“Todos esos intervalos de tiempo en los que se manifiesta el impulso (…) hacen sentir la importancia del instante que estos procesos invocan, a veces provocan”

Louppe 

Contextos de formación y creación antes y después de la crisis del 2001. ¿Cómo devinimos bailarines en contextos previos a una gran crisis en 2001 y cómo fue que seguimos haciéndolo después? 

Durante encuentros de lo más informales con quienes han querido y podido revolver en su memoria anécdotas, en la lectura de libros y catálogos, de archivos de grupos y gestores culturales, hacedores y espectadores de Danza Contemporánea y también desde la propia experiencia que recuerda -sin rigor historiográfico-, este artículo propone dar un paseo primero a quien escribe para luego darlo a leer y tupir la trama. 

¿Cuáles fueron las acciones y espacios que impactaron en la dinámica de encuentros duraderos? Nos referiremos a aquellos que lograron condensar, reunir y luego desplazarse o extenderse en más grupos, docentes y creadores. Actualmente este entramado invisible por falta de archivo, sigue siendo parte constitutiva -con mayor o menor intensidad- del conjunto activo en torno a la danza y sus múltiples derivas en espacios y maneras de ponerse en relación con ella. Estamos pensando en quienes se interesaron artísticamente en la Danza Contemporánea en Córdoba en el período comprendido desde la recuperación de la democracia a principios de la década del ’80, considerando especialmente el impacto de crisis económica del 2001 hasta hoy. Insistir en recordar cómo en contextos de gestación y apertura de espacios inéditos para la formación de bailarines de danza contemporánea independientes, significa una posibilidad de analizar hoy la actividad en su diversidad sin desenmarcar ni asumir una cualidad originaria en cada producción y encuentro de danza contemporánea pues siempre ha habido que vincularse, disputar y agruparse para pensar cómo hacer para hacer danza en Córdoba. 

Nuestra curiosidad central no tiene por objetivo recuperar el registro de obras o coreógrafxs específicamente, que configuraría otro artículo y otro posible archivo, sino aquélla que revisa algunos modos de agrupar intereses en relación a la actividad de formación en danza contemporánea en un marco histórico. Quiénes somos, qué hacemos, por dónde circulamos y qué despierta el deseo de hacer danza contemporánea. Esto podría leerse para inspirar futuros archivos que hablen de nosotrxs, archivos que faltan.

La historia insiste en recordar apasionadamente

Este recorrido no estará vertebrado siguiendo una línea cronológica organizada de pasado a presente porque no pretende ser conclusivo ni comparativo para encontrar épocas doradas o descubrimientos luminosos. Necesitamos encontrarnos, dar sentido y revisar hechos históricos intensos o interesantes para poder re significar nuestra práctica en sus aspectos diversxs y singulares. Inventaremos algunos títulos curiosos en búsqueda de lectorxs cómplices, que puedan comprender la ironía sobre el contexto local y encontrar en los relatos o anécdotas que iremos recogiendo en las conversaciones con algunxs bailarines amigxs, datos que expliquen un poco más la singular relacional de la danza contemporánea en Córdoba. 

Un piso flotante o la alfombra mágica de Aladino

Algunas reflexiones sobre el espacio y la relación de éste con el cuerpo de quien baila, comprenden: trayectorias, diagramas, líneas, trazos, puntos, segmentos continuos e interrumpidos y espirales que pueden convertirse en el gran garabato que dibuja Cunnigham (1980) con ganas de objetivar movimientos a modo de escritura coreográfica para las obras Second Hand o Suite by Chance (p.102). Otras concepciones propondrán pensar el espacio como cualidad, el cuerpo en su materialidad móvil y su devenir, y como dice Viviana Fernández (2018) “(…) gravita tanto en la aparición de las cosas cuanto en su materialidad concreta, tanto en el que es como cosa física, cuanto en lo que nos parece que es.” (p.30)

El hecho es que existe una relación innegable entre el espacio y la ocupación de éste por un cuerpo presente. Y que para caminar, correr, saltar, desplomarse y recuperar o simplemente pisar, el bailarín ha necesitado siempre un suelo donde estar. El cuerpo está ahí y pisa y pesa. Si desconfiáramos de esto podríamos dejar que pase la luz del mediodía y observar que cada cuerpo proyecta su sombra con alguna variación de volumen tal vez. 

A finales del año 2007, La Agencia Córdoba Cultura desde la Subdirección de Artes Escénicas abrió el Área Danza Contemporánea, un espacio dedicado a promover, desarrollar espacios de difusión y participación pública, que será de gran estímulo para los hacedores y espectadores de danza contemporánea. Esta apertura permitió incrementar la participación anualmente en actividades, cursos, encuentros, residencias, programas de estímulo a la creación que ya crecían como el festival “Pulso Urbano” que, en articulación con la red de festivales “Ciudades que Danzan”, convocaba a la gran mayoría de lxs artistas vinculadxs a las artes escénicas, pero fundamentalmente a bailarines, coreógrafxs destacadxs, “jóvenes creadores”, cordobesxs, de otras provincias, e incluso nacionalidades que quisieran llevar sus intervenciones escénicas a los espacios urbanos. Era la primera vez y estábamos celebrándolo. Las gestiones florecientes en el ámbito oficial representaban para la provincia de Córdoba (aunque los mayores impactos se sientan siempre en las ciudades capitales), un reconocimiento simbólico y un material inédito a un sector artístico con vastísima actividad que, según testimonios, mencionan temporadas de gran actividad para la formación y la producción en danza independiente con algún que otro coqueteo con las gestiones oficiales pero que sin embargo no logran desprenderse de su carácter temporal. 

Acompañaba también a este reverdecimiento del conjunto y con gran repercusión, la apertura de espacios oficiales provinciales de formación específica para la danza contemporánea, que se forjaron y diseñaron con el trabajo de docentes y artistas locales, generando una primer estructura laboral docente y una perspectiva de profesionalización artística. Sobre estos dos espacios antes mencionados -la gestión cultural y la formación oficial- volveremos más adelante, pues es muy interesante el recorrido a lo largo de las tres últimas décadas democráticas y la recuperación económica post crisis del 2001. 

En el año 2014, el Área Danza Contemporánea bajo la Jefatura de Emilia Montagnoli inaugura el Salón de Usos para la danza Contemporánea (SUC) y lo pone “ … a disposición de grupos y elencos de danza contemporánea independientes para ser utilizado como lugar de ensayos. El salón de 300 metros cuadrados -ubicado frente al recientemente inaugurado Jardín de los Sentidos en el Parque de Las Tejas- fue dotado de un piso flotante de 19 metros de largo y 9 metros de ancho y cuenta con equipo de sonido”, así lo anuncia el portal de noticias del Gobierno de la Provincia de Córdoba (27/02/2014).

El desgaste y abandono de acciones políticas y de gestión cultural que tuvieran origen en la Agencia Córdoba Cultura en sincronía con el cambio de modelo económico nacional y su consecuente redistribución de presupuestos desde 2015, más una debilitada y ausente representación del Área Danza Contemporánea, trajeron en consecuencia que eventos importantes como el festival Pulso Urbano ya no se pudiera hacer cada año, e incluso que se interrumpiera completamente luego de la última edición en abril del 2017. Otra medida repentina y no consultada a la comunidad representada -pues la jefatura no se encontraba activa por licencias temporales- fue la de cerrar el SUC. La Subsecretaría de Artes Escénicas bajo la gestión de Graciela Ayame informa y efectiviza el cierre del SUC luego para ser “devuelto” al Área de Ciencia y Técnica a quien parece que pertenecía originalmente. 

Mucha sorpresa y mucha torpeza al mismo tiempo. En esta estruendosa confusión entre áreas, espacios y “dueños de”, mientras en asamblea auto convocada de bailarines para lograr conservar el salón, ganado como único espacio real, discutíamos a quién le correspondía intervenir y de qué modo, cómo poder reactivar una representación temporal de la jefatura del Área Danza que pudiera intervenir legítimamente para frenar esa película de cowboys que se había armado en cuestión de días. Tal como relata Cecilia Zoppi (2019), integrante de la compañía Altibajos Constante Movimiento:

“En 2015 creamos Para las Ramas (De un durazno) la primer parte de la saga Para las Ramas que se estrenó en la explanada del Centro Cultural Córdoba en el marco del IV Festival Pulso Urbano. En 2016 creamos allí la segunda parte, Para las ramas (Pliegue de un Durazno) y ensayamos Legua. En 2017 ensayamos y creamos Pliegue, la tercera parte de esa saga. Los dos primeros años daban de tres a cuatro meses para ensayar, después fue una lucha pero logramos más tiempo (…) En 2017 vinieron a llevarse los dispensers de agua mientras estábamos ahí (…) ensayábamos un miércoles y así nos enteramos que esa misma semana cerraba…”

A pillo, pillo y medio, en esa pelea despareja por donde la mirásemos, queríamos conservar el SUC, que se vuelva a poner ese piso flotante que más empezaba a parecerse a la alfombra de Aladino que se alejaba y se nos perdía de vista como un espejismo, mientras un par de ladinos “nos mandaban a guardar” el piso, eso sí: bien embalado para que por los años de los años no se deteriore. Hoy es un gran misterio donde está y cuál es su estado. Frotamos alguna lamparita mágica y nada, ni magia, ni humo, ni cuarenta ladrones. 

Mientras tanto en la Ciudad de Córdoba

Las gestiones municipales para el desarrollo de la danza contemporánea se demoraron unos años más en desperezarse para luego, con la función asumida por el director de teatro Marcelo Massa, poder encontrar espacios de estímulo y reconocimiento a la actividad en la ciudad. Massa cumple funciones públicas en la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Córdoba de 2011 a 2015 como Sub Director primero y luego como Director de Emprendimientos Creativos, área que tuvo a cargo -durante ese período- los elencos artísticos municipales, entre ellos el de Danza Teatro. Esto genera el primer antecedente de reconocimiento en el campo laboral formal en Danza Teatro o Danza Contemporánea con contrataciones concursadas. Nos interesa particularmente mencionar que este elenco tuvo origen en el Taller de Danza Teatro dirigido por Marola Farías desde el año 1996, cuyas actividades tuvieron lugar primero en el Centro Cultural Municipal Paseo de las Artes, hasta radicarse definitivamente en el Centro Cultural Municipal Manuel de Falla. La actividad consistía en formación en Danza Teatro de niveles iniciales y avanzados que funcionó como un semillero de bailarines que conformarían desde el año 2005 el elenco que contaría con la dirección de Marola Farías hasta el año 2012. Este elenco continuará con sus integrantes conformados en asamblea de manera incansable, discutiendo y diseñando el rol de su propia dirección junto al Director de Emprendimientos Creativos. Cuenta Belén Ghioldi (2019) que ese procedimiento “aún hoy es vigente y vital, el objetivo es crear fuerza común con roles autónomos, donde la base de acción sea decidida colectivamente”. Belén es integrante muy comprometida en este proceso de transformación junto a sus coleguxs y nos ofreció un relato donde manifiesta sobre todo el espíritu que envolvía estas acciones cuando dice “lo primero era atender para revitalizar la dinámica de vinculación, tanto entre les intérpretes y compañeres; como con la comunidad/espectadores, fundamentales para el sentido de existencia del elenco. Era necesario reavivar ese vínculo, generar nuevas obras y salir a la calle”.

Desde ese momento, no sólo la dirección encontró un rumbo más cercano a los deseos de lxs integrantes del elenco, ahora lxs directorxs o coreógrafxs presentan sus proyectos para ser elegidos para cada temporada y de manera transitoria. Este período de expansión y reconocimiento de los elencos revitaliza, como dice la Ghioldi “un lugar empático entre sus integrantes y el medio de producción de danza contemporánea independiente”. 

Algunos relatos bailados que se resolvieron simplemente con apagón a cuchilla. ¿Cuántas veces se repiten o se intentan las mismas cosas que nunca son las mismas? 

Dijimos que algunos encuentros tuvieron la densidad necesaria para durar en el tiempo lo suficiente para generar repercusiones y cambios que ya no tendrían vuelta atrás. Nos referimos a algunas propuestas de formación para bailarines de danza contemporánea. Como cada uno tuvo sus características particulares como espacio de formación e incentivo artístico que provocarían transformaciones futuras duraderas, hemos conversado con algunxs bailarines que tuvieron su experiencia y es desde este registro vivido desde donde escribiremos. 

A finales de la década del ’80, tuvo lugar en el área de extensión universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba (en adelante UNC) un proyecto llamado Ballet Universitario dirigido por Norma Raimondi que, desde un principio, trabajaría con niñas y adolescentes con el objetivo de conformar un semillero de bailarines en danza contemporánea que recién empezaba a tomar cuerpo, pero que tendría resonancia con la apertura de la materia Danza Contemporánea en el seminario de Danzas Clásicas del Teatro Libertador San Martín, durante la dirección de Emilia Montagnoli. Una vez más, por separado y al mismo tiempo, coexisten voluntades de enriquecer concepciones y prácticas de la danza a cargo de bailarinas docentes y coreógrafas que asumen la necesidad de apertura de espacios nuevos y convocantes. Este Ballet Universitario es entonces la primera escuela de danza contemporánea de la ciudad de Córdoba y terminará su recorrido en un impasse que la dirección tomó y que definió el cierre de este espacio como tal. De manera consecutiva el Área de Extensión Universitaria, que ya había renovado autoridades por el año 1992, ofreció el espacio a Sonia Gilli para que dirija el “Ballet Contemporáneo de la UNC”, espacio que duró sólo dos años hasta otro cierre total. En ambos años se abrieron audiciones a las que se presentaron e ingresaron artistas que luego -en su mayoría- transformaron esa experiencia en nuevas agrupaciones independientes de danza contemporánea tal como nos recuerda Silvia Vilta: las Alerta Roja (llamadas así en respuesta a ese cierre intempestivo), Andanzas, Danza Viva, La Resaca, El disparador, Los de al Lado. Es decir que para el año 1994 ya trabajaban estos grupos que serían, junto a la Pequeña Compañía de Danza Contemporánea, quienes definitivamente instalaron a la danza contemporánea en nuestra ciudad. De esto tampoco había vuelta atrás, seguirían surgiendo grupos como Medida x Medida Danza, Gristenia, Blick.

Querríamos detenernos un poco en otras propuestas que provocaron ya muy cercanamente a la crisis del 2001 espacios que pudieron contener la actividad antes y después. La pequeña Compañía de Danza Contemporánea que dirigía Emilia Montagoli en el Teatro San Martin proponía algunas novedades muy significativas, la improvisación en escena y el lenguaje de la Danza Teatro alemana. El grupo La Resaca había estrenado Guernica que propuso una manera de articular una dramaturgia interdisciplinar siguiendo la línea en desarrollo de la Danza Teatro en Córdoba. 

Definitivamente fue durante la década del ‘90 que se desarrolló intensamente esta actividad y al mismo tiempo impregnaron con estas tendencias espacios de formación artísticas, como el de Walter Cammertoni que luego continuara en 1999, M x M Danza, sala que dirigen Cheté Cavagliato y Santiago Pérez y que se convertirá en una escuela de formación en danza contemporánea independiente con mucha producción y enseñanza artística. Luego del explosivo 2001, el contexto económico cambió mucho, se recrudeció la pobreza económica general y en consecuencia, la desocupación expulsará del país a muchxs artistas, por lo que los proyectos necesitaron recuperarse para poder ofrecerse al menor costo posible, pues no se podía continuar de manera privada y masiva. Aún no existían las carreras estatales de Danza Contemporánea y Viviana Fernández volvería a insistir con la formación sistematizada y continua para el bailarín contemporáneo en pos de un desarrollo profesional y un consecuente campo laboral más estable de lo que se venía experimentando. Ella entendía que sin carreras públicas profesionalizantes no cambiaría el campo laboral para la danza contemporánea en Córdoba, por lo que desde 2001 llevó adelante, nuevamente en el Área de Extensión Universitaria, el proyecto que llamó Taller Coreográfico de la UNC, con estructura similar al de una formación profesional y que, en una nueva repetición por todxs conocida, canceló su actividad a finales del 2003 por gestiones del área. Pero esto, por insistencia, no resultó el último intento. 

Refuerzos oficiales para la crisis en lo independiente ¿o al revés?

La insistencia apasionada de bailarines, docentes y creadores que seguirían sosteniendo su actividad, no necesariamente de manera mancomunada, fueron igualmente fundamentales para un proceso que de una u otra manera tendría que suceder. Como cuenta Walter Cammertoni (2019): “Nos juntábamos igual todos los días, sin proyecto de obra en el garaje, a movernos, a estar ahí”. 

Arriesgamos a decir que tuvo que ver con el fogoneo antes vivido en los espacios de formación como el Ballet Universitario y el Ballet Contemporáneo de la UNC, que los grupos que antes nombrábamos en el período entre 1995 y 2003, cumplieron un rol fundamental de sostener hasta el agotamiento la producción de danza y la circulación de obras y en consecuencia también, un caudal de espectadores de danza numeroso. Y el público así lo recuerda, como relata Hernán Sevilla (2019), “la sala Medida x Medida arrancó con una obra de danza, Cartas para los días de lluvia dirigida por Walter Cammertoni se estrenó en el año 1999 e hizo 45 funciones consecutivas”. 

Los festivales independientes dedicados a la danza contemporánea en la ciudad de Córdoba más importantes que promovieron la actividad para grupos artísticos con alcances diferentes, según los apoyos conseguidos provinciales o nacionales, fueron durante diez ediciones anuales el festival de nuevas tendencias La Ménage (2003 – 2013) y actualmente el Festival Mo/Ver que continúa desde el año 2015 ofreciendo anualmente una propuesta con ejes que también involucran o comprenden la actividad de difusión, formación e intercambio como elementos profundamente entrelazados. 

El primero tuvo un impacto y alcance en el desarrollo de sus objetivos como los de difusión de la producción local y foránea, de formación y de integración a la producción profesional a bailarines creadores jóvenes, aquí nombrados como “nuevos creadores”, que encontraron un formato posibilitador para sus performances con una mirada crítica que lxs acompañaría como juradxs, para mencionarlos por orden de mérito luego de sus presentaciones. Se dictaron talleres para las actividades de capacitación con docentes locales y extranjeros y tuvo la particularidad de involucrar danzas urbanas por considerarlas una manifestación artística contemporánea que no se enmarcaba en las categorías de danza contemporánea o Danza Teatro pero que componía el amplio espectro de creadores en Córdoba.

El festival Mo/ver organizado desde el año 2009 por la compañía Blick, actualmente se redefine como “Festival de Artes Escénicas Contemporáneas”, consecuencia de los pensamientos y observaciones en el contexto de la actividad de danza contemporánea en relación a los cruces posibles que el mismo espacio genera. En su primera edición, este encuentro proponía una serie de work in progres con el objetivo de estimular la producción escénica local. Participaron en aumento bailarinxs y coreógrafxs locales que, luego de socializar sus procesos en actividades como conversatorios, seguirían su desarrollo de manera independiente hasta la creación de estas obras que podrían estrenar e impactar en la cartelera de la ciudad. Actualmente también integran las actividades funciones de obras invitadas de otras provincias y dentro de las posibilidades de financiamiento, obras internacionales. Hoy el festival no escapa a la crisis económica que desfinancia la actividad oficial e independiente provocando en el seno de Mo/Ver un pensamiento acerca de maneras posibles de asociación con salas y grupos, para poder realizar la programación y en este marco de producción, nos cuenta Adrián Andrada (2019) “poder seguir dando condiciones para intercambios y encuentros donde tanto lo afectivo como el saber y la producción en arte escénico, son ejes y contenidos vitales”. 

*

Hasta ahora revisamos que todas las agrupaciones o compañías cumplieron un rol importante en concentrar por un tiempo a un grupo de personas que al mismo tiempo que producían danza, se formaban técnica y artísticamente y funcionaron en una espacie de rol supletorio de escuelas formales de danza contemporánea y se enmarcaban en lo que siempre encontré irónico pero perfectamente graficado en palabras de Emilia Montagnoli, cuando decía “cada maestrillo con su librillo”. 

Sin embargo la crisis, como en todos los espacios del tejido social, distendió las fuerzas. Coreógrafas y coreógrafos mermaban la actividad, bailarines se tomaban un avión para audicionar en compañías en cualquier parte del mundo donde poder bailar esto. Nada novedoso, esta crisis aplastó la actividad económica y con ella cualquier posible política cultural incipiente. 

Pasaría un tiempo hasta poder reactivar estructuras o proyectos después del repliegue, pero irían por espacios con mayores probabilidades de continuidad. El respaldo de políticas del gobierno en el orden nacional que proponía recuperar espacios de formación profesional y acrecentar los presupuestos para Educación con un firme propósito inclusivo, sería el contexto posibilitado de la formación de espacios oficiales para la danza contemporánea en Córdoba. 

En el año 2005, abrió la primer cohorte de la Tecnicatura en Métodos Dancísticos -un nombre casi verborrágico- cuyo plan de estudios escribieron referentes locales de la actividad en danza, quienes también estuvieron a cargo de los espacios curriculares hasta organizar por completo el cuerpo docente. Dicha carrera recibirá muchxs estudiantes de toda la provincia que buscan -algunxs- la titulación para acreditar años de trayectoria y nuevos estudiantes que reciben, luego de la educación de nivel medio, la posibilidad de optar por una carrera en danza contemporánea. Vale la repetición aquí: esto tampoco tendría vuelta atrás. 

En el año 2014, la directora de la Escuela Roberto Arlt y de la Tecnicatura en Métodos Dancísticos, pone a cargo a Viviana Fernández de la coordinación docente para la modificación del plan del estudios que dicha carrera requería. Y es grato mencionar que esta decisión tuvo que ver, porque en el campo específico disciplinar fue quien continuó un desarrollo académico pionero. Ella se encontraba cursando un Doctorado de Artes en la UNC con la intención de desarrollar la investigación académica en danza que ya había diseñado para la apertura de la Licenciatura en Arte Escénico en la UnLaR. Este perfil potenciaría una posibilidad que antes no se había presentado y casi como sorpresa, al aprobarse la propuesta de plan de estudios, se inicia el proceso de transformación de la carrera de Tecnicatura a Licenciatura en Composición Coreográfica. Hasta aquí el recorrido de la creación de carreras de Licenciatura en relación a la danza contemporánea. 

Nuevos devenires danza (n)

El espectro de enfoques sobre el conocimiento del cuerpo y de diversidad de docentes posibilita percepciones y conceptualizaciones de contenidos transversales, la idea del maestro con su librito queda obsoleta. La relación con el saber se vuelve menos arbitraria y más horizontal. Con grandes dificultades aún hoy, la Licenciatura en Composición Coreográfica sigue siendo un proyecto posible donde poder desarrollar e incentivar la actividad tanto para docentes como para estudiantes. El campo de la danza contemporánea en Córdoba ha abierto sus límites disciplinares y de producción. La discusiones al interior del hacer danza se complejizaron y en lo que entendemos como una transición también, estos espacios no han parado de modificar el mapa y los recorridos de quienes hacen, se reúnen, inventan o toman modelos para poner a prueba y hacer de la danza un campo de investigación. Y eso es posible tanto en los espacios independientes como en los académicos. El avance en este territorio ha sido enorme y su repercusión entre artistas, docentes y estudiantes, ha cambiado nuestras relaciones con el saber y el hacer. Tal vez en pleno andar y descubrir, pero deseosamente. Son espacios en los que el saber puede ser potencia movilizadora de políticas. 

Grupos de bailarines o colectivos de creación en danza gestan e instalan nuevas formas de encontrarse con las posibilidades de hacer obras, cruzar experiencias, mirarse de un modo colectivo y más horizontal. Muchxs de ellxs toman contacto por primera vez en las clases de la Tecnicatura, por eso decimos de la importancia de estos espacios, que no implican la figura del maestro único sino que es una estructura más amplia y diversa de propuestas y la circulación de estudiantes y docentes permite una mayor autonomía y contención para la creación propia como modo de aprendizaje. Puede ser que esto requiera de algunos años para relevar y volver a analizar hipótesis, pero por ahora tenemos algunos datos como la cantidad de espacios o salas para la producción en danza aún careciendo de propuestas oficiales y la cantidad de grupos que de diversas maneras encuentran un modo de hacer prácticas menos homogéneas en danza: docentes en carreras académicas, coreógrafxs o docentes integradxs a sistemas previsionales, elencos oficiales, etc. 

La insistencia, como el deseo, toma nuevas formas, se vuelve a direccionar. Estamos asistiendo a un proceso de transformaciones en las maneras de ponernos en relación con el saber y aquí entonces radican las razones por las cuales son tan particulares las propuestas donde existe danza. Las preguntas sobre quién puede bailar y cómo o quién puede coreografiar, escapan a la posibilidad de ser respondidas bajo categorías sobre el virtuosismo o sobre jerarquías, hoy fuera de funcionamiento en los colectivos independientes. 

Podemos celebrar que nada que quiera existir en la actividad no puede hacerlo, lejos de restar modalidades de nuestro hacer, se han sumado nuevas. 

La insistencia apasionada insiste e insistirá porque es vital, festivo y alegre y desobediente. 

Bibliografía:

Cunnigham, Merce. El bailarín y la Danza. Conversaciones de Merce Cunnigham con Jaqueline Lesschaeve, Ed. Belfond, Francia, 1980.

Louppe, Laurence. La poética de la danza contemporánea, Ed. Universidad de Salamanca. pág. 144, España, 2011.

Fernández, Viviana. Cuerpo y escena contemporánea. La experiencia sensible y el vínculo con lo real en la práctica de la improvisación compositiva. Tesis Doctoral, Facultad de Artes, UNC, Argentina, 2018.

Zoppi, Cecilia; Massa, Marcelo; Ghioldi, Belén; Vilta, Silvia;  Cammertoni, Walter; Sevilla, Hernán; Andrada, Adrián. Entrevistas realizadas en la ciudad de Córdoba por la autora de este artículo entre marzo y junio del 2019.

Notas de diarios online: 

http://prensa.cba.gov.ar/informacion-general/parque-de-las-tejas-un-nuevo-espacio-para-la-danza-contemporanea/

https://vos.lavoz.com.ar/escena/polemica-por-una-sala-que-pasa-de-cultura-ciencia

https://vos.lavoz.com.ar/para-las-ramas-pliegue-de-un-durazno-1

https://vos.lavoz.com.ar/escena/menage-cumple-diez-anos

https://vos.lavoz.com.ar/escena/la-danza-contemporanea-rompe-el-molde-con-el-festival-move

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