de sus planes para este año. Al ver cómo responden y presentan sus propuestas, pienso que este formulismo deja de serlo para transformarse en una provocación. Sí, de esas que invitan a mutar. 

Lejos de querer romantizar un proceso al que todos y todas nos hemos visto forzados a adaptarnos, sí considero que este reto es una gesta épica y que, a la vez, es uno de los sinos de las Artes Escénicas: la lucha de héroes y heroínas contra las adversidades. 

Los cuerpos escénicos están (siguen) buscando nuevas formas/espacios/caminos/palabras para transitar esta situación. 

EL CUERPO CONTRARIADO

No creo en que gracias a este virus vayamos a ser una sociedad mejor, ni en esta crisis como una oportunidad, de la misma forma que desconfío de una obra que te dice qué debes pensar o cuál es la solución de las cosas sin dejarte ardiendo en preguntas… 

¿Nuestros textos escénicos estarán atravesados indefectiblemente por esta situación? ¿Hasta cuándo seguiremos arrastrando esta precarización? ¿Este paréntesis mundial me obliga a seguir creando para seguir existiendo? ¿Por cuánto tiempo debemos seguir sosteniendo este agotamiento de tener que ser siempre creativo/a? ¿También en esta crisis hay derechos de primera y de segunda? ¿Por qué la gente se siente más segura en la terraza de un bar que en la platea de un teatro? ¿Cuánto más se puede desmonetizar nuestro oficio? ¿Cómo hacer que no se esfumen los valores simbólicos de los, ahora vacíos, equipamientos escénicos? ¿Nos hacemos más fuertes cuanto más sabemos gestionar la incertidumbre? ¿Estamos más conectad@s? ¿Cómo mantener vivo a todo el ecosistema escénico? ¿Es esto vida o supervivencia? 

¿Cuándo fue la primera vez en tu vida que asististe a una obra?

(silencio)

EL CUERPO ENCERRADO

Y aún así, en este encierro hay destellos de luz y cooperación y redes y escucha.

Compañías que desempolvan sus montajes (lo han hecho las grandes y las históricas, pero también las pequeñas). La reafirmación de las plataformas de contenido on demand escénico con procederes y maneras propias que se alejan de las majors. Las representaciones escénicas online, en vivo y en directo. La generación de multitud de cápsulas pregrabadas. Los debates en los que de repente nos escuchamos (y también discrepamos). Los contenidos remotos. Las nuevas curadurías. La vuelta del radioteatro. Las investigaciones dramatúrgicas. Los redobles en los esfuerzos por fidelizar nuevos públicos. La formación continua. 

La (re)revisión de esos vínculos que hacen que las Artes Escénicas sean una experiencia tan misteriosa como vital.

Ante aquellos que vaticinaban el fin de las artes escénicas post-confinamiento o que predecían que la virtualidad no sirve y que el teatro o la danza sólo exigen presencia en el mismo espacio/tiempo que el/la espectador/a… Sólo puedo decir que estamos (seguimos) transitando y aprendiendo de esta diversidad interconectada (que no es tan nueva, que ya se venía indagando, pero que ahora es más profusa, imperante). Pero sí, por favor… ¡Que vuelvan los abrazos! 

EL CUERPO FUTURO

“El Futuro de las Artes Escénicas”. En estos meses he leído y escuchado tanto de cómo va a ser todo a partir de ahora que necesito alejarme de las profecías. No, no puedo: ni leerlas ni emitirlas.

(pausa larga)

Semanas atrás asistí a mi primera representación en un teatro desde que, tras el estallido de la Pandemia, nos viéramos obligadas a dejar de hacer aquellas cosas que para nosotras eran cotidianas. Volver. Y hacerlo en un contexto tan peculiar: el Teatro Romano de Mérida (Badajoz, España) construido en el año 16/15 a.C., con una obra del siglo V a.C. que repensaba el papel del Poder y del Pueblo. “No sólo resisten las piedras” pensaba al finalizar la función.

Días después asistí a un proceso de creación en residencia online con unes intérpretes en riguroso directo. Su rabiosa presencia escénica… Pantalla mediante. Miles de kilómetros mediante. Y sin embargo, todos/as estábamos transitando ese mismo lugar/espacio/tiempo, latiendo en vivo.

(pausa)

No nos hagan elegir. No decretemos su futuro o su muerte. No sinteticemos su demonización o sus virtudes. Aceptemos que son las circunstancias dadas de nuestro presente. Habitemos la complejidad sin prejuicios. Hay otras cosas por las que luchar. Dejemos que la(s) forma(s) se exprese(n) y centrémonos en el fondo. 

Existe una situación de base que precariza mucho más a los cuerpos escénicos que una pantalla o una obra grabada en un teatro con las butacas vacías. Debemos trabajar por erradicar eso que Remedios Zafra llama “el pago con ojos”, esa necesidad de que la única lógica de mercado sea ser vistos/as y que el pago remunerado sea una utopía, sea siempre un “ya vendrá”. 

La necesidad de imaginar, de crear, es tan fundamental como lo es respirar. Respirar es vivir y no evadir la vida”. Eugène Ionesco, 1961.

Sigamos trabajando por erradicar la fragilidad de nuestra profesión, para que nuestros cuerpos puedan seguir creando (respirando) incluso bajo estas circunstancias pandémicas que, por el momento, llegaron para quedarse.

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