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Querides lectores de la Revista Gestión Cultural,

Con el 2022 asomando nos toca hacer balances de lo que dejó el año. Por eso preparamos una nota especial con lo que se ha destacado en la agenda de las políticas culturales y la gestión cultural de la Argentina.

Este año buscamos ampliar las miradas federalmente y compartimos el desafío a colegas de todo el país para que armen sus propios listados con aquello que más los sorprendió. Participaron de este desafío: Bruno Maccari, del Observatorio Cultural (FCE-UBA) de Buenos Aires; Mariana Cerdeira, desde la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Comodoro Rivadavia; Federico Prieto, director de Formación y Diversidad Cultural de Entre Ríos; Paola Audisio, de la Universidad Nacional de Jujuy; Graciela «Negri» Peccorari, del Centro Cultural ATE Casa España de Santa Fe; Francisco «Corcho» Benítez, director del CECUAL de Resistencia; y Brenda Benavente, de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Queremos agradecer muy especialmente a todos ellos por haber dedicado un rato a compartir con todos nosotres sus reflexiones.

Para nuestro proyecto editorial ha sido un año de mucha actividad que nos ha vinculado con muchos colegas y amigos en proyectos que merecen unos párrafos.

Son 7 libros nuevos los que hemos editado este año. A comienzos de año, con la coordinación de Marcela A. Pais Andrade y Belén Igarzábal, editamos los dos tomos de De la Cultura al Feminismo. Del investigador chileno Tomás Peters editamos la versión local de Sociología(s) del arte y las políticas culturales, y de Guillermo Valdizán, Creacion heroica. Neoliberalismo, politicas culturales y estrategia comunitaria en el Perú del SXXI. Además festejamos los 20 años del Observatorio Cultural de la FCE-UBA con Observa cultura. Dimensiones y aportes de la investigación en gestión cultural, que estuvo coordinado por Bruno Maccari y Héctor Schagorodsky. Presentamos el cuarto libro de Tramas Urbanas: Cultura Independiente La Plata. Emergencias y divergencias en la ciudad imaginada, compilado por Rocío Bergé y Martín Zúccaro, y co-editamos, junto con el Ministerio de Cultura de la Nación y el Museo Nacional Terry de Tilcara, el libro Los patrimonios son políticos. Patrimonios y políticas culturales en clave de género, cuya coordinación estuvo a cargo de Juan Muñoz y Laura Elbirt (y que puede descargarse gratuitamente desde nuestra web, continuando nuestra política de acceso abierto).

También nuestra Revista Gestión Cultural ha sumado 22 nuevos artículos y dos nuevos especiales. A comienzos de año se publicó el dossier especial sobre Artes escénicas, música y covid en América Latina, que contó con la coordinación de Carlos Sidoni y Cecilia Salguero, quienes invitaron a diversos referentes a reflexionar sobre el sector músical y la pandemia. Nuestra directora de la colección SEA, Paula Brusca, coordinó los textos vinculados al sector de las artes escénicas. Hace pocas semanas cerramos el año con el segundo dossier: Aportes de la gestión cultural a las políticas culturales. A 15 años del I Congreso Argentino de Cultura, con la coordinación de Federico Escribal, León Repetur y Mariela Quirós. 

Entre las novedades tenemos que mencionar las dos experiencias de formación que realizamos durante el año. Junto con nuestros autores de artes escénicas llevamos adelante el Seminario Internacional Virtual en Producción y Gestión en Artes Escénicas “Escenarios Futuros”, coordinado por Paula Brusca y del que participaron más de 50 estudiantes de toda Latinoamérica. Nuestros autores/docentes fueron: Marisa de León y Silvia Peláez (México), Guillermo Heras (España), y Andrea Hanna, Raúl S. Algán y Héctor Schargorodsky (Argentina). También junto con los amigos de la editorial Tren en Movimiento, en el marco de la Feria Iberoamericana del Libro Chaco 2021, organizamos las “Capacitaciones de profesionalización para el sector editorial” a pedido del Departamento de Industrias Culturales del Instituto de Cultura del Chaco. 

En fin, fue un año bien intenso. Pero aca va lo que vinieron a buscar. Los aportes de nuestros invitados para pensar los sucesos más relevantes del 2021.

Nicolás Sticotti

  1. Quizás una de las noticias más importantes haya sido, vacunación mediante, la recuperación de la vida pública y social presencial después de las restricciones producidas por la pandemia, y sobre todo luego de un 2020 que obligó a cerrar puertas a gran parte de la escena cultural, generando una crisis sin precedentes para el sector y sus trabajadores. Y si bien la pandemia continúa, y continuará, hay en esta nueva etapa de convivencia con el virus la posibilidad de que muches trabajadores culturales puedan desarrollar sus proyectos. Ojalá, con los cuidados necesarios de por medio, podamos seguir retomando nuestros proyectos sin nuevas restricciones (lamentablemente, al cierre de esta nota, se anunció la suspensión de los eventos masivos en la provincia de Córdoba por la nueva ola de Covid).
  2. Sin dudas merece una mención especial la inversión pública del Estado Nacional en el sector. El presupuesto proyectado este año del Ministerio de Cultura (y organismos que de él dependen) fue de casi 23 mil millones de pesos. Es un monto inédito que hay que festejar, y no lo es solo en términos nominales ya que corresponde al 0,21% del presupuesto nacional. En 2015 fue del 0,19%, bajando a 0,16% en 2016 y 0,13% en 2018, llegando a caer a 0,10% en 2019 con la degradación del área a Secretaría de Cultura por parte de Juntos por el Cambio.
  3. Entre las políticas del sector público hay que referirse al programa Más Cultura lanzado por el Ministerio de Cultura de la Nación y la ANSES, que tuvo al secretario Maxi Uceda como gran articulador. Serán 5000 pesos semestrales destinados a consumos culturales de pibes y pibas de todo el país. Esta política es sin dudas un paso adelante para quienes pensamos que los derechos culturales son parte del camino para garantizar el desarrollo social.
  4. La institucionalización del sector es otro de los grandes hitos del año. Por un lado, la pandemia dejó de manifiesto la precariedad del sector y sus trabajadores, y creo que esa situación también ha logrado que gran parte de sus trabajadores, organizaciones civiles y empresas se hayan nucleado en redes desde las cuales dialogar, presionar y reclamar por su supervivencia. Por otro lado, desde el Estado se han entablado canales de diálogo con estos actores y han resultado gran cantidad de políticas que ayudan a consolidar el sector. Merece destacarse en estos procesos el regreso del Instituto de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, que estará dirigido por Florencia Saintout, a quien le deseamos una buena gestión. Este fue un reclamo de las redes a las que hacemos mención, y finalmente fue escuchado por las autoridades de la Provincia.
  5. Mi último destaque es para el anuncio del Congreso Argentino de Gestión Cultural que será organizado por la Red Argentina de Gestión Cultural y se realizará el año próximo en la Universidad Nacional de Avellaneda. El congreso convocará a profesionales de la #GestiónCultural para crear un espacio formal de encuentro y diálogo entre colegas, para avanzar en la resolución de las problemáticas que atraviesan el campo, intercambiando visiones, experiencias e ideas, y discutiendo los conceptos que sustentan las prácticas para ponerlos en juego en la confrontación y el debate con el objetivo central de seguir consolidando la profesionalización de la gestión cultural.

Bruno Maccari 

Cuando los amigos de RGC me invitaron a compartir los eventos más destacados del año en nuestro sector, comencé a preguntarme cómo hacer para indagar o analizar en forma de hitos un puñado de acciones que, en general, fueron pensadas como reacción, asistencia o contención ante el duro golpe que la pandemia asestó al ámbito cultural. Por ende, más que listar hechos aislados, opto por destacar aquí algunos ejes o dimensiones que, considero, se pusieron de relevancia a lo largo de 2021 y que, seguramente, van a orientar vías a futuro para recuperar, reactivar o fortalecer el campo de la gestión cultural a nivel sectorial, productivo y comunitario.

  1.  La virtualización de la educación artística y la formación en GC: en materia de educación artística y de formación en gestión cultural, la continuidad del proceso acelerado de virtualización de la oferta fue dando paso a espacios y propuestas especialmente concebidos para la esfera digital. Las condiciones de inmediatez y mayor autonomía a la hora de administrar los recorridos formativos incrementaron sustancialmente los niveles de accesibilidad y participación por parte de los diversos perfiles de estudiantes y participantes. Ello pudo advertirse en las carreras tradicionales vinculadas al sector (que incrementaron sus niveles de asistencia y rematriculación de estudiantes impedidos de asistir en forma presencial), en los procesos de virtualización de numerosas ofertas (con propuestas que combinaron encuentros sincrónicos y recursos asincrónicos) y en la creación de nuevos espacios y plataformas, tanto en la educación formal como informal, ya sea del campo de la gestión como de la formación en técnicas y lenguajes específicos. Dentro de este proceso, se han fortalecido plataformas públicas como Formar Cultura (con su menú ampliado de ciclos, recursos y trayectos autoguiados), la formación federal para gestorxs culturales públicos y la oferta de nuevas diplomaturas, impulsadas desde la Dirección Nacional de Formación Cultural en articulación con el Instituto Nacional del Teatro, la Universidad de las Artes o distintas universidades nacionales y regionales. También hemos visto surgir múltiples espacios de formación técnica o artística que, con mayor autonomía respecto a sus contextos institucionales de la prepandemia, han logrado sostenerse, consolidarse y, sobre todo, acceder a nuevas audiencias, tanto a nivel nacional como regional e internacional. En la medida en que las condiciones sanitarias lo permitan, resta evaluar el desarrollo de esquemas mixtos que vinculen la accesibilidad digital con el valor agregado de mayores contextos presenciales para recuperar los espacios colectivos de debate, intercambio y aplicación de conceptos, prácticas y herramientas.
  2. La persistencia de lo presencial: como contracara de ese proceso de virtualización, y sobre todo como espacio para la recuperación económica, social y comunitaria del campo cultural, cabe destacar la resistencia y/o recuperación paulatina de las experiencias en espacios, recintos, centros y demás infraestructuras culturales de nuestro país. Nos referimos no solo al proceso de reapertura de las salas y espacios de los diversos circuitos y sectores (a la par del gradual incremento de aforos y las dificultades de aplicación de normativas y protocolos para su funcionamiento parcial) sino, sobre todo, al desarrollo y/o persistencia de todo un universo de iniciativas presenciales y/o sincrónicas de pequeña escala: intervenciones, paseos, espectáculos, performances, propuestas en vía pública, experiencias en el espacio doméstico o el consumo personalizado, etc. Por mencionar solo algunas podemos citar propuestas del sector independiente como las de Proyecto Prisma (con Biblioteca sonora de las mujeres, compuesta de activaciones interpretadas en vivo y a través de llamados telefónicos por actrices argentinas), o experiencias culturales y urbanas como Ronda Cultural o el Festival de Caminatas Literario, que tomaron a la ciudad como espacio de intercambio para poner en común historias, relatos y demás saberes de nuestro patrimonio cultural. Se trata, en definitiva, de propuestas que lograron sostener y amplificar la potencia del suceso irrepetible del convivio artístico o del espacio cultural de lo público, sosteniendo la labor de numerosos creadores y gestores, pero también preservando ese carácter vivencial de los espacios y las experiencias culturales compartidas.
  3. Investigación y publicaciones especializadas: quizá en virtud de las temporalidades pandémicas, de la mayor vinculación mediática con colegas o de la imperiosa necesidad de repensarnos, como sector y como profesionales, acerca de los aspectos ideológicos, éticos, políticos y humanos de nuestra actividad, emergió a lo largo del año una valoración creciente por los procesos de investigación, análisis y reflexión sobre el estado de situación de nuestro campo y de las posibles vías de desarrollo a futuro. Además de los ya instalados encuentros, conversatorios, foros y presentaciones en modalidad virtual (que nos permitieron acceder —con facilidad y hasta con cierto agotamiento— a otras voces y perspectivas de análisis), se han incrementado los estudios, diagnósticos, proyectos de investigación, informes y publicaciones sectoriales que permitieron incrementar el conocimiento sobre aspectos puntuales de la actividad o abrir nuevos abordajes impulsados por el contexto de pandemia. Caben mencionarse estudios como los del Centro de Estudios Metropolitanos (Panorama de los espacios culturales independientes de CABA), Escena (Comunidades culturales), y los informes periódicos de programas públicos como el SINCA. En materia de publicaciones especializadas se han editado trabajos sobre abordajes específicos (De la cultura al feminismo, de M. País Andrade y B. Igarzábal), miradas integrales de la investigación (Observa Cultura. Dimensiones, aportes y desafíos de la investigación en GC, de B. Maccari y H. Schargorodsky), reflexiones sobre el diferencial de las políticas culturales regionales (Cultural Management and Policy in Latin America, compilado por F. Escribal y R. Henze), análisis y reflexiones sobre la propia labor de la formación en gestión cultural (Habitar la gestión cultural, compilado por D. Ríos), y registros y propuestas para repensar los procesos de participación cultural (Participación, cultura y educación, coordinado por M. Montalvo Ricci, R. Isler Duprat y M. L. Bina), entre otros trabajos que jerarquizaron el rol de la investigación en los procesos de desarrollo sectorial.
  4. Incentivo al acceso y el consumo cultural: esa apertura paulatina y creciente de las actividades presenciales demandó necesariamente una serie de estrategias y medidas que pudieran reactivar la actividad cultural, fomentando el retorno gradual de las audiencias y protegiendo a la par los puestos de trabajo y la recuperación productiva del sector. En este campo optamos por destacar dos iniciativas puntuales. Por un lado, la implementación del programa Más Cultura, una iniciativa del Ministerio de Cultura de la Nación, la ANSES y el Banco de la Nación Argentina, que destina recursos directos al segmento joven para poder asistir a propuestas de cine, teatro, música, espacios culturales, cursos y talleres, comprar libros, instrumentos y artesanías, y acceder a promociones específicas en comercios culturales. Y, por el otro, la habilitación del segmento de los consumos culturales como parte del Programa PreViaje, que mediante un acuerdo entre el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación, permite a los tenedores de crédito del programa orientar su crédito a un conjunto de rubros culturales, entre ellos entradas a espectáculos (cine, teatro, música), funciones de cine, compra de artesanías, acceso a museos y galerías, entre otros. Creemos que se trata de dos medidas trascendentes surgidas en 2021, dado que superan los primeros esquemas de asistencia surgidos durante la pandemia y plantean el diseño de nuevos mecanismos de políticas públicas de finalidad e impactos múltiples: accesibilidad y fomento del consumo cultural, mayor igualdad en el acceso a bienes y servicios, formación y desarrollo de nuevas audiencias, fomento a la diversidad de contenidos y propuestas, protección y creación de puestos de trabajo del sector cultural, y —en definitiva— una mayor reactivación y apuesta por la sostenibilidad del conjunto de la actividad cultural.
  5. Efemérides y aniversarios: finalmente, deseamos remarcar que el 2021 fue un año intensamente atravesado por una serie de efemérides y aniversarios que nos reconectaron con la potencia poética y transformadora de la cultura y ayudaron a sobrellevar un poco las pérdidas irreparables que también tuvimos (entre ellas, las de Juan Forn, Horacio González y José Pablo Feinmann). En el plano institucional, los 100 años del Teatro Cervantes pusieron de relieve su trayectoria histórica, sus aportes en materia de políticas escénicas y los desafíos de contar con un teatro nacional de alcance federal. Se cumplieron también 70 años del inicio de las transmisiones de la Televisión Pública, uno de los sucesos más trascendentes de nuestra historia audiovisual, y fue también el año del Bicentenario de la Universidad de Buenos Aires, una de las instituciones educativas más prestigiosas de Iberoamérica y un pilar central de la vinculación entre cultura y educación desde una perspectiva pública y gratuita, con pensamiento crítico, calidad académica, inclusión y progreso social. En materia de hitos sectoriales, en 2021 se cumplieron en Argentina 10 años del Programa Puntos de Cultura, iniciativa que ha impulsado cientos de proyectos colectivos, acompañando el trabajo de las organizaciones de cultura comunitaria y fortaleciendo las redes de cultura solidaria a lo largo de todo el país, y también 100 años de la Encuesta Nacional de Folklore, un relevamiento inédito de obras en poesía, prosa y música folklórica de las diversas regiones del país, impulsado en 1921 por el Consejo Nacional de Educación, y cuyo acervo de tradiciones y relatos se ha relanzado con la finalidad de pensar la contemporaneidad de la identidad cultural argentina. Para concluir, en materia de efemérides, se cumplió el primer aniversario de los fallecimientos de Fernando “Pino” Solanas y Diego Maradona, figuras que enlazan los campos de la cultura y del deporte desde una perspectiva de compromiso, militancia y soberanía nacional, y se celebró el centenario del nacimiento de Astor Piazzolla, con un amplio programa de conciertos, exposiciones y proyectos especiales en homenaje a uno de los músicos más trascendentes e innovadores del siglo XX. Afortunadamente, los respectivos cumpleaños de Charly García, León Gieco y Adolfo Pérez Esquivel oficiaron como auténticos aniversarios de la cultura nacional, y nos reconciliaron, en el tiempo suspensivo de la primavera sanitaria, con la sensibilidad, la poesía, la resistencia y el valor humano que nos define, diferencia y proyecta desde nuestro inconsciente cultural colectivo.

Mariana Cerdeira

Este 2021 podría ser pensado como año de transición del gran impacto social, económico, cultural y subjetivo que dejaron la pandemia y el aislamiento social, preventivo y obligatorio, pasando a un escenario que invita a nuevos cambios, adaptaciones, transformaciones e imaginarios posibles. En ese marco el territorio de lo cultural se reconfiguró. Podemos resaltar algunos hechos importantes como marcas del 2021.

  1. Continuidad de medidas de asistencia y de sostenimiento de espacios y hacedores/as culturales por parte del Estado Nacional a través de subsidios, becas y convocatorias de carácter universal, que buscaron dar continuidad a procesos de trabajo en territorios y trayectorias vitales en todo el país. Por ejemplo, Fondo Reactivar Escenas, Fondo Desarrollar, Más Cultura, Impulsar Cultura, Puntos de Cultura. Sumado a esto, hubo acciones sectoriales específicas de organismos descentralizados como INT e INAMU que lograron dar apoyo y acompañamiento al sector cultural como modo de sostenimiento e impulso de su actividad.
  2. Creación de espacios de formación. Durante 2021, con los recursos aprendidos en las diversas modalidades virtuales, se llevaron a cabo, bajo distintas formas de articulación institucional, diplomaturas y cursos de formación específicos para el espacio cultural que promovieron la formación y profesionalización del sector en disciplinas, enfoques y temáticas diversas. Por ejemplo, las diplomaturas llevadas a cabo por universidades de todas las regiones del país en articulación con el Ministerio de Cultura de la Nación, como la reciente Diplomatura en Gestión de Proyectos Culturales para el Desarrollo en Comunidad, articulada por el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (Río Negro) y la Dirección Nacional de Formación Cultural (MCN).
  3. La realización del Festival Nacional del Movimiento Argentino de Cultura Viva Comunitaria en Devoto, Córdoba, en noviembre de 2021. El encuentro tuvo una asamblea nacional y la presencia de representantes de la Cultura Viva Comunitaria de todo el país, y buscó visibilizar y fortalecer las experiencias culturales territoriales que contribuyen a la construcción de la democracia participativa con economía social. Un cierre de año que imagina nuevos mundos posibles y un 2022 donde la cultura viva comunitaria pueda fortalecerse a través de encuentros y redes en todo el país.
  4. Reapertura de espacios y eventos culturales bajo protocolos sanitarios, lo cual llevó a un esfuerzo grande en equipos de producción y de gestión de espacios para adecuar su funcionamiento a los nuevos requerimientos. De algún modo 2021 es el comienzo de una revinculación de los espacios y las expresiones culturales con sus públicos. En Chubut un ejemplo es la reapertura de salas teatrales, bibliotecas y espacios culturales y la realización de eventos masivos como la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia.
  5. Incorporación en distintos programas y acciones de gestión cultural pública de una mirada más transversal que tiene en cuenta diversidades, géneros, accesibilidad e infancias. Aunque no es el enfoque que predomina en los espacios institucionales, aún gobernados por “políticas de artes y objetos”, lentamente va ganando lugares en la agenda pública.

Federico Prieto

  1. Leyes Culturales Provinciales de Entre Ríos: en el año 2021 se sancionaron cinco leyes provinciales de raíz netamente cultural que acompañan los procesos que se vienen dando a nivel estatal y en diálogo con los sectores, las comunidades y el territorio. La Ley de Teatro Independiente (Ley 10.931), Ley de Fomento Audiovisual de Entre Ríos (Ley 10.937), Ley de Creación del Consejo Provincial de Cultura (Ley 10.928), Ley de Colectividades Entrerrianas (Ley 10.878), y Ley de Cultura Afro Entrerriana (Ley 10.884). Las dos primeras fomentan y profesionalizan tres sectores a través de la organización en órganos intersectoriales con representaciones regionales y fondos específicos para ser aplicados, promoviendo así la formalización de estos sectores para la generación de empleo y el desarrollo económico, y a su vez potenciando la producción simbólica creativa. La Ley de Consejo Provincial de Cultura promueve la creación de un espacio multisectorial para trabajar en políticas culturales integrales que contribuyan a la organización de un sistema cultural diverso con capacidad para jerarquizar y profesionalizar las áreas de cultura de los Gobiernos locales de la provincia. La Ley de Colectividades Entrerrianas otorga la categoría de patrimonio a las distintas cosmovisiones que habitan el sistema cultural entrerriano y eleva la capacidad de inembargabilidad de los inmuebles que son propiedad de cada una de las colectividades. La Ley de Cultura Afro Entrerriana reconoce la existencia histórica y actual de la cultura afro en nuestra vida cotidiana, no solo construyendo a lxs afrodescendientes como sujetos de derechos desde sus aspectos culturales sino potenciando la capacidad de ser incorporados en los programas educativos obligatorios de la Provincia de Entre Ríos. Desde la sanción de esta ley se conmemora el 21 de Mayo como el Día de la Afroentrerrianía.
  2. La Tribu y el Territorio: por primera vez en la Provincia de Entre Ríos el Estado promovió residencias artísticas. Se abrieron tres convocatorias para que artistas visuales apliquen y formen parte de las residencias en San José, Paraná y Victoria. Para cada una se seleccionaron ocho artistas que indagaron el territorio a partir de la matriz del agua (sobre todo de los ríos) y el diálogo de esta fuente con las comunidades, los procesos históricos y el desarrollo cultural. A su vez, en cada residencia un artista invitadx desarrolló instancias pedagógicas en formatos de clínica. En 2022 las producciones generadas en este marco se podrán ver en una muestra.
  3. Carta de los Derechos Culturales de San Luis Potosí (Mx) y de Niteroi (Br): el Reglamento Municipal de Cultura y Derechos Culturales de San Luis Potosí como también la Carta de los Derechos Culturales de Niterói (Carta de Direito Cultural) son instrumentos que ofrecen un marco para entender la cultura de forma amplia y a su vez permiten y garantizan el ejercicio libre de las prácticas, rasgos y costumbres de las distintas comunidades que habitan aquellos territorios. Ambos instrumentos, surgidos de un proceso participativo, plural y democrático, fueron posibles gracias a las articulaciones que permite la Red de Gobiernos Locales del Programa Ibercultura Viva.
  4. Programa Cultura Solidaria: el Ministerio de Cultura de la Nación lanzó en 2021 un programa de transferencia de recursos directo a lxs trabajadorxs del arte y la cultura nacional con el fin de sostener las propias actividades. Lo novedoso de este programa es que les dio a las personas beneficiarias la posibilidad de realizar una contraprestación solidaria en sus comunidades. Esto permitió que los distintos Estados (nacional, provincial y municipal) pudieran trabajar en conjunto con artistas y trabajadorxs de la cultura en propuestas territoriales concretas.
  5. Feria del Centro de Diseño: como un hito federal, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos organizaron por quinta vez consecutiva la Feria del Centro de Diseño, con fondos propios y apostando al desarrollo creativo de emprendimientos que se desarrollan en las tres provincias. Este espacio permitió la construcción de unidades de negocio que aportan valor agregado a las producciones creativas, y la activación de dinámicas que impactan en la potencialidad económica de la cultura, generando empleo genuino.

Paola Audisio

  1. Red Argentina de Gestión Cultural: durante el 2021 se consolidó la Red Argentina de Gestión Cultural a partir de una agenda compartida con acciones entre investigadores e integrantes de instituciones universitarias en un contexto federal.
  2. Partida de Martín Jesús Barbero: este año perdimos al que fue un referente en el campo de la comunicación social y la identidad cultural, uno de los grandes pensadores iberoamericanos.
  3. Museo Nacional Terry – Tilcara, Jujuy: en 2021 se destacó la labor desarrollada por el Museo Nacional Terry como espacio para la cultura y como un gran amplificador hacia toda la comunidad provincial, regional y nacional.
  4. Gestionar Futuro: el eje principal de este programa del Ministerio de Cultura de la Nación fue el apoyo económico para la reactivación de proyectos productivos, permitiendo el fortalecimiento del entramado cultural de todos los puntos del país. Se valora la convocatoria dirigida a gestores y gestoras de la cultura y su distribución federal entre las seis regiones.
  5. Diplomatura en Gestión de Proyectos Culturales Región NOA: se desarrolló la segunda cohorte de este espacio de formación en la Universidad Nacional de Jujuy, donde gestores y gestoras de la cultura de la región NOA trabajan con herramientas para la elaboración de proyectos culturales. La iniciativa es organizada junto al Ministerio de Cultura de la Nación y la Secretaría de Cultura de la Provincia de La Rioja.

Graciela «Negri» Pecorari 

El 2021 se convirtió en el año del reencuentro, de volver a coincidir, de volver a encontrarnos en espacios físicos famélicos de abrazos y miradas penetrantes. Fue un año de resignificar palabras, conceptos y relaciones vinculadas a la gestión cultural y su profesionalización. Esta bitácora semántica arbitraria, epocal y subjetiva permite describir los sucesos y procesos que marcaron estos 365 días en la gestión cultural, pretendiendo ser una radiografía del año a nivel personal. Por eso sugiero mirar el conjunto y lo colectivo de los procesos que se gestaron y no el medallero, que siempre tiene algo de azaroso.

  1. En septiembre lxs colegas de México festejaron los diez años del Foro de Economía y Cultura, un espacio académico de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) pensado para el encuentro, reflexión, e intercambio de conocimientos y experiencias que aborda los diversos tópicos de las intersecciones entre la economía y la cultura, coordinado por Marissa Reyes, directora del área de Difusión Cultural de la UACM. Desde su primera edición, la realización del foro pretendió sentar las bases para el impulso de nuevas líneas de investigación, prácticas y políticas públicas entre profesionales, estudiantes, académicos/as, funcionarios/as públicos, creativos/as, gestores/as culturales, emprendedores/as y directivos/as de diversas disciplinas y ámbitos de acción tanto de ese país como de América Latina e Iberoamérica.
  2. La gestión de un espacio e infraestructura cultural siempre es una invitación a la aventura. Sin embargo, en este siglo XXI, pocas son las mujeres que están en cargos directivos, como tan bien señalan Lluís Bonet y Héctor Schargorodsky en la presentación del libro La gestión de teatros: modelos y estrategias para equipamientos culturales (2016): “Nos hubiera gustado contar con más mujeres entre las directoras invitadas a participar en los debates, pero a semejanza de los que sucede en muchos ámbitos de la realidad organizacional, los responsables de la gran mayoría son hombres…». No obstante, en el mes de octubre, desde el Ministerio de Cultura de la Nación se pensó en Gladis Contreras, una gestora cultural y productora de la ciudad de Santa Fe, para el cargo de dirección del Teatro Nacional Cervantes. Y con ella y su visión federal de lo que representa ese espacio en la memoria colectiva, llegamos “todas” las que trabajamos y pensamos desde los territorios provinciales y municipales, tanto del ámbito público como privado, una gestión cultural con más mujeres en los escenarios y en los cargos de decisión e implementación de políticas culturales.
  3. A partir de la emergencia por la pandemia de Covid-19, el Centro Cultural ATE Casa España, del cual soy coordinadora ejecutiva y artística, cerró sus puertas y canceló la programación prevista para 2020. En este panorama se decidió adquirir el edificio en el que funciona el centro. Hoy Casa España —ex Cine Colón— forma parte del inventario y el patrimonio social de los afiliados y afiliadas del sindicato. El interés del patrimonio cultural ya no es monopolio de arquitectos, investigadores, instituciones, sino de comunidades culturales que apuntan a un uso del patrimonio socialmente construido.
  4. En un ciclo llamado #PuertodeIdeasEnVivo, bajo la premisa “Confinamientos culturales. ¿Para qué y para quiénes reabrir?”, el antropólogo y crítico cultural Néstor García Canclini manifestó que «hay hábitos de solidaridad que van a perdurar. La cultura no es sólo espectáculos, sino creación de sentidos y sostenimiento de ese sentido». Proponer una política cultural supone decisiones amplias, una definición clara respecto de las prioridades, una planificación rigurosa de los recursos, sobre todo en tiempos de pandemia y crisis económica, cuando un organismo estatal necesita hacer más con menos. Desde una perspectiva democrática se trata de garantizar derechos existentes, crear nuevos derechos y desmontar privilegios, definiendo a la cultura como derecho de los y las ciudadanos/as y como trabajo de creación. Durante 2021 se desarrollaron dos hechos concretos en Santa Fe que ilustran el concepto de ciudadanía cultural. El primero es la creación del Domo  Micaela, una experiencia interactiva y lúdica del Gobierno de Santa Fe a través del Ministerio de Igualdad, Género y Diversidad, con el objetivo de visibilizar situaciones de la vida cotidiana, de la convivencia y de las relaciones interpersonales para contribuir a la construcción de relaciones sanas y sociedades sin violencias, siempre en un marco de igualdad como política pública cultural. Este dispositivo giró por las ciudades más representativas del territorio provincial y lleva el nombre de Micaela García, la joven que en 2017 fue víctima de femicidio en la ciudad de Gualeguay, Entre Ríos, y que dio origen a la Ley Micaela, que dispone la capacitación en temas de género de los tres poderes del Estado en todas las jurisdicciones del país. En segunda instancia, desde la Municipalidad de la ciudad de Santa Fe, se gestó un plan de acciones de política cultural para celebrar los 100 años del nacimiento de Ariel Ramírez, compositor santafesino, creador de la Misa Criolla y de casi todo el cancionero de música popular argentina. Un año repleto de homenajes, programaciones, estrenos, eventos y acciones tendientes a reconocer la figura y obra de este trabajador de la cultura popular.

Recientemente la exministra de Cultura de la provincia, María de los Ángeles “Chiqui” González, preguntó en su Instagram “¿Qué hechos rescatarías de los años de pandemia, para resistirla y apreciar tu vida?”. Le respondí: “La empatía de y entre nosotrxs, el simbolismo del tiempo, el valor de los afectos, el calor de los abrazos reales, la importancia de la vacunación gratuita, el sentido de lo público. Y también, claro, el valor de la finitud…

Francisco “Corcho” Benítez

Toda gestión cultural que se precie de tal, debe estar atenta, al acecho diría, de las iniciativas culturales que suceden a su alrededor. Debe estar ahí para leer el valor de las mismas, los modos actuales y potenciales en que nos impactan, su posible genealogía, incluso las preguntas y metáforas que suscitan. Esa es la función de la gestión cultural y es también el recurso básico a la hora de pensar la producción cultural de una región. Al NEA, territorio que habito, suelo llamarlo “La región encendida”. Creo que, poco a poco, la región va adquiriendo mayor conciencia de su diversidad vital, que de un tiempo a esta parte ha logrado percibir más y mejor los entramados culturales de que está hecha, ha conseguido entablar una mirada crítica sobre sí, una distancia ideal para el hecho cultural. Por eso resulta fundamental que la gestión cultural se apoye en un pensar situado, que pueda abordar las iniciativas culturales desde su vinculación directa con las comunidades. En este texto se presenta el desafío de dar cuenta de “La región encendida” a partir de unos pocos ejemplos, de unos pocos casos de iniciativas culturales, algo que indefectiblemente resultará ingrato y hasta odioso, dado todo lo que debemos dejar afuera.

  1.  Segundo Congreso Nacional de Agroecología: encuentro organizado por la Provincia del Chaco en formato virtual. Un ejemplo luminoso de cómo abordar la cuestión de la producción de alimentos desde una mirada y paradigma cultural, de cómo discutir modelos productivos en el marco de los movimientos culturales comunitarios. Entonces se discute todo. O mejor, en la discusión todo pareciera estar incluido. Formación, búsqueda de institucionalidad, canales de comercialización y construcción de saberes colectivos, pujas y disputas políticas, iniciativas legislativas, arquitecturas de participación, paridad y diálogo entre los diversos ámbitos del saber.
  2. Festival de Cine Guácaras: este festival de cine regional se lleva a cabo en Santa Ana de los Guácaras, un pintoresco y entrañable pueblo de la provincia de Corrientes. Va por su décima edición y se ha consolidado en un referente indiscutido en la región. Combina la peña audiovisual, el cine en comunidad y el diálogo con las industrias culturales. Al recibir visitantes de todas las provincias, el festival parece despertar un espíritu itinerante que va de la mano con la idea del cine en las calles, el cine en el pueblo. Son seleccionados trabajos realizados en el ámbito de las universidades de la región y también producciones de cineastas de mayor trayectoria. El festival ha incorporado también la distribución de cine regional.
  3. La Mandinga: la historia es sencilla: una murga uruguaya visita Formosa y dispara uno de los procesos culturales independientes más singulares de los últimos años en la provincia. Nace el colectivo cultural La Mandinga. Primero fue un grupo de murga estilo uruguayo, y luego devino colectivo multidisciplinar de amplia referencia social, que ha logrado una organización sólida con una gran capacidad para generar vínculos y redes comunitarias. Recientemente inauguró un hermoso espacio cultural. La Mandinga es un ejemplo de proyecto cultural comunitario sustentable a fuerza de talleres —diversos hasta más no poder—, producciones propias, espectáculos, y, sobre todo, la convicción de que sin construcción y disputa política desde lo cultural, no hay proyecto que crezca, no hay proyecto que se banque.
  4. Festival Ancestral y Contemporáneo: no hay otro festival igual en el país. Multidisciplinar pero en clave intercultural. Se realiza hace cinco años en la provincia del Chaco organizado por el Departamento de Industrias Culturales del Instituto de Cultura del Chaco. El posicionamiento es claro: lo contemporáneo que abreva en lo ancestral y lo ancestral como siempre contemporáneo. El festival está inscripto en una categoría que me interesa en particular, la de los festivales denominados de curaduría —como diría Víctor Vich—, es decir acontecimientos que plantean preguntas, en los que la organización del evento, el cómo de la gestión cultural, es tan importante como los contenidos y las propuestas. Pueblos originarios, actores independientes y organismos públicos dan forma al festival, que se plantea como un desafío de interculturalidad, que no escapa a las tensiones ni a las posibilidades. Artesanía y diseño, juegos ancestrales en diálogo con videojuegos en busca de mitos y leyendas que los inspiren, cruces entre músicas originarias y tecnología, ciencia y cosmovisión, hacen de la experiencia del festival un espacio de celebración.
  5. Gestionar Futuro: último agregado de una política nacional impulsada por el Ministerio de Cultura de la Nación. Las políticas de convocatorias son herramientas absolutamente necesarias para la gestión cultural pública porque intentan garantizar transparencia, posibilidad de participación y cierta vocación federal. Entonces uno se pregunta cuál es el margen de posicionamiento político frente a una herramienta como esta para que no se trasforme en meramente administrativa y de cumplimiento de demandas sino que sea capaz de disparar procesos trasformadores. En esa clave se encuentra Gestionar Futuro, una pequeña convocatoria que implementó el ministerio para asistir y socorrer a los sectores culturales ampliamente castigados por la pandemia. Su virtud principal es la de promover y acompañar proyectos culturales independientes asociados a organismos públicos, lo que nos habla de dos cosas. Por un lado, la comprensión del vínculo Estado-sociedad como virtuoso y democrático, y por otro, la búsqueda de mayor incidencia y sostenibilidad en el tiempo de los proyectos.

Brenda Benavente 

Si tuviésemos que ponerle un título al año 2021 podría ser “Hacia el fin de la pandemia”. En esa premisa se enmarca probablemente la organización de nuestras vidas en este tiempo. Dentro del sector cultural, específicamente refriéndonos a la gestión cultural, se desprenden dos áreas que ocuparon/ocupan un protagonismo en la escena cotidiana de la sociedad, entiendo a nivel mundial. La primera es la precarización laboral que abunda casi en la totalidad de les trabajadores de las culturas. Si nos abocamos exclusivamente al mundo artístico la situación empeora aún más. La segunda es la salida de la pandemia, donde se visualizó la relevancia que tiene en nosotres el participar y disfrutar de servicios, bienes y patrimonios culturales. Tal preponderancia, si logramos organizar nuestras comunidades en pos de un objetivo que permita el desarrollo de los proyectos individuales y colectivos, nos puede abrir la puerta al saldo positivo de este lapso de oscuridad.

En Argentina, la necesidad de frenar gran parte de las actividades económicas develó que el trabajo precarizado estaba lejos de ser exclusivo del sector cultural. Hubo once millones de personas inscriptas en el Ingreso Familiar de Emergencia, de las cuales el Estado determinó que dos millones compartían hogar. Más allá de ello somos les trabajadores de las culturas en general, pero en especial quienes habitamos la profesión de la gestión cultural, les que debemos encontrar los caminos para establecer algún programa que vaya encontrando las formas de registrar la tarea diaria de cada persona que percibe ingresos económicos en base a actividades culturales, ya que podemos aportar una mirada amplia del sector. Es una tarea urgente, no solo por lo pragmático de contar con los derechos de estar incluido en un sistema regulatorio con aportes previsionales, obra social, seguro, etc., sino también por el contenido simbólico. Con el tiempo hemos logrado instalar desde lo discursivo que somos trabajadores: artistas, docentes, gestores culturales y quienes realizan tareas vinculadas a lo cultural. Hay que saltar del discurso para que sea una realidad efectiva, necesitamos estar registrades.

La pandemia puso de manifiesto también una cuestión emocional y espiritual. Nos encontramos con todo. Nos encontramos con nuestras propias historias, las personales, las de las familias, la colectiva, las heridas que arrastran nuestras comunidades, los logros también, todo lo que hay que poner en palabras y sanar. Es motivo de otro apartado la carencia de programas y espacios de salud mental en general, pero la cantidad de jóvenes que manifiestan la necesidad de una atención especial en este tiempo nos deja una deuda urgente con el fortalecimiento del trabajo en salud mental y con el acompañamiento del Estado para el desarrollo de proyectos de vida.

La salida del Covid-19 tiene dos pilares. Por un lado la vacunación, la más grande de nuestra historia, y por otro, la reconstrucción de nuestras comunidades. Muchos sentimos la necesidad de toparnos con el arte, de vivirlo desde adentro y como espectadores. Esta lectura es la que alimenta la gran cantidad de programas que el Estado puso en marcha, siendo la estrella, por su visibilidad y federalismo, los festivales que solventó el Ministerio de Cultura de la Nación enmarcados en el programa Argentina Florece.

Hay mucho por hacer, siempre, pero en los momentos de crisis, de replantearnos nuestras vidas, existen también muchas oportunidades. Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza y ese lazo que nos une está enmarcado en nuestras prácticas culturales. La pandemia nos dejó esa puerta abierta, la de demostrar que somos les trabajadores de la cultura quienes estamos en condiciones de construir los cimientos de una sociedad más justa, más empática y más humana.

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